Dos crímenes que se develaron con confesiones

"Doña Rosa" y la esposa de un ex comisario aparecieron después de que los asesinos dijeron que las habían matado y enterrado. La historia de un falso homicidio en Lastenia.

ESCENA DEL CRIMEN. En mayo de 1991, la Policía halló  el cuerpo de Doña Rosa enterrado en su casa. Junto al árbol, había sido asesinada a golpes. ARCHIVO LA GACETA
ESCENA DEL CRIMEN. En mayo de 1991, la Policía halló el cuerpo de Doña Rosa enterrado en su casa. Junto al árbol, había sido asesinada a golpes. ARCHIVO LA GACETA
01 Septiembre 2006
El caso de la docente Angela Beatriz Argañaraz despierta el recuerdo de otros sucesos similares, en los que hubo víctimas que estuvieron durante mucho tiempo desaparecidas hasta que los agresores confesaron lo que había ocurrido.
En abril de 1995, los vecinos de Lastenia se conmocionaron con la historia de Justina Beatriz Orellana, que había desaparecido en 1991. En ese momento, la familia de Betty y la de su pareja, Celedonio Argentino Lobo, la buscaron por toda la provincia.
Cuatro años después, la Policía recibió un llamado anónimo en el que denunciaban que la joven había sido asesinada y enterrada. Inmediatamente, Lobo, conocido como el "Cafetero Cele", fue detenido. El hombre, con el que Betty tenía dos hijos, confesó, entre llantos: "la maté por celos". Declaró que le había pegado una trompada, la había estrangulado y luego la había enterrado.
La Policía excavó en la casa del sospechoso y en el descampado donde "Cele" había dicho que estaba. Pero nunca se encontró nada. Días después, el acusado declaró que era inocente. Explicó que los que lo detuvieron lo presionaron y por eso había confesado algo que no era cierto. En 1999, durante el juicio, Lobo fue absuelto. Al no encontrar rastros de Betty, la Justicia consideró que una confesión irregular no era suficiente para condenarlo.

En el fondo de la casa
Otro caso conmovedor fue el de Doña Rosa. Desde el 2 de mayo de 1991, la Policía investigaba la desaparición de Rosa Díaz Alvarado, suegra del pintor Juan Alberto del Valle Scarone Moyano. El hombre siempre estuvo en el blanco de las sospechas, aunque supo engañar a los pesquisas hasta 20 días después, cuando los dos criminales que llevaron a cabo la ejecución ideada por el pintor se quebraron. Doña Rosa había sido asesinada a mazazos, estrangulada y enterrada en su propia casa, en Banda del Río Salí. La Policía halló junto al cuerpo, a otra víctima: el albañil Rubén Rivero. El homicidio se había producido en octubre de 1990. Los acusados también confesaron que habían matado a un pintor, Ramón Ocón, de 54 años.
Otro suceso misterioso fue el de María Lidia Dotelo, quien había desaparecido en 1987. Los restos de la mujer permanecieron enterrados durante 11 años en el fondo de la casa en la que vivía con su marido, el ex policía Francisco Romano, en el barrio El Bosque. El hecho se descubrió en marzo de 1999, cuando el sospechoso, en medio de una discusión con una de sus hijas, le dijo: "te voy a matar como a tu mamá y te voy a enterrar en el fondo". Estas palabras despertaron sospechas en su hijo, quien lo denunció. Entonces, la Policía realizó un allanamiento en la vivienda. A casi cuatro metros de profundidad, los efectivos hallaron los restos de la mujer.