El reto
Por detrás de los incidentes de violencia protagonizados por adolescentes y jóvenes, se ve lo que hacen o no hacen los padres. La salida del problema parece muy lejana. Por Roberto Delgado - Prosecretario de Redacción.
09 Diciembre 2006 Seguir en 
Mi hijo es igual a cualquier adolescente que vive en una sociedad donde domina la violencia. Así habló, hace más de un mes, la madre del primer chico detenido por el incidente entre las patotas de "La banda del quiosquito" y "La banda del portón", que terminó en la muerte del adolescente César Navarro Murhell (lo mató de un balazo un policía que trataba de detener la pelea). Anteayer, en Tribunales, los padres de algunos integrantes de "La banda el portón" se pelearon entre sí, a los gritos, echándose culpas por la situación de sus hijos, que fueron detenidos por los incidentes del martes pasado en Barrio Sur. El juez Raúl Ruiz debió llamarles la atención, y les ordenó que no permitan que sus hijos salgan de sus casas durante este fin de semana, ni que consuman bebidas alcohólicas.¿Qué reflexión hicieron estos padres desde la muerte de Navarro Murhell hasta el incidente del martes, cuando un grupo trató de golpear a un muchacho y apedreó una vecindad, sólo porque el chico le dijo al líder de la patota que dejara de buscar a su hermana? Uno de esos revoltosos ya estaba cumpliendo medidas tutelares, precisamente, por el incidente con "La banda del quiosquito". Pareciera que tampoco reflexionaron algunos padres de los chicos que se pelearon ayer en Maipú al 500. "Fue una pelea entre chicos, como ocurre en cualquier lado. La Policía no debió haber intervenido", dijo un señor que fue a buscar a su hijo, detenido en la Patrulla Urbana. Otro fue más sensato y dio una sentencia para los peleadores. "Espero que los hayan tratado bien y que hayan aprendido la lección", remarcó.
Pero ni siquiera eso resuelve el problema. Las últimas semanas han sido pródigas en incidentes de violencia, y el más grave fue el ataque al martillero Francisco González. "Estamos frente a un grave problema social", dijo la especialista Silvina Cohen Imach. "Este es un problema que nos afecta a todos. Estamos todos involucrados y debemos actuar", advirtió, por su parte, la jueza Nora Wexler.
¿Qué hacer? Los jueces de Menores y la jueza de Instrucción Mirta Lenis de Vera ya empezaron un camino: envían a los chicos violentos a hacer talleres de reflexión contra la violencia. Pero no alcanza, porque el Estado no tiene infraestructura adecuada. De hecho, en la oficina municipal contra la violencia (familiar) apenas hay espacio para tratar a unos pocos hombres, y de menores de edad no se habla. No hay lugar. Tampoco hay suficientes gabinetes psicopedagógicos ni personal capacitado en todas las escuelas, como se convino hace dos años, después de la tragedia de Carmen de Patagones.
Nadie puede tirar la primera piedra en esta cuestión. El arzobispo Jorge Bergoglio advirtió que, hoy, los padres, que no tienen tiempo para darles a sus hijos, no ejercen su autoridad y tratan de ser compinches, de ser "un padre mp3 y una madre digital". Y esperan que el Estado haga los controles. De eso se quejó el jefe de Policía, Hugo Sánchez. "No se puede controlar cada una de las fiestas de egresados... es responsabilidad de las personas que organizan la fiesta, de los padres que deben vigilar la conducta de sus hijos y de los colegios", dijo.
Acaso hace falta comenzar a ver que los chicos aprenden el ejemplo de la violencia primero, de sus mayores, y después, de la sociedad. Y quizá venga bien reprender más a menudo a los padres y también a las autoridades, para que asuman sus responsabilidades en un mundo descontrolado.







