27 Noviembre 2002 Seguir en 
En el Hospital de Pediatría Profesor Doctor Juan P. Garrahan de la Capital Federal fue habilitado el primer Banco de Membrana Amniótica del sector público, que se suma al Banco de Homoinjertos Válvulo Arteriales.
Allí se procesan, se criopreservan a 80 grados bajo cero los amnios, membranas amnióticas, que serán después usados en tratamientos médicos de todo el país. El amnios humano -que protege la vida fetal- tiene propiedades fundamentales para asegurar buenos resultados cuando se utiliza como homoinjerto. Es traslúcido, elástico, plegable y semipermeable. Tiene excelente adherencia a las zonas dañadas y, por su transparencia, a la vez que protege, permite controlar cómo evoluciona el paciente y cómo cicatriza la parte dañada sin quitarle protección.
Cómo se trabajó
Durante el 2002 fueron procesados 120 cortes de 16 cm2 de amnios y 100 de ellos utilizados en intervenciones oftalmológicas. Para tratamientos en quemados, se almacenaron 4.000 cm2 de amnios y se utilizaron 950. Una práctica simple y sorprendente que se usa en terapias de recuperación y que está dando resultados satisfactorios si se trata de proteger y evitar infecciones secundarias.
El doctor Oscar Schwint, director del Banco de Membrana Amniótica del Garrahan, augura: "si aumenta la conciencia de donación de membrana amniótica, el porvenir es promisorio".
Para poder donar la placenta y las membranas amnióticas se deben pasos esenciales. La donante debe ser mayor de edad y estar en pleno uso de sus facultades mentales; sólo pueden donar aquellas madres que tienen partos por cesárea programada. Además, los requisitos exigen que el embarazo haya sido controlado por lo menos durante seis meses para descartar riesgos. Tanto la madre como el bebe tienen que ser sanos y las serologías indicadas por el Incucai, que se cumplen en todos los casos de donación de tejidos, deben haber tenido resultados negativos.
Para Schwint "no es una novedad: en 1910 fue usada la membrana amniótica por primera vez como cobertura protectora de quemaduras por J. Davis y en 1913 por N. Sabella y en oftalmología, en 1940, por A. De Roth; pero lo positivo es que en una institución pública argentina se halla la posibilidad de transformar los programas y los diseños en servicios a la comunidad".
Allí se procesan, se criopreservan a 80 grados bajo cero los amnios, membranas amnióticas, que serán después usados en tratamientos médicos de todo el país. El amnios humano -que protege la vida fetal- tiene propiedades fundamentales para asegurar buenos resultados cuando se utiliza como homoinjerto. Es traslúcido, elástico, plegable y semipermeable. Tiene excelente adherencia a las zonas dañadas y, por su transparencia, a la vez que protege, permite controlar cómo evoluciona el paciente y cómo cicatriza la parte dañada sin quitarle protección.
Cómo se trabajó
Durante el 2002 fueron procesados 120 cortes de 16 cm2 de amnios y 100 de ellos utilizados en intervenciones oftalmológicas. Para tratamientos en quemados, se almacenaron 4.000 cm2 de amnios y se utilizaron 950. Una práctica simple y sorprendente que se usa en terapias de recuperación y que está dando resultados satisfactorios si se trata de proteger y evitar infecciones secundarias.
El doctor Oscar Schwint, director del Banco de Membrana Amniótica del Garrahan, augura: "si aumenta la conciencia de donación de membrana amniótica, el porvenir es promisorio".
Para poder donar la placenta y las membranas amnióticas se deben pasos esenciales. La donante debe ser mayor de edad y estar en pleno uso de sus facultades mentales; sólo pueden donar aquellas madres que tienen partos por cesárea programada. Además, los requisitos exigen que el embarazo haya sido controlado por lo menos durante seis meses para descartar riesgos. Tanto la madre como el bebe tienen que ser sanos y las serologías indicadas por el Incucai, que se cumplen en todos los casos de donación de tejidos, deben haber tenido resultados negativos.
Para Schwint "no es una novedad: en 1910 fue usada la membrana amniótica por primera vez como cobertura protectora de quemaduras por J. Davis y en 1913 por N. Sabella y en oftalmología, en 1940, por A. De Roth; pero lo positivo es que en una institución pública argentina se halla la posibilidad de transformar los programas y los diseños en servicios a la comunidad".
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