El terreno baldío junto al camino de sirga genera inquietud entre vecinos del lugar

Un testigo le dijo a LA GACETA que tienen sospechas en relación a una vivienda del barrio Marti Coll, cercana al predio. Creen que los pozos profundos se usan para esconder cosas robadas.

MALEZAS. En el terreno junto al camino de sirga había una plantación de coníferas, pero ahora es un enorme baldío. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
MALEZAS. En el terreno junto al camino de sirga había una plantación de coníferas, pero ahora es un enorme baldío. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
01 Septiembre 2006
De un lado está el camino de tierra que bordea al barrio Marti Coll. En el medio, el camino de sirga y el canal que separa a Yerba Buena de El Manantial. Y hacia el sur se abre un enorme predio tapado de malezas, en el que crecen tártagos y árboles de diversas alturas.
El terreno queda a pocos metros  de la casa de Universo 960, que la Policía allanó el 11 de agosto en busca de indicios sobre la maestra desaparecida el 31 de julio, y que pertenecería a un familiar de Susana Acosta, una de las detenidas en la causa por la desaparición de Angela Beatriz Argañaraz. Según vecinos, el predio es un sitio ideal para ocultar cualquier cosa, incluso a una persona.
El martes se contactó con LA GACETA un hombre que dijo haber limpiado manchas rojas en la vivienda, lo que no sólo generó preocupación entre encargados de la pesquisa quienes, entre otros, están investigando a Luis Fernández, hermano de Nélida, la otra imputada. “Esa casa no es mía. Es de una hermana de Susana. No tengo idea de lo que pasó en ese lugar. Y también son mentiras que el 31 haya estado con mi sobrina (hija de Nélida)”, aseguró Fernández.
Luis, un hombre cuya identidad se mantiene en reserva, le relató a su novia que él fue quien limpió el departamento de Fernández y Acosta, de Catamarca 30, y la casa de Universo 960, de Yerba Buena. En esa última casa, según el hombre, había manchas rojas por todos lados. “Cuando después vi que estaba desaparecida una maestra y que sospechaban de estas dos mujeres, me fui a Salta”, señaló la pareja del testigo.
A pocas cuadras de la casa deshabitada, el monte se despliega. “Allí había una plantación de coníferas, pero, desde que las cosecharon, es un monte”, indicó Víctor Hugo Villagrán, que vive en la zona desde hace 16 años.
Cruzado por senderos que conectan el camino de sirga con un asentamiento de viviendas precarias, el predio tiene varios pozos de gran profundidad, algunos semitapados o con borde de cemento.
 “De hecho, creo que los pozos se usan para ‘almacenar’ objetos robados”, señaló Villagrán. “A veces, desmalezan la banquina, pero el terreno sigue tapado de malezas”, agregó Alejandra, que vive sobre el lado norte del canal, frente al predio abandonado.

Nadie se interna
Es común que se detengan autos o camionetas sobre la banquina y que sus propietarios se bajen a arrojar basura. Pero los conductores no se internan entre las malezas, sino que caminan unos metros por alguno de los numerosos senderos para dejar los residuos. “Una persona decente no puede entrar allí sin arriesgarse a que le roben o le den una paliza”, dijo Villagrán a LA GACETA.  
También la Policía reconoce que la zona puede ser peligrosa. “Nosotros hicimos varias veces rastrillajes por ese predio. No por el caso de la maestra, sino en busca de cosas robadas y porque por los senderos muchas veces huyen los delincuentes”, dijo el oficial Jorge Negrete, del destacamento del barrio Marti Coll.