Toda Rusia rinde el último homenaje a Yeltsin

El hombre que venció a la URSS será enterrado en el cementerio donde reposan los grandes hombres del país. Su ataúd estará abierto hasta mañana.

REUTERS
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24 Abril 2007
MOSCU, Rusia.- Rusia se prepara para rendir un último homenaje a su primer presidente, Boris Yeltsin, que será enterrado mañana en el cementerio de Novodevichi, donde reposan los grandes hombres del país.

Yeltsin, que dio el golpe de gracia a la URSS en 1991, abriendo el país al capitalismo, falleció ayer, a los 76 años, de un paro cardíaco a causa de una insuficiencia cardiovascular.

Una ceremonia fúnebre precederá su entierro, en la imponente catedral del Cristo Salvador donde, desde hoy a las 12.30, el ataúd abierto será presentado al público hasta mañana.

Esta catedral, toda blanca con una cúpula dorada y situada en la orilla del río Moskova, fue dinamitada por orden de Stalin en 1931 y luego reconstruida en forma idéntica en los años 90, bajo la presidencia de Yeltsin.

Los ex presidentes de Estados Unidos George Bush padre y su sucesor Bill Clinton son esperados en Moscú.

Día de duelo
Se decretó un día de duelo nacional para mañana y el presidente Vladimir Putin postergó hasta el día siguiente su discurso anual ante el Parlamento. Todos los periódicos le dedicaron sus portadas. Los diarios lo calificaron de "último héroe" de la política rusa, de "hombre apasionado que ha transformado al país y la vida de cada uno de nosotros".

Para el diario económico Vedomosti, Yeltsin reveló ser uno de esos personajes contradictorios "sin los cuales los grandes giros históricos son imposibles". Fue "el primer dirigente ruso, y el único hasta la fecha, en haber tenido la valentía de pedir perdón públicamente por sus errores".

Tan homenajeado como objetado
Su muerte desencadenó numerosos homenajes procedentes del mundo entero. El más rápido en reaccionar fue su antiguo colega Mijail Gorbachov, ex presidente de la Unión Soviética.

Del resto del mundo llegaron homenajes del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, de la canciller alemana Angela Merkel, del presidente de Francia, Jacques Chirac, y del primer ministro británico Tony Blair. Putin, su delfín político, lo hizo más tarde.

Estos recuerdos contrastan con las reacciones de desprecio y odio de los moscovitas que salían del trabajo o paseaban por las calles poco después del anuncio de su muerte.

Algunos peatones le reprocharon amargamente la forma en que las privatizaciones fueron llevadas a cabo, según ellos, en beneficio de unas pocas personas. Otros no estaban conformes con las dos guerras contra Chechenia en 1994 y en 1996, pero sobre todo con el derrumbe de la URSS. (AFP - NA)

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