01 Septiembre 2006 Seguir en 
En la mayoría de los casos de desaparecidos, cuando se encuentran los cadáveres, generalmente los cuerpos son descubiertos por personas ajenas a la investigación, pese a que se hayan realizado intensos rastrillajes por parte de la Policía y de los familiares de las víctimas. En los últimos cuatro años se sucedieron tres historias en las que los cadáveres fueron hallados por lugareños.
Evelio Hubaldino Depetris, un hombre de 57 años que padecía el mal de Parkinson, se había extraviado el 12 de agosto de 2001 en la zona del Club Médico de Los Nogales, donde había ido a comer un asado. Los familiares, junto a la Policía y a los enduristas, recorrieron toda la provincia. El 11 de julio de 2002, un niño de la zona que juntaba leños junto a su abuelo descubrió el cráneo del hombre, a dos kilómetros de donde había desaparecido.
Otro crimen que atrapó a la opinión pública fue el del contador Carlos Julio Albarracín. El hombre había desaparecido el 2 de diciembre de 2002. La última vez que lo vieron salía de su oficina céntrica en su auto. El rodado apareció luego en perfecto estado. Albarracín era socio y gerente de una financiera. Siempre se sospechó que habría sido asesinado en un ajuste de cuentas. Pese a las investigaciones, nunca se encontró nada hasta el 17 de setiembre de 2003, cuando un baqueano descubrió los restos a metros de la ruta que lleva a Villa Nougués.
El último asesinato que conmocionó a la sociedad fue el de la estudiante Paulina Lebbos. La joven fue vista por última vez el 26 de febrero, cuando había ido a los bares del ex Abasto con sus amigas. A las 7, abordó un remise en la esquina de Alem y pasaje Gutiérrez. Su cuerpo fue hallado el 11 de marzo en Tapia, por dos baqueanos que recorrían el lugar.
Evelio Hubaldino Depetris, un hombre de 57 años que padecía el mal de Parkinson, se había extraviado el 12 de agosto de 2001 en la zona del Club Médico de Los Nogales, donde había ido a comer un asado. Los familiares, junto a la Policía y a los enduristas, recorrieron toda la provincia. El 11 de julio de 2002, un niño de la zona que juntaba leños junto a su abuelo descubrió el cráneo del hombre, a dos kilómetros de donde había desaparecido.
Otro crimen que atrapó a la opinión pública fue el del contador Carlos Julio Albarracín. El hombre había desaparecido el 2 de diciembre de 2002. La última vez que lo vieron salía de su oficina céntrica en su auto. El rodado apareció luego en perfecto estado. Albarracín era socio y gerente de una financiera. Siempre se sospechó que habría sido asesinado en un ajuste de cuentas. Pese a las investigaciones, nunca se encontró nada hasta el 17 de setiembre de 2003, cuando un baqueano descubrió los restos a metros de la ruta que lleva a Villa Nougués.
El último asesinato que conmocionó a la sociedad fue el de la estudiante Paulina Lebbos. La joven fue vista por última vez el 26 de febrero, cuando había ido a los bares del ex Abasto con sus amigas. A las 7, abordó un remise en la esquina de Alem y pasaje Gutiérrez. Su cuerpo fue hallado el 11 de marzo en Tapia, por dos baqueanos que recorrían el lugar.









