17 Agosto 2006 Seguir en 
"Son unas víboras; quieren serrucharme el piso". Ese fue uno de los pocos comentarios que le hizo Angela Beatriz Argañaraz a su amiga Carolina Fernández acerca de su trabajo en la escuela Padre Roque Correa. "No me dijo a quién se refería; pero estaba hablando del cargo de dirección que le habían ofrecido. Lloraba mucho por ese tema", relató Fernández a LA GACETA.
También aseguró que jamás la escuchó nombrar a ninguna de las detenidas en el caso, Nélida Fernández y Susana Acosta. "No las debe haber considerado amigas", dijo.
La última comunicación que mantuvo con la docente fue el jueves anterior a la desaparición, el 31 de julio. "Teníamos que vernos el viernes porque era el cumpleaños de Julio (Navarro, su ex pareja); pero yo le avisé que no iba a poder ir", contó.
La mujer, que es maestra en una escuela de Burruyacu, contó que conoce a Betty desde hace ocho años, pero que se hicieron muy amigas hace unos cuatro. "Formábamos un grupo que se reunía los viernes en la feria de la calle 24 de Septiembre, a comer empanadas, a tomar un vino. Cuatro mujeres y un profesor de Educación Física. Algunas veces estábamos las dos solas; otras, venía Julio a buscarla -añadió-. Nos íbamos temprano; esperábamos dos remises y no se iba hasta que yo tomaba el mío. Es muy precavida, nunca se subió a un auto que no fuese de una remisería conocida".
De todos modos, aclaró, en los últimos meses no se vieron. "Estaba siempre ocupada. Entre los dos trabajos y las pruebas que tenía que corregir, no tenía tiempo para salir. Los fines de semana los pasaba metida en la casa", contó.
Una pareja ocasional
Fernández confirmó lo que ya se sabe desde hace tiempo: Betty había mantenido una relación ocasional con un hombre, de nombre Santiago, mayor que ella y casado, pero dejó de verlo hace al menos un año. "Creo que se conocieron en mi casa, durante un asado. No eran una pareja estable, sino que se veían muy de vez en cuando. Ella se lo tomaba con mucha tranquilidad, nunca le hizo exigencias ni le planteó que dejara a su familia. El tampoco quería eso", explicó la amiga de la maestra.
El hombre, relató Fernández, fue un par de veces a la casa de Betty, pero siempre para participar de reuniones con otras personas. "No sé por qué Julio insiste en afirmar que ella no tenía otra relación. Quizás no sabía, quizás ella no le contó, quizás a él le costaba asumir que ella podía armar otra vida", dijo Fernández.
Navarro y Argañaraz ya no eran pareja desde hace varios años, pero continuaban viviendo en la misma casa, como amigos.
También aseguró que jamás la escuchó nombrar a ninguna de las detenidas en el caso, Nélida Fernández y Susana Acosta. "No las debe haber considerado amigas", dijo.
La última comunicación que mantuvo con la docente fue el jueves anterior a la desaparición, el 31 de julio. "Teníamos que vernos el viernes porque era el cumpleaños de Julio (Navarro, su ex pareja); pero yo le avisé que no iba a poder ir", contó.
La mujer, que es maestra en una escuela de Burruyacu, contó que conoce a Betty desde hace ocho años, pero que se hicieron muy amigas hace unos cuatro. "Formábamos un grupo que se reunía los viernes en la feria de la calle 24 de Septiembre, a comer empanadas, a tomar un vino. Cuatro mujeres y un profesor de Educación Física. Algunas veces estábamos las dos solas; otras, venía Julio a buscarla -añadió-. Nos íbamos temprano; esperábamos dos remises y no se iba hasta que yo tomaba el mío. Es muy precavida, nunca se subió a un auto que no fuese de una remisería conocida".
De todos modos, aclaró, en los últimos meses no se vieron. "Estaba siempre ocupada. Entre los dos trabajos y las pruebas que tenía que corregir, no tenía tiempo para salir. Los fines de semana los pasaba metida en la casa", contó.
Una pareja ocasional
Fernández confirmó lo que ya se sabe desde hace tiempo: Betty había mantenido una relación ocasional con un hombre, de nombre Santiago, mayor que ella y casado, pero dejó de verlo hace al menos un año. "Creo que se conocieron en mi casa, durante un asado. No eran una pareja estable, sino que se veían muy de vez en cuando. Ella se lo tomaba con mucha tranquilidad, nunca le hizo exigencias ni le planteó que dejara a su familia. El tampoco quería eso", explicó la amiga de la maestra.
El hombre, relató Fernández, fue un par de veces a la casa de Betty, pero siempre para participar de reuniones con otras personas. "No sé por qué Julio insiste en afirmar que ella no tenía otra relación. Quizás no sabía, quizás ella no le contó, quizás a él le costaba asumir que ella podía armar otra vida", dijo Fernández.
Navarro y Argañaraz ya no eran pareja desde hace varios años, pero continuaban viviendo en la misma casa, como amigos.











