30 Octubre 2002 Seguir en 
"El alcohol es uno de los elementos teratogénicos -o responsable de malformaciones en el feto- más utilizado en este momento", comenta la doctora María Luisa Celadilla, neonatóloga del Hospital Alvarez de la Capital Federal. No sólo por ser una sustancia de venta libre al alcance de cualquier persona, si no también, por encontrarse dentro de las drogas más baratas.
En consecuencia, se revela un alto grado de consumo que, además de todos los daños que origina a las personas adictas, cuando se trata de una madre en plena gestación el problema que puede ocasionar es absolutamente contundente en el niño por nacer: se trata del "síndrome de alcoholismo fetal".
Sin embargo, las particularidades físicas de cada persona hacen que los resultados de la ingesta de alcohol sean distintos en cada una. Hay madres alcohólicas que pueden ocasionar graves consecuencias a sus futuros hijos. Otras, con la misma adicción, podrían no provocar ningún estigma en su prole.
Sabiendo que gran parte del problema es la predisposición orgánica de la mamá, hay que evitar el uso de cualquier tipo de sustancias o elementos nocivos para el futuro bebé. Fundamentalmente o, por lo menos, los primeros tres meses de gestación, que es el periodo organogénico o de formación de los órganos.
Luego, los dos trimestres restantes, son de desarrollo del feto. Y, aunque los riesgos en esta etapa no son tan probables, siempre existe la posibilidad, ante la incorporación de drogas o alcoholo, de una consecuencia irrelevante en el feto. Estos involuntarios alcohólicos infantiles, presentan, en ocasiones, un característico cuadro clínico: alteraciones en la cara y en las extremidades, retraso de crecimiento intrauterino, retraso psicomotor y posibles alteraciones cardiacas, genitales y urinarias.
Los signos de la patología en un recién nacido se pueden manifestar de dos manera: "cuando la madre llega hasta el momento del parto con el alcoholismo presente, el bebé padecerá del síndrome de abstinencia. No hay que olvidarse que el niño estuvo durante nueve meses viviendo con niveles de alcoholes elevados. Y, desde el momento que le falte, reaccionará de la misma manera que lo haría un adulto", explica la neonatóloga. Y continúa, "en cambio, si la madre dejó el alcohol semanas antes, el proceso nocivo se puede manifestar bajo otras patología, como por ejemplo un niño prematuro y de bajo peso".
Bebés adictos
El problema de la falta de desarrollo que se desencadena en el bebé, se debe, generalmente, a que el alcoholismo en las madres genera inapetencia. La mala alimentación de la mamá provoca alteraciones en el feto. Además, las mamás tras los estados de euforias -causados por la adicción y la falta de nutrición- pueden llegar a estadios graves de depresión, angustia y, hasta, el suicidio, según la médicaSi, desde un primer momento, no se ha podido determinar la adicción de la madre, luego del parto, el bebé -bajo la carencia de la droga- se encontrará irritable, sudoroso, sumamente inquieto. Cuando duerma boca abajo, se le formaran excoriaciones en las rodillas y en las yemas de los dedos por el raspado continuo en la sabanita. Dejará de comer, podrá tener temblores y, hasta, convulsiones.
Es fundamental tratar inmediatamente al niño. El problema es que la madre niega la adicción y los síntomas del niño pueden llegar a confundir el diagnóstico. El tratamiento sería más fácil si la madre dijera la verdad desde un primer momento".
En consecuencia, se revela un alto grado de consumo que, además de todos los daños que origina a las personas adictas, cuando se trata de una madre en plena gestación el problema que puede ocasionar es absolutamente contundente en el niño por nacer: se trata del "síndrome de alcoholismo fetal".
Sin embargo, las particularidades físicas de cada persona hacen que los resultados de la ingesta de alcohol sean distintos en cada una. Hay madres alcohólicas que pueden ocasionar graves consecuencias a sus futuros hijos. Otras, con la misma adicción, podrían no provocar ningún estigma en su prole.
Sabiendo que gran parte del problema es la predisposición orgánica de la mamá, hay que evitar el uso de cualquier tipo de sustancias o elementos nocivos para el futuro bebé. Fundamentalmente o, por lo menos, los primeros tres meses de gestación, que es el periodo organogénico o de formación de los órganos.
Luego, los dos trimestres restantes, son de desarrollo del feto. Y, aunque los riesgos en esta etapa no son tan probables, siempre existe la posibilidad, ante la incorporación de drogas o alcoholo, de una consecuencia irrelevante en el feto. Estos involuntarios alcohólicos infantiles, presentan, en ocasiones, un característico cuadro clínico: alteraciones en la cara y en las extremidades, retraso de crecimiento intrauterino, retraso psicomotor y posibles alteraciones cardiacas, genitales y urinarias.
Los signos de la patología en un recién nacido se pueden manifestar de dos manera: "cuando la madre llega hasta el momento del parto con el alcoholismo presente, el bebé padecerá del síndrome de abstinencia. No hay que olvidarse que el niño estuvo durante nueve meses viviendo con niveles de alcoholes elevados. Y, desde el momento que le falte, reaccionará de la misma manera que lo haría un adulto", explica la neonatóloga. Y continúa, "en cambio, si la madre dejó el alcohol semanas antes, el proceso nocivo se puede manifestar bajo otras patología, como por ejemplo un niño prematuro y de bajo peso".
Bebés adictos
El problema de la falta de desarrollo que se desencadena en el bebé, se debe, generalmente, a que el alcoholismo en las madres genera inapetencia. La mala alimentación de la mamá provoca alteraciones en el feto. Además, las mamás tras los estados de euforias -causados por la adicción y la falta de nutrición- pueden llegar a estadios graves de depresión, angustia y, hasta, el suicidio, según la médicaSi, desde un primer momento, no se ha podido determinar la adicción de la madre, luego del parto, el bebé -bajo la carencia de la droga- se encontrará irritable, sudoroso, sumamente inquieto. Cuando duerma boca abajo, se le formaran excoriaciones en las rodillas y en las yemas de los dedos por el raspado continuo en la sabanita. Dejará de comer, podrá tener temblores y, hasta, convulsiones.
Es fundamental tratar inmediatamente al niño. El problema es que la madre niega la adicción y los síntomas del niño pueden llegar a confundir el diagnóstico. El tratamiento sería más fácil si la madre dijera la verdad desde un primer momento".
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