23 Abril 2007 Seguir en 
BLACKSBURG, EEUU.- Este lunes recomienzan las clases en el campus de la Universidad Virginia Tech, una semana después de la mayor masacre jamás cometida en la historia de un establecimiento educativo de Estados Unidos.
El aula Norris -sin embargo-, donde Cho Seung-Hui dio muerte a 30 personas y luego se suicidó, permanecerá cerrada el resto del semestre. Las autoridades han tomado medidas para limitar la presencia de los medios de comunicación.
Trastornado por esta tragedia que costó la vida de 32 personas además del asesino, Estados Unidos quiere dar vuelta la página pero sin olvidar.
Ayer se realizaron ceremonias funerarias en todo el país, destacándose un solemne homenaje en la catedral de Washington al mediodía.
Muchas preguntas siguen sin respuesta y en el campus de Virginia Tech todos se interrogan cómo un estudiante conocido por sus tendencias suicidas y sus escritos macabros pudo hacerse de armas tan fácilmente.
Cho, surcoreano de 23 años de edad, mató a 32 estudiantes y profesores antes de suicidarse. Fue objeto de una investigación a fines 2005, luego de denuncias de acoso a dos estudiantes, y había tenido un breve paso por un hospital psiquiátrico.
Este drama, no sin precedentes en los establecimientos educativos norteamericanos, relanzó por otra parte el debate sobre el control de las armas de fuego en Estados Unidos.
El presidente George W. Bush ordenó el viernes que su gobierno examine las preguntas suscitadas por la masacre y le remita recomendaciones para evitar una nueva tragedia.
El porte de armas es un derecho garantizado por la Constitución.Hay quienes estiman que haría falta reforzar la ley Brady, que exige que cualquier venta de armas de fuego por un vendedor reconocido a nivel federal esté precedida de una investigación sobre el comprador.
El New York Times afirmó el sábado que -según la legislación federal en vigor- Cho nunca debió tener derecho a comprar un arma.
Virginia es uno de los estados más laxos en materia de venta de armas, y la mayoría de los pobladores sostiene que el porte de armas es un derecho que se debe mantener. (AFP-NA)
El aula Norris -sin embargo-, donde Cho Seung-Hui dio muerte a 30 personas y luego se suicidó, permanecerá cerrada el resto del semestre. Las autoridades han tomado medidas para limitar la presencia de los medios de comunicación.
Trastornado por esta tragedia que costó la vida de 32 personas además del asesino, Estados Unidos quiere dar vuelta la página pero sin olvidar.
Ayer se realizaron ceremonias funerarias en todo el país, destacándose un solemne homenaje en la catedral de Washington al mediodía.
Muchas preguntas siguen sin respuesta y en el campus de Virginia Tech todos se interrogan cómo un estudiante conocido por sus tendencias suicidas y sus escritos macabros pudo hacerse de armas tan fácilmente.
Cho, surcoreano de 23 años de edad, mató a 32 estudiantes y profesores antes de suicidarse. Fue objeto de una investigación a fines 2005, luego de denuncias de acoso a dos estudiantes, y había tenido un breve paso por un hospital psiquiátrico.
Este drama, no sin precedentes en los establecimientos educativos norteamericanos, relanzó por otra parte el debate sobre el control de las armas de fuego en Estados Unidos.
El presidente George W. Bush ordenó el viernes que su gobierno examine las preguntas suscitadas por la masacre y le remita recomendaciones para evitar una nueva tragedia.
El porte de armas es un derecho garantizado por la Constitución.Hay quienes estiman que haría falta reforzar la ley Brady, que exige que cualquier venta de armas de fuego por un vendedor reconocido a nivel federal esté precedida de una investigación sobre el comprador.
El New York Times afirmó el sábado que -según la legislación federal en vigor- Cho nunca debió tener derecho a comprar un arma.
Virginia es uno de los estados más laxos en materia de venta de armas, y la mayoría de los pobladores sostiene que el porte de armas es un derecho que se debe mantener. (AFP-NA)







