Hace 19 años vive en un pueblo sin luz: así sigue el Mundial en el norte santiagueño
Resumen para apurados
- Diego Centeno, docente de Piruaj Bajo (Santiago del Estero), relata cómo la comunidad sin luz eléctrica se organiza con baterías y paneles para ver el Mundial 2026.
- Desde hace 19 años, el paraje carece de tendido eléctrico. Los vecinos dependen de generadores, paneles solares y baterías de vehículos que comparten para seguir a la Selección.
- Esta realidad expone la brecha de infraestructura en el norte argentino y cómo la pasión por el fútbol fomenta la unión comunitaria frente a las adversidades estructurales.
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Mientras millones de personas siguen el Mundial desde televisores, celulares o computadoras conectadas a internet, Diego Centeno vive una realidad diferente. Nació y creció en Pampa de los Guanacos, una localidad en el límite entre Santiago del Estero y Chaco, y desde hace 19 años conoce de primera mano la realidad de Piruaj Bajo, un paraje ubicado en el departamento de Copo donde el tendido eléctrico todavía no llegó. Hoy trabaja como docente en la Escuela N° 380 de la comunidad y vive a pocos metros del establecimiento educativo. También tiene un pequeño kiosco donde vende algunos productos de primera necesidad. Desde allí observa cómo la pasión por la Selección logra superar obstáculos que para gran parte del país resultan difíciles de imaginar.
"Se vive de una manera muy especial", contó Centeno en diálogo con LA GACETA. Cuando juega Argentina, la organización comienza mucho antes del pitazo inicial. No alcanza con prender el televisor y buscar el canal. En Piruaj Bajo primero hay que resolver cómo conseguir energía.
"Las familias se organizan. Si uno tiene un motor, se juntan varios vecinos para verlo ahí. Si alguien tiene una batería, la presta. A veces se saca la batería de una camioneta para poder alimentar los equipos", explicó.
El tendido eléctrico más cercano se encuentra a unos 15 kilómetros de la comunidad, en San José del Boquerón. Mientras esperan que las obras avancen, los habitantes dependen principalmente de paneles solares, baterías y generadores para cubrir necesidades básicas.
Por eso, las condiciones climáticas también influyen en la rutina diaria.
"Cuando hay problemas con los paneles o con las baterías se complica bastante. Son cosas que pueden dejarte sin energía de un momento para otro", señaló.
La dependencia de estos sistemas alternativos no está exenta de riesgos. A comienzos de este año, una falla en uno de los paneles solares provocó un incendio en la vivienda de Centeno. El fuego destruyó parte de la casa y lo obligó a reconstruir gran parte de la estructura.
La situación también impacta en la escuela donde trabaja. El establecimiento cuenta con seis aulas y recibe a más de 120 alumnos entre nivel inicial y primaria. Para muchas familias representa mucho más que un espacio educativo: es uno de los principales puntos de encuentro de la comunidad. Incluso, en la previa al encuentro de Argentina-Austria, el establecimiento sufrió un incendio en dirección lo que provocó la perdida de varios papeles importantes.
A pesar de las dificultades, Centeno destaca que los chicos viven el fútbol con una intensidad especial. "Los chicos están muy empapados de todo lo que pasa. Les gusta mucho el fútbol", aseguró.
El docente también forma parte de Vélez, uno de los clubes de la zona, y conoce de cerca la importancia que tiene el deporte para los habitantes del paraje. Por eso no le sorprende que cada Mundial movilice tanto a grandes como a chicos.
Entre todos los recuerdos que guarda, hay uno que sobresale por encima del resto: la consagración argentina en Qatar 2022. Aquella tarde, el festejo se extendió por los caminos rurales de la región.
"Salimos todos en caravana. Había motos, bocinas, camisetas. Algunos chicos andaban hasta en burritos", recordó entre risas.
La escena quedó grabada en su memoria. Motos, banderas, camisetas albicelestes y familias enteras recorriendo los caminos de tierra para celebrar un título que también sintieron propio.
Centeno reconoce que muchas cosas mejoraron respecto de años anteriores. La llegada de nuevas tecnologías facilitó algunas tareas y permitió una comunicación más fluida con otras localidades. Sin embargo, todavía existen dificultades que condicionan la vida cotidiana.
Durante años, muchas familias debían recorrer largas distancias para comprar productos básicos, realizar trámites o acceder a determinados servicios. Algunas de esas dificultades persisten, aunque la comunidad aprendió a adaptarse.
Esa capacidad para encontrar soluciones aparece también cada vez que juega la Selección. No importa si hay que compartir una batería, poner en marcha un motor o esperar que el sol cargue los paneles. Cuando Argentina sale a la cancha, siempre aparece una alternativa.
Porque para Centeno y para los habitantes de Piruaj Bajo, el Mundial representa mucho más que un torneo de fútbol. Es una oportunidad para reunirse, compartir y sentirse parte de una misma emoción. Una emoción que recorre estadios, ciudades y pueblos de todo el país. Incluso aquellos rincones donde la electricidad todavía no llegó.














