Si la fobia social no se trata, puede llevar hasta el suicidio

Es allí cuando muchos aspirantes a un cargo con esas exigencias descubren que no pueden hacerlo.

06 Noviembre 2002
La fobia social es un trastorno de la ansiedad que afecta a 130 de cada 1000 personas y, si no es tratada a tiempo, puede derivar en suicidios por depresión, alcoholismo o drogadicción.
Cualquier persona, sea cual fuere su profesión, su condición socioeconómica y cultural puede padecer esta enfermedad mental, que obliga a la persona a querer recluirse para evitar todo tipo de contacto social.
Si bien a fines del siglo XIX ya se hablaba del "temor a la mirada de los demás", se le daba poca importancia a este síntoma, debido a que el ritmo de vida en aquel entonces no requería una exposición permanente de hombres o de mujeres. "Pero a partir de la mitad del siglo XX estos fenómenos comenzaron a estudiarse con mayor énfasis", destacó a Télam el psiquiatra Oscar Carrión.
El profesional, titular del Fobia Club, una de las principales entidades que estudia esta patología en la Argentina, afirmó que en la actualidad "los nuevos mercados exigen personas creativas y, por ejemplo, alguien que aspire a ser gerente tiene que poder hablar frente a 20 personas y es allí cuando muchos aspirantes a un cargo con esas exigencias descubre que no pueden hacerlo".
"También el estrés causa que esta patología ya no esté tan oculta debido a que 50 años atrás la vida era más lenta y las personas no tenían tantas obligaciones, hoy en día una mujer tiene que salir sí o sí de su casa, mientras que durante la adolescencia es difícil que un joven no vaya a la escuela", remarcó Carrión. Aunque la predisposición a tener la enfermedad "es la misma que hace un siglo, la necesidad de salir a la calle en la actualidad es mucho más imperiosa. Por ejemplo, para conseguir un trabajo, hay que asistir a muchas reuniones, soportar el asedio de los otros y entonces el problema se manifiesta". La fobia social, llamada también trastorno de la ansiedad social, adquirió tal magnitud que se estima que el 13,3 por ciento de la población la padece, pero los especialistas opinan que hay "centenares de fóbicos ocultos que no saben que lo son, conviven con la enfermedad y deterioran su calidad de vida".
Juan Carlos Garrido, mozo de un restaurante porteño, no podía servir cuando los comensales eran gerentes de grandes empresas y, cuando esto ocurría, "empezaba con los síntomas, me temblaban las manos cuando llevaba botellas y temía volcarles el contenido. Lo mismo me pasaba cuando tenía que servir en alguna fiesta", contó.
"La situación -resaltó Carrión- puede llegar a tal extremo que hay individuos que se aíslan en la casa y no comen con la familia, lo hacen en su habitación sin participar de la mesa ni siquiera con su esposa e hijos. Esto lleva a una depresión que, como cualquier otra, puede conducir al suicidio".
Los fóbicos sociales sienten un miedo exacerbado cuando se sienten el centro de atención o se tienen que exhibir ante otras personas. Entonces empiezan a mostrar una serie de conductas que impiden el desarrollo normal de las actividades.
La crisis de un fóbico social se hace visible "cuando empieza a ponerse colorado, tiene palpitaciones o sudor corporal. Puede ser durante un examen oral, al dar un discurso o cualquier otra actividad que implique cierto grado de exposición", detalló Carrión. (TELAM)

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