El binomio eje de la integración

El Mercosur debe superar las trabas que lo han llevado a ser un híbrido, que no llega a ser ni un mercado común ni una zona de libre comercio. Punto de vista. Por Fabián Calle - Politólogo y docente de las Universidades Di Tella y Católica.

24 Diciembre 2006
Durante el último año se ha visto fortalecida sustancialmente la relación entre la Argentina y Brasil, eje alrededor del cual se inició el proceso de integración a mediados de la década de los 90. Ambos países han fortalecido sensiblemente su macroeconomía por medio de importantes superávits fiscales, del pago de sus deudas con el FMI, de un creciente acceso a los mercados de capitales, de niveles mínimos -en términos históricos- de riesgo país, de superávits comerciales, etcétera. Todo combinado con subas importantes en los precios de algunas de las materias primas que exportan. Esto les otorga menores niveles de vulnerabilidad externa y mayores espacios de negociación.
Pero el Mercosur se enfrenta al desafío de profundizarse y perfeccionarse, y no sólo de crecer en número de países. Es más: la única forma en que la integración de un país importante -por su masa crítica y por su rol en la industria petrolera y gasífera, y dotado de un gobierno revolucionario (pero no suicida)- como el de Chávez no derive en un problema mayor que los beneficios para el Mercosur es que la integración consolide sus entramados institucionales y logre superar las trabas que lo han llevado a ser un híbrido, que no llega a ser ni un mercado común ni una zona de libre comercio. Al mismo tiempo, la Argentina y Brasil deben responder a parte de las expectativas y de las agendas de Uruguay y Paraguay. Si bien nadie los obligó entrar y en gran medida lo hicieron por interés y decisión de ellos mismos, no cabe duda de que las economías más grandes deben responder de manera concreta a las expectativas de estos dos países más chicos. Para esto es necesaria la implementación de fondos estructurales.
El diferendo entre la Argentina y Uruguay por la instalación de las papeleras tampoco deja de ser un elemento perturbador, si bien no parece afectar el eje de la integración, o sea, el que une a la Argentina y a Brasil. Los gobiernos argentino y uruguayo deberían asumir que, más allá de las tensiones sobre este tema, se debe evitar transformar el Mercosur en un campo de batalla por algo que tiene que ser resuelto de manera bilateral. (Especial para LA GACETA)




















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