29 Mayo 2007 Seguir en 
TOKIO.- El ministro de Agricultura japonés, Toshikatsu Matsuoka, se suicidó ayer, horas antes de una sesión parlamentaria en la que debía dar explicaciones en un caso de corrupción que lo implicaba directamente. Matsuoka, de 62 años, fue hallado colgado de una soga poco después del mediodía, en la residencia destinada para él en el Parlamento. En gravísimo estado fue llevado a un hospital, donde murió poco después.
Matsuoka era un experto en agricultura y fue nombrado ministro en septiembre de 2006. El escándalo estalló luego de que la prensa dio a conocer que había cobrado varios millones de yenes de manos de un grupo de empresas de construcción, a cambio de favorecer al grupo en la obtención de licitaciones de obras públicas. Además, se lo acusaba de haber declarado gastos exorbitantes para el funcionamiento de su oficina. La oposición y miembros de su propia formación, el Partido Liberal Demócrata (PLD, derecha en el poder), habían pedido su dimisión.
El primer suicidio de un ministro en el Japón de la posguerra se produce en vísperas de elecciones a la Cámara Alta, previstas para julio. Según observadores, el ministro se mató para evitar daños mayores a sus superiores, al estilo samurai. Si el caso se hubiera extendido hasta los comicios, la presión sobre el primer ministro, Shinzo Abe, que apoyó a Matsuoka hasta último minuto, habría sido insoportable.
Golpe a golpe
No es el primer escándalo que sacude a Abe. A principios de año dimitieron dos miembros de su gobierno en tan sólo una semana: su asesor principal sobre política fiscal, tras conocerse que había empleado viviendas subvencionadas por el Estado para su uso propio y el de una amante; y después, el ministro de Reformas Administrativas, acusado de malversación de fondos públicos para financiar su partido. Ambos habían sido seleccionados a dedo por Abe. Según sus críticos, colocó en puestos clave del gobierno a aquellos que lo ayudaron a convertirse en primer ministro en septiembre.
Abe, el benjamín de una dinastía de políticos conservadores, quiere reinstaurar el patriotismo y los valores tradicionales en su país, pero su popularidad se hunde. Ayer mismo, los diarios informaban de una caída en picada del nivel de aprobación de Abe, que se situó en el récord de un 32%. (AFP-NA-DPA)
Matsuoka era un experto en agricultura y fue nombrado ministro en septiembre de 2006. El escándalo estalló luego de que la prensa dio a conocer que había cobrado varios millones de yenes de manos de un grupo de empresas de construcción, a cambio de favorecer al grupo en la obtención de licitaciones de obras públicas. Además, se lo acusaba de haber declarado gastos exorbitantes para el funcionamiento de su oficina. La oposición y miembros de su propia formación, el Partido Liberal Demócrata (PLD, derecha en el poder), habían pedido su dimisión.
El primer suicidio de un ministro en el Japón de la posguerra se produce en vísperas de elecciones a la Cámara Alta, previstas para julio. Según observadores, el ministro se mató para evitar daños mayores a sus superiores, al estilo samurai. Si el caso se hubiera extendido hasta los comicios, la presión sobre el primer ministro, Shinzo Abe, que apoyó a Matsuoka hasta último minuto, habría sido insoportable.
Golpe a golpe
No es el primer escándalo que sacude a Abe. A principios de año dimitieron dos miembros de su gobierno en tan sólo una semana: su asesor principal sobre política fiscal, tras conocerse que había empleado viviendas subvencionadas por el Estado para su uso propio y el de una amante; y después, el ministro de Reformas Administrativas, acusado de malversación de fondos públicos para financiar su partido. Ambos habían sido seleccionados a dedo por Abe. Según sus críticos, colocó en puestos clave del gobierno a aquellos que lo ayudaron a convertirse en primer ministro en septiembre.
Abe, el benjamín de una dinastía de políticos conservadores, quiere reinstaurar el patriotismo y los valores tradicionales en su país, pero su popularidad se hunde. Ayer mismo, los diarios informaban de una caída en picada del nivel de aprobación de Abe, que se situó en el récord de un 32%. (AFP-NA-DPA)







