24 Julio 2002 Seguir en 
La Argentina se ha convertido en el primer exportador mundial de soja. Paralelamente, la desnutrición de su población ha alcanzado niveles alarmantes que la prensa ha venido revelando en los últimos tiempos.
Si bien somos el cuarto productor de dicha legumbre (detrás de Estados Unidos, Brasil y China) y a pesar de las propiedades benéficas que nos ofrece, aún no la hemos incorporado masivamente a nuestra dieta nacional.
Con el fin de revertir esta situación y atendiendo a las carencias calórico-proteicas que está sufriendo gran parte de la población, la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (Aapresid), una entidad que nuclea a 1500 empresas y productores, decidió donar el 1% de la cosecha para poner en marcha el "Plan Solidario de Alimentación con Soja".
Periodista y productor
La idea fue propuesta por el periodista y productor agropecuario Héctor Huergo en enero pasado.
"Si donamos el uno por ciento de nuestra cosecha de soja, podemos terminar con la desnutrición infantil", escribió en su columna del suplemento Rural del diario Clarín. Inmediatamente, Víctor Trucco, presidente de Aapresid, con la colaboración de la Sociedad Argentina para el Desarrollo y Uso de la Soja (Sadeso), aceptaron el desafío de organizarse para recibir y distribuir la donación.
La respuesta fue unánime y en poco tiempo se acumularon más de 84 mil toneladas.
Según los organizadores del programa, dicha cantidad "alcanza para dar de comer a los 14 millones de pobres que tiene el país".
Y las donaciones siguieron, al punto de que hubo que demorar la recepción hasta conseguir nuevos depósitos.
Como se ve, los granos están disponibles. "Ahora hace falta que la gente incorpore el hábito de consumir la soja", sostienen. Y reconocen que aunque hace 30 años que se siembra, recién hace 10 que la legumbre empezó a tener difusión.
Mediante dicho plan y a través de una estructura netamente solidaria integrada en apenas cuatro meses, hoy 150.000 argentinos se están alimentando con la soja donada por los productores.
"El programa arrancó en marzo y el feed-back ha sido maravilloso", sostiene la socióloga Alicia Cosoy, especialmente contratada por Aapresid para colaborar en la concientización de este esfuerzo solidario.
Capacitar en nutrición
Se trata de un proyecto de autogestión en el cual las personas interesadas en implementarlo en su localidad deben registrarse en Aapresid.
"La gente se inscribe, llena un formulario y solicita por escrito la donación informando qué cantidad de gente va al comedor", dice la socióloga.
Cabe acotar que la donación -que consta de medio kilogramo de porotos crudos por persona y por mes? es para los comedores y se efectiviza una vez finalizado el curso de capacitación.
"Los cursos son de cuatro clases teórico-prácticas en distintas localidades de Capital y Gran Buenos Aires. A veces, viajamos a un municipio donde se concentran los cocineros de varios grupos comunitarios. Por ejemplo, estamos por viajar a Quilmes para capacitar a gente que atiende 40 comedores para diabéticos", informa Alicia Cosoy. Para hospitales, escuelas, geriátricos, O.N.G´s y grupos del interior, el curso es intensivo y se realiza en una sola jornada. (Tel: 011 4813-3530). De todos modos, todos los cursos son abiertos al público en general y de hecho, mucha gente ha aprendido a cocinar la soja y los está replicando entre sus conocidos.
En Internet hay una variedad de comidas elaboradas con el cereal
Aapresid ha elaborado la cartilla informativa con variedad de recetas de comidas a base de soja que preparan los asistentes a los cursos y que está disponible en www.aapresid.org.ar
"El curso instruye sobre el valor nutricional de los alimentos. Se enseña a comer para nutrirse y a no desperdiciar nada, a aprovechar el poroto para hacer la leche de soja primero y las milanesas, después. Hay que pensar que 1 kg de porotos crudos hoy cuesta $1,80 y rinde para preparar 10 litros de leche de soja. La idea es introducir un nuevo elemento con altísimo valor proteico para la alimentación que, a su vez, permite hacer rendir más la carne. Se les informa cómo combinarla con alimentos propios de cada zona y a condimentarla, por ejemplo, con perejil crudo para no perder el aporte de la vitamina C. Al mismo tiempo, la gente toma conciencia de que sembrar perejil en un cantero significa proveerse de vitamina C todo el año", acota Cosoy.
Medición de resultados
"Todo fue hecho a pulmón a través de redes solidarias formadas por distintos actores sociales que asumieron el compromiso del programa y fueron conectándose entre sí. Tuvieron que ocuparse de conseguir depósitos en galpones de fábricas, centros de jubilados; fraccionar la soja en bolsas de 1 kg y organizar el transporte de las mismas", relata la socióloga Alicia Cosoy.
Ahora que el plan está en plena marcha, van a comenzar con las previstas mediciones de impacto en la salud, a través de encuestas directas e indirectas.
"Queremos hacer un protocolo medible y confiable", asegura Cosoy.Según la ingeniera agrónoma María Victoria Francomano, presidenta de SADESO, aún falta un largo trecho por recorrer en cuanto a elaboración de productos derivados de la soja. Y confiesa: "Acepté con gusto coordinar este proyecto que brinda un paliativo al problema nutricional que existe en la Argentina. Pienso que siendo la soja considerada en el mundo entero como una de las pocas fuentes proteicas más completas para la alimentación humana y habiendo alcanzado la Argentina el rango de primer exportador mundial de soja, su población no puede sufrir hambre".
Es tan proteica como la carne, pero más barata
Por ser fuente de proteínas económicas y brindar una rápida solución al problema de la desnutrición, la soja se ha convertido en la legumbre de oro del mundo.
"Sólo dos aminoácidos (metionina y cistina) la separan del valor proteico de la carne", manifiesta la doctora Pilar Llanos, especialista en Nutrición. "Mientras las proteínas de origen animal (carne, huevo, leche) alcanzan el máximo valor 1 que les confiere la FAO, la soja está entre el 0,95 y el 0,99", agrega.
"Si queremos completarla en esos valores aminoacídicos que le faltan, podemos combinarla con una proteína animal. Por ejemplo: un poquito de leche y soja, un poquito de queso y soja, un poquito de carne y soja. En cualquiera de esas uniones, se potencian las cualidades de la soja y se obtiene un alimento proteico a un costo menor que la carne", sostiene.
Sin embargo, los alimentos de origen animal también pueden ser reemplazados con la unión de un 30% de soja, que aporta entre un 30 y un 40% de proteínas, con un 70% de cualquier cereal que aporta un 10% de proteínas. "Esta combinación legumbre-cereal reemplaza a la proteína carne y es la base de la alimentación de los vegetarianos absolutos", manifiesta la nutricionista.
En cuanto a los minerales, la soja tiene hierro y si bien la leche de soja tiene poco calcio, al no tener tanto fósforo, se absorbe mejor. En cuanto a los lípidos, el poroto de soja contiene grasas poliinsaturadas, las de mejor calidad para prevenir enfermedades cardiovasculares. "Tiene ácido alfalinolénico de la serie Omega 3 y ácido linoléico de la serie Omega 6. La harina, como subproducto, tiene menor poder graso, porque previamente al molido, se extra el aceite del poroto", aclara la doctora Llanos.
El poroto también contiene compuestos antioxidantes denominados isoflavonas. "Son sustancias que los vegetales elaboran para defenderse de las agresiones del medio.
Y cuando comemos las plantas que los contienen, mejoramos nuestro sistema inmunológico, tenemos mayor protección frente a las enfermedades cardiovasculares y bajamos los índices de colesterol", sostiene la especialista.
A pesar de todas sus bondades, las fibras de la soja exigen una digestión más laboriosa. "Produce distención y gases como todas las legumbres. Por eso, se aconseja ir incorporándola a la alimentación de a poco, comenzando con la leche, la harina y el queso de soja. Y conviene deshacer bien las fibras antes de incorporarlas a los preparados", concluye la especialista.
Si bien somos el cuarto productor de dicha legumbre (detrás de Estados Unidos, Brasil y China) y a pesar de las propiedades benéficas que nos ofrece, aún no la hemos incorporado masivamente a nuestra dieta nacional.
Con el fin de revertir esta situación y atendiendo a las carencias calórico-proteicas que está sufriendo gran parte de la población, la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (Aapresid), una entidad que nuclea a 1500 empresas y productores, decidió donar el 1% de la cosecha para poner en marcha el "Plan Solidario de Alimentación con Soja".
Periodista y productor
La idea fue propuesta por el periodista y productor agropecuario Héctor Huergo en enero pasado.
"Si donamos el uno por ciento de nuestra cosecha de soja, podemos terminar con la desnutrición infantil", escribió en su columna del suplemento Rural del diario Clarín. Inmediatamente, Víctor Trucco, presidente de Aapresid, con la colaboración de la Sociedad Argentina para el Desarrollo y Uso de la Soja (Sadeso), aceptaron el desafío de organizarse para recibir y distribuir la donación.
La respuesta fue unánime y en poco tiempo se acumularon más de 84 mil toneladas.
Según los organizadores del programa, dicha cantidad "alcanza para dar de comer a los 14 millones de pobres que tiene el país".
Y las donaciones siguieron, al punto de que hubo que demorar la recepción hasta conseguir nuevos depósitos.
Como se ve, los granos están disponibles. "Ahora hace falta que la gente incorpore el hábito de consumir la soja", sostienen. Y reconocen que aunque hace 30 años que se siembra, recién hace 10 que la legumbre empezó a tener difusión.
Mediante dicho plan y a través de una estructura netamente solidaria integrada en apenas cuatro meses, hoy 150.000 argentinos se están alimentando con la soja donada por los productores.
"El programa arrancó en marzo y el feed-back ha sido maravilloso", sostiene la socióloga Alicia Cosoy, especialmente contratada por Aapresid para colaborar en la concientización de este esfuerzo solidario.
Capacitar en nutrición
Se trata de un proyecto de autogestión en el cual las personas interesadas en implementarlo en su localidad deben registrarse en Aapresid.
"La gente se inscribe, llena un formulario y solicita por escrito la donación informando qué cantidad de gente va al comedor", dice la socióloga.
Cabe acotar que la donación -que consta de medio kilogramo de porotos crudos por persona y por mes? es para los comedores y se efectiviza una vez finalizado el curso de capacitación.
"Los cursos son de cuatro clases teórico-prácticas en distintas localidades de Capital y Gran Buenos Aires. A veces, viajamos a un municipio donde se concentran los cocineros de varios grupos comunitarios. Por ejemplo, estamos por viajar a Quilmes para capacitar a gente que atiende 40 comedores para diabéticos", informa Alicia Cosoy. Para hospitales, escuelas, geriátricos, O.N.G´s y grupos del interior, el curso es intensivo y se realiza en una sola jornada. (Tel: 011 4813-3530). De todos modos, todos los cursos son abiertos al público en general y de hecho, mucha gente ha aprendido a cocinar la soja y los está replicando entre sus conocidos.
En Internet hay una variedad de comidas elaboradas con el cereal
Aapresid ha elaborado la cartilla informativa con variedad de recetas de comidas a base de soja que preparan los asistentes a los cursos y que está disponible en www.aapresid.org.ar
"El curso instruye sobre el valor nutricional de los alimentos. Se enseña a comer para nutrirse y a no desperdiciar nada, a aprovechar el poroto para hacer la leche de soja primero y las milanesas, después. Hay que pensar que 1 kg de porotos crudos hoy cuesta $1,80 y rinde para preparar 10 litros de leche de soja. La idea es introducir un nuevo elemento con altísimo valor proteico para la alimentación que, a su vez, permite hacer rendir más la carne. Se les informa cómo combinarla con alimentos propios de cada zona y a condimentarla, por ejemplo, con perejil crudo para no perder el aporte de la vitamina C. Al mismo tiempo, la gente toma conciencia de que sembrar perejil en un cantero significa proveerse de vitamina C todo el año", acota Cosoy.
Medición de resultados
"Todo fue hecho a pulmón a través de redes solidarias formadas por distintos actores sociales que asumieron el compromiso del programa y fueron conectándose entre sí. Tuvieron que ocuparse de conseguir depósitos en galpones de fábricas, centros de jubilados; fraccionar la soja en bolsas de 1 kg y organizar el transporte de las mismas", relata la socióloga Alicia Cosoy.
Ahora que el plan está en plena marcha, van a comenzar con las previstas mediciones de impacto en la salud, a través de encuestas directas e indirectas.
"Queremos hacer un protocolo medible y confiable", asegura Cosoy.Según la ingeniera agrónoma María Victoria Francomano, presidenta de SADESO, aún falta un largo trecho por recorrer en cuanto a elaboración de productos derivados de la soja. Y confiesa: "Acepté con gusto coordinar este proyecto que brinda un paliativo al problema nutricional que existe en la Argentina. Pienso que siendo la soja considerada en el mundo entero como una de las pocas fuentes proteicas más completas para la alimentación humana y habiendo alcanzado la Argentina el rango de primer exportador mundial de soja, su población no puede sufrir hambre".
Es tan proteica como la carne, pero más barata
Por ser fuente de proteínas económicas y brindar una rápida solución al problema de la desnutrición, la soja se ha convertido en la legumbre de oro del mundo.
"Sólo dos aminoácidos (metionina y cistina) la separan del valor proteico de la carne", manifiesta la doctora Pilar Llanos, especialista en Nutrición. "Mientras las proteínas de origen animal (carne, huevo, leche) alcanzan el máximo valor 1 que les confiere la FAO, la soja está entre el 0,95 y el 0,99", agrega.
"Si queremos completarla en esos valores aminoacídicos que le faltan, podemos combinarla con una proteína animal. Por ejemplo: un poquito de leche y soja, un poquito de queso y soja, un poquito de carne y soja. En cualquiera de esas uniones, se potencian las cualidades de la soja y se obtiene un alimento proteico a un costo menor que la carne", sostiene.
Sin embargo, los alimentos de origen animal también pueden ser reemplazados con la unión de un 30% de soja, que aporta entre un 30 y un 40% de proteínas, con un 70% de cualquier cereal que aporta un 10% de proteínas. "Esta combinación legumbre-cereal reemplaza a la proteína carne y es la base de la alimentación de los vegetarianos absolutos", manifiesta la nutricionista.
En cuanto a los minerales, la soja tiene hierro y si bien la leche de soja tiene poco calcio, al no tener tanto fósforo, se absorbe mejor. En cuanto a los lípidos, el poroto de soja contiene grasas poliinsaturadas, las de mejor calidad para prevenir enfermedades cardiovasculares. "Tiene ácido alfalinolénico de la serie Omega 3 y ácido linoléico de la serie Omega 6. La harina, como subproducto, tiene menor poder graso, porque previamente al molido, se extra el aceite del poroto", aclara la doctora Llanos.
El poroto también contiene compuestos antioxidantes denominados isoflavonas. "Son sustancias que los vegetales elaboran para defenderse de las agresiones del medio.
Y cuando comemos las plantas que los contienen, mejoramos nuestro sistema inmunológico, tenemos mayor protección frente a las enfermedades cardiovasculares y bajamos los índices de colesterol", sostiene la especialista.
A pesar de todas sus bondades, las fibras de la soja exigen una digestión más laboriosa. "Produce distención y gases como todas las legumbres. Por eso, se aconseja ir incorporándola a la alimentación de a poco, comenzando con la leche, la harina y el queso de soja. Y conviene deshacer bien las fibras antes de incorporarlas a los preparados", concluye la especialista.







