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Una paradoja es “una afirmación o situación que parece contradecir la lógica o el sentido común” -dice la RAE- y una de sus características principales es, justamente, que dos ideas o hechos parecen chocar entre sí de manera ilógica. Y en tiempos electorales las contradicciones afloran con tanta asiduidad como gritos de gol se repiten en el Mundial.
Parece un juego de palabras, pero los que están juntos quieren estar separados y los que están separados quieren estar juntos. También están los que parecen dos barras paralelas de titanio que no se juntarán sin importar cuánta presión se aplique para conseguirlo.
Las últimas semanas pasaron cosas. El “manual Jaldo” funcionó a la perfección para que Rossana Chahla y Miguel Acevedo no se le escapen al gobernador. El jefe de Estado tucumano entiende que el poder no se comparte, se administra con fusta corta. El “manual” no tiene misterios pero es letal en su ejecución: consiste en aplicar “correctivos” en público para luego acordar en privado. A la intendenta de la capital, quien perfiló y consiguió un vuelo autónomo sostenido en su gestión vecinal, el jaldismo le recortó los márgenes de maniobra con golpes indirectos y críticas a la gestión, para luego consagrarla como clave en la elección que se avecina.
Con Acevedo, la dosis del manual fue idéntica pero aplicada a la política pura: desairó o dejó en offside varias veces al vicegobernador. La última vez fue con el apartamiento de Ana Escobedo, colaboradora del vice desde hace años, del cargo de apoderada del PJ sin siquiera una charla previa entre los integrantes de la dupla gobernante. Tras las múltiples suspicacias, Jaldo confirmó que Acevedo será su compañero de fórmula.
Si de contradicciones se trata, se pueden sumar dos colaterales: en el acto en El Cadillal, el gobernador dijo que ya no basta con militar, caminar el territorio y llegar a cada rincón de la provincia. Pidió explícitamente que la militancia también se dé en las redes sociales, el bastión donde La Libertad Avanza se siente cómoda para atacar al oficialismo. Vaya paradoja cuando hasta hace poco se cuestionaba a la intendenta de San Miguel de Tucumán desde el jaldismo por su perfil de influencer. “Menos TikTok y más territorio”, le recriminaba el jaldismo. ¿Será que ahora le pedirán lo contrario? Otro detalle: distintas consultoras que relevan el nivel de imagen de los políticos tucumanos ubican al trío Jaldo-Chahla-Acevedo con los mejores números entre los dirigentes del oficialismo. De hecho, una que se conoció este lunes, de CB Global Data, ubica a la intendenta un punto por encima del gobernador en cuanto a sus respectivas gestiones como jefa municipal y mandatario provincial. En el ranking interprovincial de gobernadores e intendentes que elabora la misma consultora, Jaldo se ubica en tercer puesto a nivel nacional y Chahla sexta. Como sea, los tres se necesitan más allá de que quieran o no estar juntos. O separados.
Otra paradoja es la que se enfrenta a nivel nacional. La misma encuesta de CB Global Data (otras marcan números similares, con uno y otro en el primer puesto por poco margen) da cuenta de que Axel Kicillof supera en imagen positiva a Javier Milei en Tucumán: 38% para el Presidente y 39,1% para el gobernador. Más allá de la minucia sobre los números de las encuestadoras, el crecimiento del bonaerense en nuestra provincia y a nivel nacional es innegable, de la mano del desencanto de un sector social con la administración libertaria. La contradicción, tras revisar estos números, es que un sector -minoritario- del peronismo comarcano se aleja del jaldismo justamente por su cercanía con Milei y por su neutralidad suiza, buscando sumarse de forma independiente a un proyecto nacional. En el oficialismo confían en que habrá acuerdo, pero la pérdida por goteo de esos votos podría herir en las provinciales. Ni hablar en las nacionales, pero ese es otro tema…
A ritmo parejo
En la vereda de enfrente, la oposición comenzó a mover las cachas al ritmo de la música electoral. La Libertad Avanza viene activa hace meses, con lo que parece ser un planificado cronograma mediático-territorial. En las redes sociales, los libertarios machacan sobre cuestiones del manejo del Estado y sus recursos con Lisandro Catalán a la cabeza, sus diputados y algunos aliados de CREO como estandartes. De ahí la salvedad de Jaldo, en El Cadillal, de que en paralelo “se milite” en las redes. El presidente del partido multiplicó las reuniones con dirigentes y los actos públicos. Las encuestas tanto de los libertarios como del oficialismo reconocen que se polarizó, hasta aquí, la preferencia de los tucumanos entre ambos sectores políticos. De ahí la creciente tensión entre ellos: unos ve oportunidades y otros amenazas. Aquí también asoman paradojas. Los libertarios vienen repitiendo un mantra que reza que irán a competir a las urnas “con los propios” y que quieren diferenciarse de “la casta”. Más allá de que es una estrategia válida, que llevó por ejemplo a Milei al poder, también es cierto que ese esquema tan estricto limitaba alianzas necesarias para ganar las elecciones en un territorio que presenta cada disputa electoral como si fuera la final entre Argentina y Francia. En Tucumán nada sobra y todo suma para ganar, aunque sea por penales.
Al parecer, LLA tucumana aceptó ingresar a una contradicción respecto de esa idea. Reincorporó a José Macome y mantuvo conversaciones, entre otros dirigentes de diversos partidos, con Agustín Romano Norri y con Walter Berarducci. Hasta aquí sólo charlas, pero que a algunos le hicieron ruido, en especial a otros heridos que se fueron molestos por supuestos destratos y otros que fueron “despedidos” por el propio partido libertario.
En este punto, los libertarios podrían contar con una ventaja competitiva para sumar dirigentes “sueltos”: si persisten con su idea de llevar listas únicas, sin acoples, varios tendrán más chances de ingresar, por ejemplo, a la Legislatura, subidos a esa nómina que solos. La contracara de esa decisión libertaria es que cae la suma de votos para el puesto máximo en el Poder Ejecutivo. Los datos muestran que siempre se cumplió la regla de que a mayor cantidad de acoples, mayor cantidad de sufragios para el rubro gobernador.
Sin rumbo
En cuanto a los radicales, la palabra paradoja ya les queda corta. Mientras gobernadores y líderes de la “vieja guardia” intentan rearmar el partido y reflotar Juntos por el Cambio, una parte importante de los que nacieron, se cobijaron y se desarrollaron en la UCR horadan el partido. Tras la intervención y los planteos judiciales, ahora se convocó para normalizar el partido el 20 de septiembre. Las divisiones y las escisiones -como la del sector que lidera Mariano Campero- sitúan al centenario partido ante la chance de que, otra vez, no aparezca con sello propio en las urnas. Romano Norri habla con los libertarios y buscará presidir el partido. ¿Irá con la idea de los “históricos” a nivel nacional o con la de otros líderes territoriales del radicalismo que en las provincias fueron unidos a los libertarios? Roberto Sánchez, que mantiene una imagen positiva elevada, se mueve en los márgenes de la disputa, pese a que intentan seducirlo para que acompañe a otros partidos. ¿Qué harán los que “quedan”? Por el momento prima el silencio interno.
Respecto de Campero, el diputado juega la suya con Cambia Tucumán. También entra en contradicciones: apuntala su partido provincial, recorre la provincia, suma dirigentes y busca consolidar una identidad de su espacio político, pero al mismo tiempo, en lo nacional, se mantiene en el bloque libertario en Diputados, mientras que ese partido, aquí, le disputa su nave insignia (Yerba Buena) y pesca en la misma pecera. ¿Cómo conciliará ambas cosas?










