Volvió para refugiarse en su Tucumán natal

La guerra obligó a Noemí Made Aoun a regresar junto a sus tres hijos, desde Beirut Este, donde vive hace 10 años. Su marido se quedó, pero tramita una visa turística.

A SALVO. Noemí y sus hijos, envueltos con la bandera del Líbano.  LA GACETA / JORGE OLMOS SGROSSO
A SALVO. Noemí y sus hijos, envueltos con la bandera del Líbano. LA GACETA / JORGE OLMOS SGROSSO
26 Julio 2006
Ya está. Aquí, las bombas no los alcanzarán. A las 13 de ayer, Noemí Made Aoun y sus tres pequeños hijos, Mateo, Nour y Maroun, pisaron el suelo tucumano. Más de 12.000 kilómetros los separan ahora de su casa y de su barrio en Beirut, donde la guerra -que ya provoca una crisis humanitaria, según los medios presentes en la zona- los obligó a volver a su provincia natal, a refugiarse en El Cevilar, localidad ubicada al sudeste de la capital -donde residen sus padres y adonde ella vivió-, al menos hasta que cese el fuego.

El jefe de la familia, el libanés Geor Aoun, no pudo regresar con ellos, pero ya está tramitando una visa turística para hacerlo.
"Vengo para tranquilizar a mis familiares y a mis chicos. Para estar segura", contó a LA GACETA Noemí, apenas se bajó del colectivo que la trajo de Buenos Aires.

La mujer, de 31 años, conoció a Geor durante un viaje que hizo al Líbano para visitar a sus familiares. Después se casó y, desde hace más de 10 años, vive en su casa de Beirut Este, a sólo 15 cuadras de la parte sur de la capital libanesa, que es el blanco de los bombardeos israelíes. Allí trabaja como manicura; y Geor, como obrero en una fábrica.

Reacción de extranjero

"Líbano es muy chiquito; es la mitad de Tucumán. Por eso, pese a que estábamos en Beirut Este, el peligro era el mismo. Allá tenemos casa (no sufrió daños), familia y trabajo. Pero la situación nos asusta. Quizás porque somos extranjeros es que queríamos buscar el primer avión y salir. Los libaneses están prevenidos, porque ya sufrieron otras guerras. Prepararon alimentos, gas, agua y refugios. Están listos para lo que llegue a pasar, pero nadie sabe qué pasará", dijo Noemí.

La mujer contó que consiguió el vuelo a Buenos Aires gracias al gobierno de Chile, y aseguró que en todo momento recibió el apoyo de la diplomacia argentina.

"El cónsul argentino en el Líbano, Guillermo Nicolás, se trasladó con nosotros en el mismo bus y nos dejó en la frontera con Siria. Allí nos acompañó un miembro de la Embajada Argentina en Siria. Y ya en Ezeiza, nos recibió gente de la Cancillería", relató.

Culpa ajena
"Si no interviene algún país con poder, como Estados Unidos, del que esperamos que dé la voz de alto, o la ONU, el Líbano seguirá como está ahora: siendo destruido. Lamentablemente, por culpa de un grupo, de un color político, de un partido, de una religión; por culpa de Hezbollah, todo el Líbano está sufriendo este desastre. Nadie está de acuerdo ni con Hezbollah, ni con Israel. ¿De qué tenemos la culpa nosotros, que ahora no tenemos aeropuertos, ni carreteras, ni puentes?", se quejó Noemí. Ella, junto a toda su familia, profesa la religión católica apostólica romana.

La tucumana fue recibida con alegría por unos veinte familiares, junto a quienes estuvo el presidente de la Asociación Libanesa de Socorros Mutuos de Tucumán, Pedro César Bujazha. "Conozco a la familia de Noemí, y es una alegría que haya logrado volver junto con sus hijos, en medio de esta tremenda desgracia", expresó Bujazha.