Los argentinos necesitan modificar su alimentación

El "Programa de Prevención del Infarto en Argentina" permitió conocer la calidad de las grasas que se consumen. El aceite de soja sería una alternativa más que interesante para paliar las carencias de la nutrición actual.

02 Octubre 2002
Los estudios realizados recientemente por el "Programa de Prevención del Infarto en Argentina" (PROPIA-UNLP) llamaron la atención por los ínfimos niveles de consumo de omega-3 que se registraron en el tejido adiposo estudiado y por la relación inadecuada entre ácidos grasos omega-6 y omega-3 que se encontró en la sangre analizada. Ambos estudios permitieron conocer la calidad de las grasas consumidas como parte de la dieta habitual de los argentinos. Y en las conclusiones, se puso en evidencia que la población no alcanza un consumo adecuado de estos ácidos grasos en sus dietas, lo que aumenta los riesgos de padecer enfermedades cardiovasculares.

El hábito de la prevención
Los resultados alertaron a la comunidad médica ya que las enfermedades cardiovasculares -la hipertensión arterial, la diabetes, la hipercolesterolemia (niveles elevados de colesterol en sangre) y la obesidad cuyos orígenes se encuentran en la combinación de factores genéticos y adquiridos- representan actualmente una de las principales causas de muerte en la Argentina. Los hábitos alimentarios ocupan un lugar trascendental en la prevención y el control de estas enfermedades. Y están directamente relacionados con la calidad de las grasas que se consumen.
Los conocimientos existentes demuestran que los ácidos grasos omega-6 y omega-3 no sólo son importantes para la salud por la presencia o ausencia en la dieta de uno o el otro, sino sobre todo por el balance en el consumo relativo de ambos. Las sugerencias de las más prestigiosas organizaciones internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la American Heart Association (AHA) apuntan a promover el consumo de omega-6 y omega-3 en una relación que oscile entre 5 a 1 y 10 a 1.
Las fuentes "naturales" de omega-3 son los productos de origen marino y algunas semillas vegetales (canola, soja y lino), pero en ambos casos actualmente su consumo es reducido.
En el caso de los productos marinos, esto se debe a razones culturales (hábitos alimentarios) y a razones económicas (su costo elevado). En el caso de las semillas, la razón principal es que los aceites disponibles en el mercado con mayores niveles de consumo (girasol, maíz) son sólo ricos en omega-6. Por eso el aceite de soja pareciera ser una alternativa más que interesante para paliar las carencias descriptas ya que es abundante en la Argentina y contiene una relación entre omega-6 y omega-3 de 7 a 1 (como la recomendada por las organizaciones internacionales de la salud).

Numerosas investigaciones
Son numerosos los estudios que han demostrado las bondades de las dietas de bajo contenido de grasas totales y de grasas saturadas, que a la vez tuvieran una ingesta alta de omega-3.
Un estudio sobre una comunidad Inuit de Groenlandia, realizado por Bang, Dyerberg y Hjorne en la década de 1970, mostró que una ingesta elevada de omega-3 provoca una reducción de la incidencia de enfermedades cardiovasculares.
Hallazgos similares fueron reportados en el Multiple Risk Factor Intervention Trial (MRFIT) y en el Honolulu Heart Program Study. La evidencia existente muestra que los omega-3 tienen efectos protectores en nuestra salud cardiovascular, ya que permiten reducir los niveles de colesterol en sangre y la presión arterial, tienen propiedades antiinflamatorias y antitrombóticas, y también previenen las arritmias cardíacas (incluyendo las taquicardias y la fibrilación).

Desafíos para un cambio
De lo anterior, se desprende que hay mucho por hacer en la Argentina para mejorar la calidad de los alimentos consumidos masivamente.Sin menospreciar las enormes dificultades que actualmente sufren grandes sectores de nuestra comunidad para acceder a una alimentación básica, creemos que muchos de los cambios a promover no dependen tanto de cuestiones económicas como de la construcción de políticas claras, basadas en la amplia evidencia científica existente.
En ese sentido, es indispensable profundizar las interacciones entre científicos, productores y comerciantes de alimentos y los organismos reguladores, que permitan garantizar en un mediano plazo una ingesta adecuada de ácidos grasos omega-3 en nuestra población. De hacerlo, estaremos haciendo un enorme aporte a la salud pública de los argentinos.

Tamaño texto
Comentarios