Más de 50 civiles mueren por un ataque israelí

La localidad libanesa de Cana fue bombardeada por las fuerzas hebreas y perecieron muchos niños. El hecho generó la indignación y la condena internacional.

EL HORROR. Rescatistas sacan de los escombros de un edificio que fue alcanzado por los proyectiles. Reuter
EL HORROR. Rescatistas sacan de los escombros de un edificio que fue alcanzado por los proyectiles. Reuter
30 Julio 2006
CANA.- Las bombas israelíes mataron este domingo a más de 50 civiles libaneses, en su mayor parte mujeres y niños, principalmente en Cana, en el sur de Líbano, en el bombardeo más sangriento de la ofensiva del Estado hebreo, tras lo cual el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas celebró una reunión urgente.

La tragedia, en la que murieron 52 civiles, 30 de ellos niños, provocó la indignación y la condena de buena parte de la comunidad internacional, mientras Estados Unidos pidió un alto el fuego por primera vez.

"Creo que ha llegado la hora de obtener un alto el fuego", declaró la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, en Jerusalén, donde el sábado se reunió con el primer ministro israelí, Ehud Olmert.
Este, sin embargo, reiteró su negativa a un alto el fuego en Líbano, donde la ofensiva israelí causó hasta ahora 750 muertos, en su mayoría civiles, según fuentes oficiales libanesas.

"Pese al lamentable incidente (de Cana), no pediré a las fuerzas de defensa que paren su fuego o modifiquen sus operaciones. Seguiremos actuando sin dudarlo contra Hezbolá", dijo al término de un consejo de ministros.

El drama de Cana alteró bruscamente los planes en Oriente Medio de Rice. Este domingo, después de reunirse con su homóloga israelí, Tzipi Livni, tenía previsto trasladarse a Beirut, pero tras el bombardeo decidió renunciar a este viaje.

Rice llegó el sábado a Israel por segunda vez en una semana para tratar de impulsar una solución al conflicto entre Israel y el partido chiita libanés Hezbolá, con el que se enfrenta el Estado hebreo desde el 12 de julio.

Mientras, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas mantenía un encuentro de urgencia tras lo sucedido en Cana.
El secretario general de la organización, Kofi Annan, condenó los acontecimientos y pidió a los 15 miembros que actúen ya. "Debemos condenar esta acción en los términos más enérgicos y les reclamo que hagan lo mismo", dijo Annan.

El Consejo de Seguridad mantenía consultas a puerta cerrada sobre el tema y podría emitir algún tipo de declaración sobre lo ocurrido.
El papa Benedicto XVI, por su parte, solicitó en el rezo del Angelus un alto el fuego "inmediato" para poder construir, "a través del diálogo, una cohabitación estable y duradera" en la región.

"No hay lugar para discusiones en esta triste jornada", afirmó por su parte en Beirut el primer ministro libanés, Fuad Siniora, en una declaración televisada en la que denunció a "los criminales de guerra israelíes".

Siniora exigió "un alto el fuego inmediato e incondicional, así como una investigación internacional sobre las masacres israelíes en Líbano".
A las críticas oficiales se unieron las protestas de cientos de libaneses, que atacaron la "Casa de la ONU", sede de esta organización en Beirut, por el bombardeo israelí en Cana.


Israel hizo responzable al Hezbollá
Israel lamentó "la muerte de civiles inocentes", pero precisó haber hecho "muchos llamamientos a los civiles para que abandonaran la zona de combate" antes del mismo.

Además, el Estado hebreo responsabilizó al movimiento chiita de las decenas de muertos, pues "Hezbolá utiliza la aldea de Cana como base de los disparos de cohetes contra Israel".

Cana ya vivió una tragedia parecida el 18 de abril de 1996, cuando un bombardeo israelí bautizado "Uvas de la ira" que tenía como objetivo las milicias de Hezbolá mató a 105 civiles.

En aquella ocasión la condena internacional obligó a Israel a suspender sus acciones contra el movimiento chiita, pero Olmert ha reiterado en más de una ocasión que el ejército no cesará de atacar hasta que acabe con Hezbolá y le impida disparar cohetes o misiles contra territorio israelí, para lo cual dijo el sábado que necesitará dos semanas más.
Además, otros cinco civiles libaneses, miembros de una misma familia, entre ellos dos niños, murieron enterrados bajo los escombros de su casa, destruida en el bombardeo de la localidad de Yarun, al sudeste de Tiro.

Los milicianos chiitas, por su parte, dispararon este domingo unos 144 cohetes al norte de Israel, según el ejército israelí, causando 14 heridos, entre ellos un periodista del diario israelí Haaretz.
El sábado, el líder de Hezbolá, Hassan Nasralá, amenazó a Israel con tomar como blanco las ciudades del centro del país, donde 18 civiles han muerto por los casi 1.800 cohetes disparados por los chiitas libaneses desde el 12 de julio.

Según un balance parcial establecido por la AFP en base a fuentes policiales, ya son 515 las personas, de ellas 441 civiles, las muertas en Líbano por la ofensiva israelí. Pero según el coordinador para asuntos humanitarios de la ONU, Jan Egeland, sólo las víctimas civiles ascienden a 600.

El conflicto también ha causado unos 800.000 desplazados dentro de Líbano, así como la evacuación de varias decenas de miles de extranjeros. (AFP-NA)