30 Octubre 2002 Seguir en 
Saber si un recién nacido o un lactante pequeño escucha o tiene una disminución de la audición es motivo frecuente de preocupación por parte de los padres. Si bien existen elementos de la observación cotidiana del niño que nos pueden orientar, la pregunta o consulta "Doctor, ¿mi hijo escucha bien?", o "Me parece que mi hijo no me escucha", son situaciones para nada sencillas de resolver por el pediatra en el consultorio.
Elementos de orientación pueden ser el estremecimiento o llanto que aparece ante un ruido intenso, girar la cabeza en busca de un sonido o la voz conocida de algún familiar, y también la repetición por parte del niño de sonidos que emiten los padres (ecolalia).
Pero antes de llegar -de ser necesario-, a los estudios más específicos, se han creado listados de signos monitores que orientan sobre la posibilidad de padecer de hipoacusia, signos que para nada invalidan la necesidad de consultar con el especialista.
Para tener en cuenta
Cuando se encuentre uno o más de estos signos monitores, el niño debe ser estudiado para descartar o confirmar la patología.
Antecedentes familiares: que algún integrante de la familia parental padezca de hipoacusia congénita, o que la misma haya aparecido en etapas tempranas de la vida, o que padezca de una hipoacusia de causa no determinada.
Antecedentes gestacionales: si la madre durante el embarazo contrajo una toxoplasmosis, rubéola, citomegalovirus, sífilis, herpes virus o parotiditis. Existen otras enfermedades exantemáticas virales que también podrían provocar lesiones en el feto.
Malformaciones craneofaciales: cualquier malformación del cráneo o de la cara, o pequeñas anomalías cercanas o relacionadas con el oído, pueden ser causales de hipoacusia.
Bajo peso al nacer: aquellos neonatos pretérmino con un peso de recién nacido inferior a 1500 g son más susceptibles.
Ictericia: la hiperbilirrubinemia con valores altos para la relación peso/edad, como también la asociación con otras patologías concomitantes (asfixia perinatal). - Medicamentos ototóxicos: ciertos medicamentos utilizados durante el embarazo o en el período postnatal pueden producir lesiones con la consiguiente disminución de la audición. Antibióticos aminoglucósidos, como la gentamicina, tobramicina, amikacina, diuréticos como la furosemida, y las drogas oncológicas como el cisplatino entre otras. - También pueden considerarse como potencialmente ototóxicos:
La realización de radiografías sin protección durante el primer trimestre del embarazo.
La utilización de radioisótopos para diagnóstico. El consumo de drogas ilegales por vía inyectable o inhalatoria, El alcoholismo materno durante el embarazo.
La meningitis bacteriana: es causa frecuente de secuelas, entre ellas la hipoacusia. - Hipoxia perinatal: un puntaje de Apgar menor de 4 al minuto o menor de 6 a los 5 minutos debe llamar la atención.
Padecer un accidente hipóxico, a cualquier edad de la vida: como asfixia por inmersión en piscinas, atragantamiento severo por cuerpo extraño en la vía respiratoria (con cianosis y bradicardia), paro cardio-respiratorio de cualquier causa, también deben tenerse en cuenta. - La asistencia respiratoria mecánica en el recién nacido durante un tiempo prolongado.
Signos clínicos compatibles con síndromes genéticos que entre sus anomalías cuenten a la sordera, como el Síndrome de Waardenburg, la retinitis pigmentaria, la osteogénesis imperfecta, etc.
El traumatismo craneoencefálico con pérdida de conocimiento y/o fractura de cráneo.
Enfermedades neurodegenerativas, (enfermedad de Alzheimer, Parkinson, esclerosis lateral amiotrófica, etc.) y enfermedades neurológicas que presenten convulsiones no febriles.
La sospecha de los padres (o personas que cuidan al niño) de que el mismo tiene una pérdida de la audición.
Retraso en la aparición del lenguaje para una determinada edad y acorde al desarrollo psicomotor. Es de suma importancia detectar la presencia del llamado balbuceo canónico, que consiste en la emisión de pseudopalabras, con al menos dos sílabas, que constan de un sonido vocálico y un sonido consonántico, articuladas velozmente. Este balbuceo aparece entre los 4 y los 10 meses de vida, y no está afectado por la prematurez, el bilinguismo, el nivel social, las interacciones con el entorno o el Síndrome de Down.
Haber padecido de otitis media aguda recidivante o crónica recidivante.
El pediatra decidirá
Sin ninguna duda quienes se encuentren dentro de estos parámetros monitores, deberán consultar con el pediatra de cabecera, quien indicará realizar los estudios o interconsultas convenientes a fin de aproximarse al diagnóstico o poder descartar la hipoacusia.
Para investigar este indicador basta con preguntarle a los familiares qué tipo de sonidos realiza su hijo: si emite "palabras en su idioma" en las que alterne consonantes, por ejemplo: ba pa ba pa. Tan simple como preguntar si dice "papá" o "mamá", o cómo llama el niño a los integrantes de la familia.
Elementos de orientación pueden ser el estremecimiento o llanto que aparece ante un ruido intenso, girar la cabeza en busca de un sonido o la voz conocida de algún familiar, y también la repetición por parte del niño de sonidos que emiten los padres (ecolalia).
Pero antes de llegar -de ser necesario-, a los estudios más específicos, se han creado listados de signos monitores que orientan sobre la posibilidad de padecer de hipoacusia, signos que para nada invalidan la necesidad de consultar con el especialista.
Para tener en cuenta
Cuando se encuentre uno o más de estos signos monitores, el niño debe ser estudiado para descartar o confirmar la patología.
Antecedentes familiares: que algún integrante de la familia parental padezca de hipoacusia congénita, o que la misma haya aparecido en etapas tempranas de la vida, o que padezca de una hipoacusia de causa no determinada.
Antecedentes gestacionales: si la madre durante el embarazo contrajo una toxoplasmosis, rubéola, citomegalovirus, sífilis, herpes virus o parotiditis. Existen otras enfermedades exantemáticas virales que también podrían provocar lesiones en el feto.
Malformaciones craneofaciales: cualquier malformación del cráneo o de la cara, o pequeñas anomalías cercanas o relacionadas con el oído, pueden ser causales de hipoacusia.
Bajo peso al nacer: aquellos neonatos pretérmino con un peso de recién nacido inferior a 1500 g son más susceptibles.
Ictericia: la hiperbilirrubinemia con valores altos para la relación peso/edad, como también la asociación con otras patologías concomitantes (asfixia perinatal). - Medicamentos ototóxicos: ciertos medicamentos utilizados durante el embarazo o en el período postnatal pueden producir lesiones con la consiguiente disminución de la audición. Antibióticos aminoglucósidos, como la gentamicina, tobramicina, amikacina, diuréticos como la furosemida, y las drogas oncológicas como el cisplatino entre otras. - También pueden considerarse como potencialmente ototóxicos:
La realización de radiografías sin protección durante el primer trimestre del embarazo.
La utilización de radioisótopos para diagnóstico. El consumo de drogas ilegales por vía inyectable o inhalatoria, El alcoholismo materno durante el embarazo.
La meningitis bacteriana: es causa frecuente de secuelas, entre ellas la hipoacusia. - Hipoxia perinatal: un puntaje de Apgar menor de 4 al minuto o menor de 6 a los 5 minutos debe llamar la atención.
Padecer un accidente hipóxico, a cualquier edad de la vida: como asfixia por inmersión en piscinas, atragantamiento severo por cuerpo extraño en la vía respiratoria (con cianosis y bradicardia), paro cardio-respiratorio de cualquier causa, también deben tenerse en cuenta. - La asistencia respiratoria mecánica en el recién nacido durante un tiempo prolongado.
Signos clínicos compatibles con síndromes genéticos que entre sus anomalías cuenten a la sordera, como el Síndrome de Waardenburg, la retinitis pigmentaria, la osteogénesis imperfecta, etc.
El traumatismo craneoencefálico con pérdida de conocimiento y/o fractura de cráneo.
Enfermedades neurodegenerativas, (enfermedad de Alzheimer, Parkinson, esclerosis lateral amiotrófica, etc.) y enfermedades neurológicas que presenten convulsiones no febriles.
La sospecha de los padres (o personas que cuidan al niño) de que el mismo tiene una pérdida de la audición.
Retraso en la aparición del lenguaje para una determinada edad y acorde al desarrollo psicomotor. Es de suma importancia detectar la presencia del llamado balbuceo canónico, que consiste en la emisión de pseudopalabras, con al menos dos sílabas, que constan de un sonido vocálico y un sonido consonántico, articuladas velozmente. Este balbuceo aparece entre los 4 y los 10 meses de vida, y no está afectado por la prematurez, el bilinguismo, el nivel social, las interacciones con el entorno o el Síndrome de Down.
Haber padecido de otitis media aguda recidivante o crónica recidivante.
El pediatra decidirá
Sin ninguna duda quienes se encuentren dentro de estos parámetros monitores, deberán consultar con el pediatra de cabecera, quien indicará realizar los estudios o interconsultas convenientes a fin de aproximarse al diagnóstico o poder descartar la hipoacusia.
Para investigar este indicador basta con preguntarle a los familiares qué tipo de sonidos realiza su hijo: si emite "palabras en su idioma" en las que alterne consonantes, por ejemplo: ba pa ba pa. Tan simple como preguntar si dice "papá" o "mamá", o cómo llama el niño a los integrantes de la familia.
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