La culpa es el motor que lleva a reconocer un delito

Hay mecanismos mentales, como el remordimiento, que pueden desencadenar la admisión de un crimen que parecía perfecto.

01 Septiembre 2006
“Nadie confiesa su propio crimen” es una frase común en la jerga carcelaria. Lo reconocen los fiscales y los jueces que interrogan a los acusados. Lo saben los expertos en salud mental que tratan a los delincuentes. La mayoría de los que cometen crímenes prefiere no hablar, dicen los especialistas, salvo que algunos mecanismos mentales les jueguen una mala pasada.
La culpa y el remordimiento suelen ser los dos motores de cambio más comunes que desencadenan una confesión, especificó el psicólogo Luis Seiffe, director del Instituto de Criminología. “Cuando la vergüenza y la relación con la culpa se hacen insostenibles, se puede llegar a cambiar de posición, pese a que la persona no quiera confesar un delito”, explicó. El experto añadió que la confesión tiene una tradición cristiana (yo, pecador, me confieso) y siempre está ligada al remordimiento.
Seiffe contó que, en general, los que cometen delitos se sostienen en una versión o no se quiebran, aun cuando tuvieran muchas pruebas graves en su contra. “Cuando reciben una sentencia, todo queda olvidado tras lo que el juez decide”, especificó.
En donde menos confesiones se encuentran es en los casos de asesinatos, según los expertos. Sin embargo, la persona puede llegar a asumir el delito por algún tropiezo de la vida cotidiana, sostuvo. Ni los crímenes más perfectos se salvan. “En un exceso de violencia, de vehemencia, o preso de las pasiones, alguien puede llegar a decir algo que no quería”, destacó Seiffe.
El psiquiatra Angel Uslenghi explicó que el ser humano tiene internalizadas las reglas de convivencia y que, cuando las viola, se siente culpable y se aisla. Confesar lo que hizo es un modo de restituirse al conjunto social, dijo.
En cuanto a las técnicas de confesión, los expertos en Criminología sostienen que la ley exige que la persona sea consciente de su confesión. Es por eso que descubrir índices de la verdad a través de los actos fallidos, los lapsus o de hipnosis no son valiosos en un expediente, detallaron.
Aunque sí hay algunas metodologías que pueden servir para hacer “pisar el palito”. La más importante y muy usada es el interrogatorio hostil o careo, en el que se somete a dos personas opuestas a una mutua presión para obtener alguna contradicción. En otros países, por ejemplo, se trata de negociar con los acusados para obtener una confesión. A cambio de esta, los fiscales otorgan beneficios con reducciones de penas. “Cualquier interrogatorio es válido mientras no haya violencia físico o psíquica”, añadió  Uslenghi.

Gran alivio
El psicoanalista Eduardo Núñez Campero sostiene que existen sociedades que propician el delito; aquellas con una muy desigual distribución de la riqueza, por ejemplo. “En estos casos, permitir que la culpa aflore desde el fondo de las razones que el individuo se da para cometer el delito es una tarea ímproba y, a veces, una opción ética”, sostuvo.
“Cuando en el delito están en juego variables que se soportan menos en la realidad social y más en el drama subjetivo, poder identificar esa culpa constitutiva y separarla de la que emerge de su acto delictivo es indispensable para restaurar la dimensión de la responsabilidad personal y, aunque parezca paradójico, esto constituye un gran alivio para el sujeto transgresor”, concluyó.