Elegir una carrera crea angustia al adolescente

En una etapa que de por sí implica crisis, se hace casi imprescindible la ayuda terapéutica en el proceso de orientación vocacional.

11 Enero 2006
Al término de la adolescencia, el futuro empieza a ser una preocupación, que no sólo puede quitar el sueño sino también ser causa de patologías anímicas en el caso de no ser tenido en cuenta. Cumplida la etapa media de educación, el adolescente definirá qué oficio o carrera elegirá para desempeñarse tal vez toda su vida. Tendrá que elegir nada más ni nada menos quién ser.
Como si eso fuera poco, esta problemática viene íntimamente vinculada con una crisis particular. "Ya el adolescente es una persona que está padeciendo una angustia por la etapa tan conflictiva que está pasando", explica la licenciada Adriana Abba, psicóloga de la Universidad de La Plata. Esa crisis, explica, es la elaboración de un duelo por vínculos que ya no funcionan para entablar otros ante nuevas situaciones: "sí o sí, está frente a una situación de duelo y de estructuración o reestructuración, deja atrás su niñez para convertirse en una persona adulta. Por lo tanto, esta crisis ya es una patología".
Por eso hay muchas patologías que se confunden a partir de un cuadro adolescente. Según la experta, hay psicosis que tienen las mismas sintomatologías que vivencia el adolescente, pero no necesariamente tiene que sufrir una psicosis para presentar estos síntomas.
Cuando no puede resolver esta situación que se le plantea al momento de la elección de su carrera -qué quiere ser, cómo lo va a ser, qué posibilidades le dará la sociedad, qué probabilidades laborales concretas tendrá- se producen consecuencias muy significativas: "tiene que decidir cómo va a insertarse en la sociedad, con qué profesión y cómo quiere verse en el futuro. Puede llegar a ser toda una quimera que desemboque en un fracaso que empeore su problema si no tiene la contención adecuada".

Cómo ayudarlos
El proceso de orientación es un procedimiento conducido por un psicólogo, que está elaborado y planteado para comprometerse y brindar soluciones al adolescente. Pero para que tenga lugar, tiene que existir un adolescente preocupado por su futuro y un terapeuta que organice ese proceso, el cual "no sólo se aboca a trabajar sobre las actitudes que posee la persona, sino también a identificar la manera que este adolescente quiere plantarse en el futuro".
Por ejemplo, si una persona tiene buenas notas en matemática, la opción que le daría un clásico "test vocacional" sería, dentro de otras, ser profesor de matemática. "En cambio, en el proceso vocacional se tiene en cuenta las aptitudes y las actitudes de su personalidad íntegra ?describe Abba?: no solamente se verá sus capacidades en matemática sino también la capacidad que tiene para desempeñarse como profesor, en qué niveles educativos le gustaría trabajar, de qué forma va a relacionarse con los adolescentes o los adultos y cuáles serán los vínculos jerárquicos y de pares que quiere tener".
Otro problema frecuente es la confusión entre los roles con los que se identifica. "Si admira la función de un periodista determinado por su actividad en las entrevistas y por la posibilidad de elaboración de las notas, pero no supo comprender que el rol fundamental era la de un informador social, lo más probable es que cuando arribe al título y empiece a desarrollar su profesión en función de esas actividades, no concuerde lo que él imaginó con lo que la realidad es", ejemplifica.
A este abanico de nudos a desatar se suman las posibilidades laborales que existen dentro de la carrera que ha elegido.
"En este momento, las personas no sólo elegirán en función de sus gustos, sino que también tendrán en cuenta qué posibilidades reales y concretas les brinda la sociedad. Por ejemplo, si un chico del interior del país llega a Buenos Aires para estudiar Relaciones Exteriores pero con la firme condición de que cuando se reciba volverá a su ciudad, es tarea del profesional informarle que las dos cosas al mismo tiempo no son posibles, y habrá que buscar una carrera que contenga un marco parecido a la que él desea y que le permita retornar al lugar donde quiere trabajar", explica la psicóloga. Es aquí donde el proceso de orientación informa, orienta y esclarece sobre cuáles son las carreras, cuál es el rol que desempeñará y de qué manera se tendrá que desenvolver dentro de determinados grupos sociales.
Lo más importante, según Abba, es que el psicólogo jamás elige, sólo orienta. El que elige es el adolescente, y el profesional lo único que hace es acompañarlo brindándole información. Y, por sobre todas las cosas, cuando termina el proceso, que se realiza entre seis y ocho sesiones, fue él quien pudo visualizar e insertarse en su futuro.

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