El fin de una época en la Justicia Federal

Hubo un momento clave, que fue el 18 de octubre, cuando el Jurado de Enjuiciamiento destituyó a Terán. El espejo de este hecho siempre alarmó a Parache. Idas y vueltas. Por Federico Abel - Redacción LA GACETA.

21 Marzo 2007
El todavía juez federal Jorge Parache supo que su suerte estaba echada cuando el 18 de octubre el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados destituyó a su entonces par, Felipe Terán, por mal desempeño. Ese día, cuando se levantó la sesión en la sala de audiencias de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, los asesores de los consejeros que estaban presentes murmuraron que, con semejante antecedente, era prácticamente imposible que Parache no corriera el mismo destino que Terán. Para colmo, un día antes, en el movimiento procesal más arriesgado, el fiscal federal Carlos Brito había pedido a Mario Racedo (al frente del despacho de Terán) que citara a Parache a declarar como imputado con el cargo de supuesto partícipe necesario, pero no ya de una presunta tentativa de defraudación -calificación que aún acosa a Terán-, sino de una supuesta defraudación consumada.
La señal inequívoca de que Parache sabía que el horizonte se planteaba como trágico fue el mismo 19 de octubre. Ese día, el juez desistió de presentarse a ampliar su descargo personalmente ante la comisión de Acusación del Consejo de la Magistratura, como osadamente lo había hecho el 16 de mayo, para diferenciarse de Terán, quien se había mostrado más esquivo.
Cuando las cosas se apaciguaron tras la salida de Terán, Parache recuperó momentáneamente las esperanzas. El indulgente senador Nicolás Fernández, que instruía el sumario en su contra, se encontraba en condiciones de emitir un dictamen y, por ende, de aconsejar que el expediente fuera archivado o, bien, que Parache fuera sometido a un proceso de remoción. Pero no lo hizo y prefirió esperar.

Ajedrez interminable
Había un motivo valedero para balconear, como suele decirse. El 17 de noviembre entró en vigencia la kirchneriana Ley 26.080, que redujo de 20 a 13 el número de miembros del Consejo y que desequilibró a favor del factor político la composición del cuerpo. Luego, empezó un prolongado ajedrez por el reparto del poder interno de este órgano fundamental y por las negociaciones emprendidas, principalmente, para acordar el reglamento que regulará el funcionamiento de la fusionada comisión de Disciplina y Acusación.
Pasaron las fiestas y la feria de enero. Parache (cumple 59 años el 12 de mayo) seguía ganando tiempo y se entusiasmaba con la idea de que su sumario siguiera planchado, pese a que Brito insistía para que lo citaran como imputado. Llegar a noviembre parecía la meta, para poder iniciar los trámites de la jubilación ordinaria.
La semana pasada pidió licencia. Al parecer, le habría llegado la información de que, por fin, la comisión de Acusación y Disciplina iba a tener un reglamento, y que Fernández estaba decidido a avanzar. De hecho, quizá para aventar sospechas sobre los motivos de la tardanza del ya casi eterno sumario contra Parache, en las reuniones de aquella comisión el senador solía advertir a sus pares que necesitaba imperiosamente una normativa para sacar dictámenes.

Fin de semana de rumores
El fin de semana ya había fuertes rumores de que Parache iba a renunciar, agobiado por tantos frentes abiertos. La renuncia, en el caso de que le fuera aceptada, lo salvaría del sumario en el Consejo, pero no de las causas penales. Racedo estaba a punto de resolver los requerimientos de Brito cuando el mes pasado Parache intentó el último subterfugio: cuestionar la constitucionalidad de la Ley Carrió, que permite que los magistrados -entre otros- sean citados a declarar, pese a sus prerrogativas constitucionales. Pero si la dimisión se hace efectiva volverá a ser un simple ciudadano y, más temprano que tarde, desfilará por los pasillos por los que solía pasear elegantemente como magistrados, pero ya como imputado, como le sucedió a Terán.
Menos se entiende -y da lugar a suspicacias- el confuso último párrafo del texto de su dimisión, en el que sugiere (aunque él pone el verbo ponderar) que, hasta tanto designen a un subrogante, le acepten la renuncia desde el 31 de mayo. Sea como fuere pareciera acercarse irremediablemente el fin de una época en la Justicia Federal. Los dos próximos magistrados saldrán por concursos, lo que no es poco.