16 Junio 2007 Seguir en 
BAGDAD.- El secretario estadounidense de Defensa, Robert Gates, llegó ayer por sorpresa a Irak, justo cuando se producía un atentado contra un mausoleo sunnita en Basora, en medio de una espiral de violencia entre chiítas y sunnitas. El hecho ocurrió en la ciudad sureña de Basora, tres días después del atentado contra el mausoleo chiíta de Samarra (norte), atribuido a la red local de Al Qaeda. El gobierno iraquí impuso el toque de queda por tiempo indefinido en Basora, la segunda ciudad más importante del país, como ya lo hizo en Bagdad y en Samarra.
Gates, que ha venido presionando al gobierno para que avance en el proceso de reconciliación nacional, endureció esta vez su discurso. “Estamos decepcionados por los pocos avances hechos hasta ahora”, declaró. No obstante, subrayó que el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, chiíta, enfrenta enormes obstáculos y que merecía el constante apoyo de Washington.
Por otra parte, el Ejército completó un nuevo aumento de las tropas de 160.000 soldados con el envío de 30.000 efectivos más a Irak, que se ocuparán principalmente de reforzar la seguridad en Bagdad. La medida ha sido costosa para los soldados estadounidenses. Mayo fue, con 130 bajas, el tercer mes más fatal para las tropas de EEUU desde el inicio de la invasión, en 2003. Otros cinco soldados murieron ayer, lo que elevó la cifra oficial de bajas a 50 en lo que va del mes y a 3.520 el número total de muertos en cuatro años.
La ley petrolera
Gates es el tercer alto funcionario estadounidense que visita Irak esta semana. Ya lo hicieron el comandante para Oriente Medio, almirante William Fallon, y el subsecretario de Estado, John Negroponte. Otro interés de Washington es la aprobación en el Parlamento iraquí de leyes que permitan una nueva distribución de los recursos provenientes del petróleo.
Enfrentamientos entre soldados y rebeldes, violencia étnica y drama humanitario componen el mapa actual de Irak. Los iraquíes que huyen de la violencia se refugian en campamentos temporales atroces en las afueras de ciudades como Nayaf, denunció la ONU. (AFP-NA-Reuter)
Gates, que ha venido presionando al gobierno para que avance en el proceso de reconciliación nacional, endureció esta vez su discurso. “Estamos decepcionados por los pocos avances hechos hasta ahora”, declaró. No obstante, subrayó que el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, chiíta, enfrenta enormes obstáculos y que merecía el constante apoyo de Washington.
Por otra parte, el Ejército completó un nuevo aumento de las tropas de 160.000 soldados con el envío de 30.000 efectivos más a Irak, que se ocuparán principalmente de reforzar la seguridad en Bagdad. La medida ha sido costosa para los soldados estadounidenses. Mayo fue, con 130 bajas, el tercer mes más fatal para las tropas de EEUU desde el inicio de la invasión, en 2003. Otros cinco soldados murieron ayer, lo que elevó la cifra oficial de bajas a 50 en lo que va del mes y a 3.520 el número total de muertos en cuatro años.
La ley petrolera
Gates es el tercer alto funcionario estadounidense que visita Irak esta semana. Ya lo hicieron el comandante para Oriente Medio, almirante William Fallon, y el subsecretario de Estado, John Negroponte. Otro interés de Washington es la aprobación en el Parlamento iraquí de leyes que permitan una nueva distribución de los recursos provenientes del petróleo.
Enfrentamientos entre soldados y rebeldes, violencia étnica y drama humanitario componen el mapa actual de Irak. Los iraquíes que huyen de la violencia se refugian en campamentos temporales atroces en las afueras de ciudades como Nayaf, denunció la ONU. (AFP-NA-Reuter)







