24 Diciembre 2006 Seguir en 
Se entremezclan aspectos positivos con otros menos alentadores al analizar la realidad del Mercosur: es una zona de libre comercio en pleno funcionamiento; el único sector excluido de su aplicación es el del azúcar y sus derivados, al cual se agrega, con una situación especial, el sector automotriz. Como Unión Aduanera es bastante “imperfecta”, por la vigencia de excepciones y por indefinición del tratamiento de la cuestión de la distribución de la renta aduanera, que impide que los productos originarios de países no miembros del bloque, aun pagando el arancel externo común, tengan libre circulación.
Si relacionamos el momento actual del bloque con el período que va de 1999 (devaluación del real) a 2002 (crisis argentina), es claro que el comercio ha crecido sostenidamente. Hoy las exportaciones intrazonales superan los U$S 21.000 millones; las exportaciones totales, los U$S 170.000 millones, y el comercio total del Mercosur (exportaciones más importaciones totales), los U$S 275.000 millones. Ello es positivo. Sin embargo, las exportaciones intrazonales sólo alcanzan un 13% de las exportaciones totales y ese es un dato negativo, similar al de 1995.
Los inconvenientes mayores del bloque están ligados a los déficits en la voluntad política común. ¿Cómo se puede aspirar a fortalecer el bloque si Uruguay y Paraguay, aperturistas, parecen más preocupados por suscribir acuerdos de libre comercio con EEUU que por apuntalar la integración regional? Ellos buscan nuevos horizontes en sus negociaciones y presionan sobre los socios más grandes porque están, con toda justicia, absolutamente insatisfechos con el resultado global del Mercosur respecto de sus países.
Por otra parte, la controversia entre Uruguay y Argentina demuestra la inmadurez y la poca competencia de los gobiernos de ambos países para compatibilizar sus intereses y resolver mediante negociaciones directas un problema binacional que, en sus orígenes, era absolutamente negociable. Muestra también las limitaciones del gobierno de Brasil, que pretende ser líder en la región pero sin “contaminarse” con los problemas de sus socios. (Especial para LA GACETA)
Si relacionamos el momento actual del bloque con el período que va de 1999 (devaluación del real) a 2002 (crisis argentina), es claro que el comercio ha crecido sostenidamente. Hoy las exportaciones intrazonales superan los U$S 21.000 millones; las exportaciones totales, los U$S 170.000 millones, y el comercio total del Mercosur (exportaciones más importaciones totales), los U$S 275.000 millones. Ello es positivo. Sin embargo, las exportaciones intrazonales sólo alcanzan un 13% de las exportaciones totales y ese es un dato negativo, similar al de 1995.
Los inconvenientes mayores del bloque están ligados a los déficits en la voluntad política común. ¿Cómo se puede aspirar a fortalecer el bloque si Uruguay y Paraguay, aperturistas, parecen más preocupados por suscribir acuerdos de libre comercio con EEUU que por apuntalar la integración regional? Ellos buscan nuevos horizontes en sus negociaciones y presionan sobre los socios más grandes porque están, con toda justicia, absolutamente insatisfechos con el resultado global del Mercosur respecto de sus países.
Por otra parte, la controversia entre Uruguay y Argentina demuestra la inmadurez y la poca competencia de los gobiernos de ambos países para compatibilizar sus intereses y resolver mediante negociaciones directas un problema binacional que, en sus orígenes, era absolutamente negociable. Muestra también las limitaciones del gobierno de Brasil, que pretende ser líder en la región pero sin “contaminarse” con los problemas de sus socios. (Especial para LA GACETA)








