El sueño del arte en casa

La proyección nacional de varios artistas tucumanos lleva a mirar hacia adentro, donde también son reconocidos y venden sus obras.

“HOMENAJE AL SANGUCHE DE MILANESA”. La obra de Sandro Pereira.
“HOMENAJE AL SANGUCHE DE MILANESA”. La obra de Sandro Pereira.
17 Junio 2007
Seguramente no hay en Tucumán un mercado de arte propiamente dicho. Pero que las obras de arte se venden y se compran, eso es seguro también, como que se advierte, cada vez más, mayor interés y transacciones.
En un primer nivel, podría decirse, los mismos artistas se compran sus obras entre ellos, o sus familiares y amigos. Pero hay otro, donde intervienen personas ajenas a ese circuito personal y que están dispuestas a pagar sumas muy diversas para adquirir lo que les gusta; porque, debe anticiparse, quienes compran lo hacen, generalmente, por placer, por gusto y no por inversión (precisamente por ello no hay mercado de arte).
Aunque sean poco propensos a hablar con la prensa (por razones de seguridad u otras), se conoce el nombre de varios de ellos, y no son poco importantes: basta con decir que en un piso ubicado en calle San Martín hay una pintura de Rufino Tamayo (uno de los grandes artistas mexicanos, con cotización internacional) expuesta en una oficina, y en un departamento ubicado en el centro está colgada una obra de Antonio Seguí, valuada en U$S 60.000.
En Estados Unidos y en Europa, y en una ínfima parte en Buenos Aires, para quien desea una pintura o una fotografía existe primero el asesor; hay empresas que efectivamente indican qué y cómo comprar, y se limitan a ese papel; y luego están los galeristas, piezas imprescindibles que median entre los artistas y sus consumidores: son los que interesan a sus clientes preparando muestras de sus artistas, llevándolos a las ferias, o a través de opíparos vernissages; son decisivos intermediarios, porque también pueden, lo que se dice en la jerga, cajonear una obra.
El mercado de arte opera como una inmensa estructura integrada por diferentes partes, en la que no falta tampoco la figura del que hace el contacto: si hay venta, todos ganan y felices. En el código internacional -no escrito, por supuesto- se establece que la galería se queda con el 50% del valor de la obra, y el que contacte al artista con la galería, generalmente, con un porcentaje que va del 3% al 5%. También ha cobrado importancia en los últimos tiempos el "dealer", que es el tiene sus propios clientes y los lleva con el artista.
Cuando se le pregunta sobre este mecanismo al tucumano Sandro Pereira (favorito en Buenos Aires), responde: "trabajo con una galería porque así lo hace un artista profesional", y añade que nunca preguntó por qué compran sus esculturas: "creo que es porque les gusta", se limita a decir. Pereira creó, entre otras obras, el "Homenaje al sanguche de milanesa", que se vendió a u$s 10.000, y hoy está en una colección privada.
Pero esa es una realidad bastante alejada de estas tierras, donde únicamente existe una galería de arte como tal, "AC, espacio de arte. Galería de arte contemporáneo", que tiene su propia oferta en su página web con casi 40 artistas; en rigor de verdad, en la inmensa mayoría de las transacciones participan directamente los artistas. ¿Cómo y dónde venden?
"Comúnmente soy yo la que vendo. Casi siempre me he movido sola. Una galería te saca el 30%, y no es que estoy en contra del galerista, sino porque para mí, así se fueron dando las cosas. En Buenos Aires, por ejemplo, organizo una especie de minisubasta y ahí vendo; o ahora, con las exposiciones que tengo en el Centro Cultural Rougés y otra en Jujuy", relata la artista Blanca Machuca. "Vendo personalmente en mi taller, pero también a través de galeristas locales. Los precios de mis trabajos son, finalmente, los mismos con o sin intermediarios", resume Rubén Kempa. Víctor Quiroga directamente vende en Buenos Aires, y señala, quejándose, que "aquí, en Tucumán, parece que los bolsillos tienen cocodrillos; no hay mercado para mi obra".