Insisten en que el dolor debe ser considerado el quinto signo vital

Importante como la presión arterial, la temperatura y las frecuencias cardíaca y respiratoria.

30 Octubre 2002
El dolor es un trastorno que no sólo afecta al paciente sino también a todo su entorno. Altera, inevitablemente, el ritmo de vida de la persona que lo sufre, e induce a un cambio de ánimo y de actividades. "El paciente se deprime. Muchas veces -según la causa del dolor- debe dejar de trabajar y siente que se ha transformado en una carga para su familia. Estas variaciones en su vida, sino son atendidas adecuadamente por profesionales, pueden llegar a ocasionar que la persona se suicide". Así comienza la entrevista el doctor Emilio Capmourteres, director de la Fundación Dolor.

No se respetan normas
Según estadísticas americanas y europeas -en Argentina no se pueden determinar por qué no se respetan las normas que exigen una terapia contra el dolor-, si alrededor del 30% poblacional sufre de dolor.Setenta millones de americanos reportaron dolor crónico, es decir, el que se produce por larga data, y 50 millones de los mismos son parciales o totalmente incapacitados por periodos de días, semanas o meses.
Estos países, poseen -además de una obligatoriedad oficial- un protocolo extensivo en el tratamiento, con procedimientos diversos y reconocimiento del derecho para la asistencia del dolor, a través de profesionales capacitados.
También en nuestro país, el artículo 1 del Decreto 1424 del Boletín Oficial Nacional dictamina la obligatoriedad de brindar asistencia contra el dolor y cuidados paliativos. Además, es reforzada por el artículo 20 de la Ley de Medicina, que expresa el ejercicio del tratamiento en manos de un profesional adecuadamente capacitado. Sin embargo, para que se cumplan dichas normas todavía tendrá que pasar mucho agua debajo del puente.

Derechos violados
"Los argentinos estamos acostumbrados a no reclamar nuestros derechos. Cómo pretender una terapia contra el dolor, si dejamos que nos congelen nuestro deposito o que la jubilación se retrace o no se pague. Estamos acostumbrados a ser violentados en nuestros derechos", comenta el profesional.
El dolor puede provenir de un parto, luego de una cirugía, por traumatismos o por accidente, entre otros. Estos inconvenientes, producen un dolor determinado, agudo, que después de un tiempo, supuestamente desaparecerá.
Otra clasificación es el dolor crónico, proveniente de una enfermedad, y que permanecerá por tiempo prolongado. El herpes Zoster, la isquemia, diabetes, cirugías fallidas de columna, secuelas de accidentes, tumores o sida, entre otros, son algunos ejemplos de esas enfermedades.
"El dolor crónico no oncológico, mal tratado o directamente sin tratar, provoca que una persona pierda su trabajo y no pueda volver a reincorporarse. Por ende, se angustia generando conflictos con sus familiares y amigos. Si hubiese recibido un tratamiento adecuado, lo más probable es que nada de ésto hubiese sucedido".
Los familiares, además de los gastos de analgésicos y de tratamientos, deberán soportar la angustia del paciente por sentirse inhabilitado en sus actividades. Y, sin duda, el paciente mismo que soporta los declives reiterados de su vida sin que nadie le aporte ninguna solución.
"El dolor debería ser considerado el quinto signo vital, junto a la presión arterial, temperatura, frecuencia cardiaca y frecuencia respiratoria. Y, los equipos de salud capacitados, tendrían que actuar en consecuencia para proporcionar alivio", comenta la doctora María de los Angeles Pruvost, médica anestesióloga y presidenta de Contigo, Asociación Civil para el alivio del dolor y cuidados paliativos.

¿Adónde va el dinero?
El presupuesto que se destina en salud en Argentina es de 70 pesos mensuales por persona: mayor que el de Canadá.
Sin embargo, el país de norte puede asistir a los pacientes que presentan este trastorno, y Argentina con más divisas ni siquiera lo tiene en cuenta.
Una de las tantas soluciones que aportó Capmourteres fue la reducción de los días de internación preoperatoria.

Disminuye los gastos

En la Argentina, la distribución de los recursos deja mucho que desear: el alivio al dolor disminuye los gastos de salud. Entonces, no sólo es necesario educar a la sociedad para que exija que las obras sociales cubran el tratamiento que forma parte de la Prestación Mínima Obligatoria (PMO), sino también educar a los mismos profesionales de la salud.

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