26 Junio 2002 Seguir en 
El General, a cargo del ejército del Norte, está enfermo. Quienes lo rodean se alarman de su estado y logran convencerlo de que debe cuidar su salud. Sólo cuando su situación se torna insufrible, Belgrano resuelve separarse de las tropas y volver a Buenos Aires. Así comienza el primer párrafo del libro de Rómulo Rimondi, Muerte y exequias del General Manuel Belgrano.
Unas de las tantas enfermedades que agobiaba al creador de la bandera fue la hematemesis o vómitos de sangre que, sin lugar a dudas, se presentó en el momento y lugar menos indicado: en la víspera de la batalla de Salta. "El general compungido por tan tremenda situación pero no abatido, hizo construir una carretilla para poder dirigir la batalla", comenta el doctor Antonio Alberto Guerrino, miembro de la Academia Argentina de la Historia y del Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades.
Afortunadamente los vómitos cesaron y no fue necesario utilizar tan incómodo medio de transporte. Recuperado, montó su caballo y recorrió todo el frente de batalla. La carretilla en este momento se encuentra en el Museo Histórico de Luján. El doctor supone que "la causa de la hematemesis proviene de un trastorno en el aparato digestivo: una úlcera provocada por las severas y continúas tensiones nerviosas que debía soportar" .Pero ya antes de sus enfrentamientos con los españoles Belgrano padeció una serie de males durante su juventud y a lo largo de su corta vida. Todo lo contrario a San Martín que, aunque tuvo también una vida de padecimiento, llegó a longevo: murió a los 72 años. En cambio, Belgrano no tuvo tanta suerte, apenas llegó a vivir cinco décadas, y enfermo.
Hijo de padre acaudalado, fue enviado a cursar sus estudios de abogado a España. Hombre apuesto, ojos miel, blanco, no tan alto, "era un adepto al bello sexo femenino -comenta el especialista-. Antes de 1796 había padecido una afección ocular. El lagrimal se le ocluía y acumulaba líquido que drenaba por una fístula que tenía en la periferia de su ojo derecho. Este trastorno no fue muy significativo para su vida y se curó con prontitud.
Sin embargo, no tuvo el mismo final la afección reumática. "Graves dolores articulares, musculares y postración. Parece que este mal fue la causa de su posterior cardiopatía, que en última instancia lo lleva a la muerte. Existe una frase sublime para el reumatismo, se dice que lame las articulaciones y muerde el corazón.
Así ocurrió con Belgrano, el reumatismo le originó afecciones cardiovasculares". Lo mismo, comenta el doctor Guerrino, le pudo haber pasado a Mariano Moreno. Muchos dicen que pudo haber sido envenenado en el barco, tras su viaje a Europa, pero es posible que haya causado su muerte un mal cardíaca.
Contemporáneo de la Revolución Francesa, se embebió de los pensamientos e ideales de los intelectuales franceses: libertad, igualdad y fraternidad. Después de la batalla de Salta, el gobierno exigió a Belgrano que persiguiera a los realistas y realizara un avance rápido hacia el Potosí.
El 3 de mayo, el héroe envió una comunicación al gobierno en la que manifestaba: "Estoy atacado de paludismo - fiebre terciana, que me arruinó a términos de hacerme penoso aún el hablar; felizmente lo he desterrado y hoy es el primer día, después de los doce que han corrido que me hallo capaz de algún trabajo". Belgrano, enfermo, realizó la campaña por el Altiplano, libró las batallas de Vilcapugio y Ayohúma. Regresó a Jujuy, Salta y Tucumán en iguales condiciones de salud. En Tucumán transmitió el mando del ejército al Libertador San Martín y según su confesión: "seguía afectado por la terrible terciana y se vio obligado a pedir licencia para atender a su quebrantada salud".
Punzante dolor de cabeza
Tenía punzantes dolores de cabeza y accesos febriles durante todo el día "A las elevadas temperaturas, le precede un violento escalofrío. Que luego le sigue un ascenso que oscila 39 y 40 grados y dura entre 6 y 8 horas". "En resumen, durante dos años sufrió el paludismo, inclusive hasta 1815 lo envían con Rivadavia a una misión diplomática en Europa", comenta el doctor. En sus últimos años sufrió por la aparición de ascitis o hidropesía: es decir, abdomen muy agrandado debido al derrame que se produce en la cavidad abdominal.
Para curarlo se le realizaba punciones como tratamiento. Pero el líquido se volvía a reproducir.
Unas de las tantas enfermedades que agobiaba al creador de la bandera fue la hematemesis o vómitos de sangre que, sin lugar a dudas, se presentó en el momento y lugar menos indicado: en la víspera de la batalla de Salta. "El general compungido por tan tremenda situación pero no abatido, hizo construir una carretilla para poder dirigir la batalla", comenta el doctor Antonio Alberto Guerrino, miembro de la Academia Argentina de la Historia y del Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades.
Afortunadamente los vómitos cesaron y no fue necesario utilizar tan incómodo medio de transporte. Recuperado, montó su caballo y recorrió todo el frente de batalla. La carretilla en este momento se encuentra en el Museo Histórico de Luján. El doctor supone que "la causa de la hematemesis proviene de un trastorno en el aparato digestivo: una úlcera provocada por las severas y continúas tensiones nerviosas que debía soportar" .Pero ya antes de sus enfrentamientos con los españoles Belgrano padeció una serie de males durante su juventud y a lo largo de su corta vida. Todo lo contrario a San Martín que, aunque tuvo también una vida de padecimiento, llegó a longevo: murió a los 72 años. En cambio, Belgrano no tuvo tanta suerte, apenas llegó a vivir cinco décadas, y enfermo.
Hijo de padre acaudalado, fue enviado a cursar sus estudios de abogado a España. Hombre apuesto, ojos miel, blanco, no tan alto, "era un adepto al bello sexo femenino -comenta el especialista-. Antes de 1796 había padecido una afección ocular. El lagrimal se le ocluía y acumulaba líquido que drenaba por una fístula que tenía en la periferia de su ojo derecho. Este trastorno no fue muy significativo para su vida y se curó con prontitud.
Sin embargo, no tuvo el mismo final la afección reumática. "Graves dolores articulares, musculares y postración. Parece que este mal fue la causa de su posterior cardiopatía, que en última instancia lo lleva a la muerte. Existe una frase sublime para el reumatismo, se dice que lame las articulaciones y muerde el corazón.
Así ocurrió con Belgrano, el reumatismo le originó afecciones cardiovasculares". Lo mismo, comenta el doctor Guerrino, le pudo haber pasado a Mariano Moreno. Muchos dicen que pudo haber sido envenenado en el barco, tras su viaje a Europa, pero es posible que haya causado su muerte un mal cardíaca.
Contemporáneo de la Revolución Francesa, se embebió de los pensamientos e ideales de los intelectuales franceses: libertad, igualdad y fraternidad. Después de la batalla de Salta, el gobierno exigió a Belgrano que persiguiera a los realistas y realizara un avance rápido hacia el Potosí.
El 3 de mayo, el héroe envió una comunicación al gobierno en la que manifestaba: "Estoy atacado de paludismo - fiebre terciana, que me arruinó a términos de hacerme penoso aún el hablar; felizmente lo he desterrado y hoy es el primer día, después de los doce que han corrido que me hallo capaz de algún trabajo". Belgrano, enfermo, realizó la campaña por el Altiplano, libró las batallas de Vilcapugio y Ayohúma. Regresó a Jujuy, Salta y Tucumán en iguales condiciones de salud. En Tucumán transmitió el mando del ejército al Libertador San Martín y según su confesión: "seguía afectado por la terrible terciana y se vio obligado a pedir licencia para atender a su quebrantada salud".
Punzante dolor de cabeza
Tenía punzantes dolores de cabeza y accesos febriles durante todo el día "A las elevadas temperaturas, le precede un violento escalofrío. Que luego le sigue un ascenso que oscila 39 y 40 grados y dura entre 6 y 8 horas". "En resumen, durante dos años sufrió el paludismo, inclusive hasta 1815 lo envían con Rivadavia a una misión diplomática en Europa", comenta el doctor. En sus últimos años sufrió por la aparición de ascitis o hidropesía: es decir, abdomen muy agrandado debido al derrame que se produce en la cavidad abdominal.
Para curarlo se le realizaba punciones como tratamiento. Pero el líquido se volvía a reproducir.







