10 Julio 2002 Seguir en 
¿Todos somos inteligentes?. Para responder a este interrogante, habría que revisar parte del historial de algunas personas fueron y son considerados genios.Quién, por ejemplo, no ha oído nombrar al famoso escritor francés Paul Sartre, quien a los cinco años hablaba con asombrosa fluidez y pocos años más tarde ya escribía profesionalmente.
En cambio, un ejemplo similar pero a su vez opuesto es el físico alemán Albert Einstein, responsable de la teoría de la relatividad, quien comenzó a hablar tardíamente. Sin embargo su dificultad inicial, le permitió ver y conceptualizar el mundo de un modo menos convencional.
Sin duda alguna, el genio de nuestro tiempo es Bill Gates, experto en informática, poseedor del éxito, tanto en el reconocimiento público como empresarial. Es, lo que se diría, un hombre inteligente.
"Cuando se habla acerca de la inteligencia se asocia, inevitablemente, a un paradigma socio cultural: confort, éxito, reconocimiento y dinero", describe Héctor Palmas, Licenciado en Filosofía y docente de la Universidad de Buenos Aires.
Y continúa: "Se vincula los bienes económicos -como ser, por ejemplo, una forma elegante de vestir acompañada del infaltable teléfono celular- a la categoría del saber".
El mito de la educación formal
También, uno de los claustros de la inteligencia, es no poder librarse del mito de la educación formal. Primero porque se identifica sabiduría con éxito escolar. Y luego, porque la escuela privilegia ciertas habilidades, que son indispensables para el modelo de producción. Inevitablemente, las otras materias, como manualidades, educación física y música entre otras, se deben tomar como materias complementarias o secundarias.
Pero, ¿causa alguna sorpresa afirmar que la educación formal no es sinónimo de inteligencia? Si la inteligencia sólo se basara en los parámetros de la educación formal, se dejaría de lado las capacidades o habilidades innatas.
Y, si la escala para evaluar la inteligencia se basara en un test con preguntas alineadas, seguramente un niño educado en el campo y rodeado de naturaleza y animales, le sería, quizá difícil contestar. Igualmente pasaría con el niño de la ciudad cuando se le pida reconocer los sonidos diferentes de los pájaros o el tiempo de cultivo.
Es decir, cuando a las personas se las quita de su estructura cultural dónde desarrollaron sus habilidades y se las ubica en lugares poco o nada conocidos, es muy difícil que puedan manejarse con inteligencia. Hay que tener presente que, al utilizar un test de evaluación, las pruebas del diagnóstico no deberían ser tan categóricas, sino estar abierta a la posibilidad de error. Ya que en muchos aspectos se aleja al sujeto de su realidad cotidiana.
Hambre o desatención
En ocasiones, cuando se refieren a un pequeño desatento en la clase, es muy común que se caratule como trastorno en el aprendizaje. "Sin embargo, se realizaron trabajos que pudieron comprobar que a un altísimo porcentajes de estos niños no se les otorga los recursos mínimos y adecuados para aprender. En una palabra, tienen hambre o conflictos de tipo afectivo", sostiene la doctora Silvia Kochen, médica neuróloga del Hospital Ramos Mejías.
Es muy importante que las personas puedan disponer de condiciones óptimas para poder incorporar datos. "En la medida que hay falta de atención es probable que exista una lesión perinatal, hambre o problemas emocionales", afirma la especialista.
Influyen los trastornos
estructuralesLa memoria también puede verse afectada cuando existen trastornos estructurales que hayan provocado daño en el cerebro. O conflictos privados o generales que perturben el proceso de memorización. En consecuencia, la falta de captación de información interrumpe el proceso de aprendizaje.
También es posible evaluar las funciones aprendidas. Un camarero puede ser casi analfabeto pero posee la habilidad de levantar en pocos minutos todos los pedidos de cada una de las mesas. Aunque no es algo innato sino un proceso temporal de aprendizaje, puede adaptarse a otras realidades.
Por ejemplo, "un niño que comienza su lecto-escritura -explica Kochen- le será mucho más sencilla la tarea si está estimulado con elementos que lo vinculen a ésta función: libros, pizarrones, dibujos, historietas, música, etc".
Es falsa la superioridad del hombre
Los maestros tendrían que percibir si existen problemas entre los escolares o si existe una conducta de estimulación que persigue y no le es otorgada. Además, "existen estudios financiados y realizados por centros de investigación para comprobar la superioridad -en la inteligencia- del hombre ante la mujer. Pero usan recursos donde el hombre posee una formación mucho más desarrollada -la fuerza, por ejemplo-, y cuyas conclusiones son falsas y visualmente manipuladas. Hay teorías que dicen que la inteligencia deriva de causas biológicas. "Estas posturas ortodoxas, donde el ambiente aporta poco o nada, abren la hipótesis de estar condenados a ser una persona inteligente o un fracasado", señala el licenciado Héctor Palmas. Alfred Binet fue el primero en crear un sistema de control y medición. Pero hoy los tests están cuestionados: prueban sólo el desempeño escolar, y no el desempeño en la vida posterior del sujeto.Si alguien responde quién fue el autor de la Illiada sólo exhibe la educación que recibió, pero sería incoherente utilizarlo como parámetro para medir su coeficiente intelectual.
Se relaciona con el éxito social
La ciencia, continuamente se esfuerza para demostrar las distintas áreas especializadas de nuestro cerebro y sus diversos tipos de funciones y habilidades. Sin embargo, por más que surjan nuevas teorías sobre el concepto de inteligencia, no están tan alejadas a lo que Platón definía en la concepción del mito de los metales. Esta cuestión es una especie de aggiornamiento a los nuevos tiempos. El mito cuenta que había gente que por su naturaleza estaba destinada a ocupar ciertos lugares en las escalas sociales. Por ejemplo, a los filósofos le correspondía el oro, porque eran los supuestos dueños del saber, de esta forma ocupaban lugares magistrales en los senados. Los guerreros, estaban más limitados en los cargos, al contener hierro en su naturaleza lo condicionaban a ocupar el lugar de defensor del imperio. Y así sucesivamente, le correspondería a cada estrato social un tipo de metal. De esta manera, veremos que la inteligencia, más allá de las definiciones, caracterizaciones y esfuerzo por captar su naturaleza, es un concepto ideológico, enmarcado en un ámbito social, que se relaciona con el éxito social y económico.
En cambio, un ejemplo similar pero a su vez opuesto es el físico alemán Albert Einstein, responsable de la teoría de la relatividad, quien comenzó a hablar tardíamente. Sin embargo su dificultad inicial, le permitió ver y conceptualizar el mundo de un modo menos convencional.
Sin duda alguna, el genio de nuestro tiempo es Bill Gates, experto en informática, poseedor del éxito, tanto en el reconocimiento público como empresarial. Es, lo que se diría, un hombre inteligente.
"Cuando se habla acerca de la inteligencia se asocia, inevitablemente, a un paradigma socio cultural: confort, éxito, reconocimiento y dinero", describe Héctor Palmas, Licenciado en Filosofía y docente de la Universidad de Buenos Aires.
Y continúa: "Se vincula los bienes económicos -como ser, por ejemplo, una forma elegante de vestir acompañada del infaltable teléfono celular- a la categoría del saber".
El mito de la educación formal
También, uno de los claustros de la inteligencia, es no poder librarse del mito de la educación formal. Primero porque se identifica sabiduría con éxito escolar. Y luego, porque la escuela privilegia ciertas habilidades, que son indispensables para el modelo de producción. Inevitablemente, las otras materias, como manualidades, educación física y música entre otras, se deben tomar como materias complementarias o secundarias.
Pero, ¿causa alguna sorpresa afirmar que la educación formal no es sinónimo de inteligencia? Si la inteligencia sólo se basara en los parámetros de la educación formal, se dejaría de lado las capacidades o habilidades innatas.
Y, si la escala para evaluar la inteligencia se basara en un test con preguntas alineadas, seguramente un niño educado en el campo y rodeado de naturaleza y animales, le sería, quizá difícil contestar. Igualmente pasaría con el niño de la ciudad cuando se le pida reconocer los sonidos diferentes de los pájaros o el tiempo de cultivo.
Es decir, cuando a las personas se las quita de su estructura cultural dónde desarrollaron sus habilidades y se las ubica en lugares poco o nada conocidos, es muy difícil que puedan manejarse con inteligencia. Hay que tener presente que, al utilizar un test de evaluación, las pruebas del diagnóstico no deberían ser tan categóricas, sino estar abierta a la posibilidad de error. Ya que en muchos aspectos se aleja al sujeto de su realidad cotidiana.
Hambre o desatención
En ocasiones, cuando se refieren a un pequeño desatento en la clase, es muy común que se caratule como trastorno en el aprendizaje. "Sin embargo, se realizaron trabajos que pudieron comprobar que a un altísimo porcentajes de estos niños no se les otorga los recursos mínimos y adecuados para aprender. En una palabra, tienen hambre o conflictos de tipo afectivo", sostiene la doctora Silvia Kochen, médica neuróloga del Hospital Ramos Mejías.
Es muy importante que las personas puedan disponer de condiciones óptimas para poder incorporar datos. "En la medida que hay falta de atención es probable que exista una lesión perinatal, hambre o problemas emocionales", afirma la especialista.
Influyen los trastornos
estructuralesLa memoria también puede verse afectada cuando existen trastornos estructurales que hayan provocado daño en el cerebro. O conflictos privados o generales que perturben el proceso de memorización. En consecuencia, la falta de captación de información interrumpe el proceso de aprendizaje.
También es posible evaluar las funciones aprendidas. Un camarero puede ser casi analfabeto pero posee la habilidad de levantar en pocos minutos todos los pedidos de cada una de las mesas. Aunque no es algo innato sino un proceso temporal de aprendizaje, puede adaptarse a otras realidades.
Por ejemplo, "un niño que comienza su lecto-escritura -explica Kochen- le será mucho más sencilla la tarea si está estimulado con elementos que lo vinculen a ésta función: libros, pizarrones, dibujos, historietas, música, etc".
Es falsa la superioridad del hombre
Los maestros tendrían que percibir si existen problemas entre los escolares o si existe una conducta de estimulación que persigue y no le es otorgada. Además, "existen estudios financiados y realizados por centros de investigación para comprobar la superioridad -en la inteligencia- del hombre ante la mujer. Pero usan recursos donde el hombre posee una formación mucho más desarrollada -la fuerza, por ejemplo-, y cuyas conclusiones son falsas y visualmente manipuladas. Hay teorías que dicen que la inteligencia deriva de causas biológicas. "Estas posturas ortodoxas, donde el ambiente aporta poco o nada, abren la hipótesis de estar condenados a ser una persona inteligente o un fracasado", señala el licenciado Héctor Palmas. Alfred Binet fue el primero en crear un sistema de control y medición. Pero hoy los tests están cuestionados: prueban sólo el desempeño escolar, y no el desempeño en la vida posterior del sujeto.Si alguien responde quién fue el autor de la Illiada sólo exhibe la educación que recibió, pero sería incoherente utilizarlo como parámetro para medir su coeficiente intelectual.
Se relaciona con el éxito social
La ciencia, continuamente se esfuerza para demostrar las distintas áreas especializadas de nuestro cerebro y sus diversos tipos de funciones y habilidades. Sin embargo, por más que surjan nuevas teorías sobre el concepto de inteligencia, no están tan alejadas a lo que Platón definía en la concepción del mito de los metales. Esta cuestión es una especie de aggiornamiento a los nuevos tiempos. El mito cuenta que había gente que por su naturaleza estaba destinada a ocupar ciertos lugares en las escalas sociales. Por ejemplo, a los filósofos le correspondía el oro, porque eran los supuestos dueños del saber, de esta forma ocupaban lugares magistrales en los senados. Los guerreros, estaban más limitados en los cargos, al contener hierro en su naturaleza lo condicionaban a ocupar el lugar de defensor del imperio. Y así sucesivamente, le correspondería a cada estrato social un tipo de metal. De esta manera, veremos que la inteligencia, más allá de las definiciones, caracterizaciones y esfuerzo por captar su naturaleza, es un concepto ideológico, enmarcado en un ámbito social, que se relaciona con el éxito social y económico.







