23 Julio 2006 Seguir en 
Ambos coinciden en que la paz, el diálogo y el respeto por la vida humana deben ser los objetivos por alcanzar. Los dos tienen familiares en la zona de conflicto. Sienten impotencia, por separado, ante una situación que escapa a sus posibilidades de aportar soluciones. Estuvieron tensos, midieron sus palabras, fueron respetuosos. Pero también marcaron sus diferencias y sus puntos de vista opuestos. LA GACETA convocó al presidente del Consejo Federal de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), Jaime Salamon, y al titular de la Asociación Libanesa de Socorros Mutuos de Tucumán, Pedro César Bujazha, para que dieran sus impresiones y sensaciones sobre el conflicto bélico en Medio Oriente. Salamon llegó acompañado por Gerardo Frisz, de la juventud de la DAIA, y Bujazha por Ricardo Saleme, vocal de la Asociación Libanesa. Todos fueron puntuales; se saludaron formalmente. Ellos son argentinos, no están en guerra. Pero sí sufren las consecuencias de ella.
“Es muy difícil para todos hacer a un lado las pasiones por los familiares que tenemos en el Líbano (la mayoría de los integrantes de la Casa Libanesa tenemos parientes allí). Los conocemos, estuvimos con ellos. Tenemos un sentimiento de impotencia por no poder ayudarlos en este conflicto, más allá del apoyo moral que se le puede dar a la familia hablando con ellos, por teléfono, en forma permanente. Fuimos unánimes en el sentido de rechazar el uso de la violencia. No estamos hablando ni de un bando ni del otro, porque ambos tienen su dolor. El hecho que corra sangre a causa de la muerte de una sola persona, ya es detestable para nosotros”, afirmó Bujazha al comienzo de la charla.
Salamon tomó la posta: “coincidimos en el contexto de lo planteado (por Bujazha), en lo que se refiere al respeto por la vida y a la búsqueda del diálogo. Pero el problema es que a veces no se consigue con quién hablar. Los tratados de paz se hacen con enemigos. Los amigos no necesitan hacer tratados de paz. El problema ahora no es con el Líbano, pero desgraciadamente no tiene fuerza para poder custodiar el lado sur de su país. Ojalá se sentaran de una vez por todas a definir el tema, porque me molesta, me conmueve, ver a la gente que no tiene nada que ver muriendo y sufriendo. Antes de esto, pasaron muchos años de convivencia y de muy buena relación con el Líbano. Los actos terroristas no eran incumbencia de ellos. Hay que sentarse a hablar, pero primero hay que aceptar: de qué se puede dialogar (con los terroristas) si no aceptás mi existencia”.
En el diálogo, que se dio por turnos, y en forma alternada entre ambos protagonistas, Bujazha convocó al Gobierno de Tucumán a que interceda ante la Nación para que exija a la ONU que se involucre en el conflicto y solicite un cese del fuego. “Los argentinos, con la guerra de Malvinas y otros conflictos, aprendimos que el camino debe ser el diálogo”, especificó. Salamon justificó la acción de Israel en el peligro que significa para ese Estado la existencia de misiles que amenazan a su población y la acción de los vecinos -no del Líbano- que, dijo, intentan destruirlos. “Se habla de excesos: la guerra siempre es un exceso, es una desproporcionada reacción. Y respecto de eso también es difícil determinar qué es proporcional, si de repente yo sé que tienen 13.000 misiles y que están ahí. En estos momentos, lo que se debe hacer es sacarlos de allí y decirles a los hermanos libaneses que cuiden las fronteras”, sostuvo.
No se conocían
Más allá de las diferencias marcadas por los líderes de las comunidades libanesa y judía de Tucumán respecto del porqué a la resolución y a la justificación -o no- del conflicto bélico en Medio Oriente, ambos convocaron a la paz. “Yo a ellos dos nos los conocía antes de haber venido a LA GACETA (por Bujazha y Saleme), pero creo que es el espíritu de congoja el que domina a las dos comunidades. Desde aquí no podemos modificar la política en la zona de conflicto. En Tucumán no estamos acostumbrados a esos hechos. Tenemos otra formación ideológica de la vida. Somos pacifistas por excelencia. Con mucho gusto estoy dispuesto a participar en conjunto de una marcha por la paz, sin expresar quién tiene la culpa de la guerra”, propuso Salamon. “Nosotros pensamos en realizar alguna manifestación pública de ese tipo. Pero el problema que vemos es que hay algunos grupos que son difíciles de controlar. Hacerlo ahora, en medio del conflicto, es complicado. Pero le prometo que haremos algún tipo de acto cuando estén más calmas las aguas. Si se sale de las manos podemos dañar la relación”, contestó Bujazha.
La charla en LA GACETA se fue apagando tras 60 minutos de debate. Los cuatro hombres sentados alrededor de la mesa rectangular dialogaron. Todos son tucumanos. Contaron que en la provincia muchos de ambos bandos comparten negocios y que tienen grandes amigos en ambas comunidades, hoy en conflicto en otro continente. De alguna manera, ellos lucharon por la paz.
“Tucumán es un ejemplo de convivencia. Una muestra son nuestros gobernantes: tenemos un gobernador (José Alperovich) que profesa la religión judía y el vicegobernador (Fernando Juri) es, justamente, libanés. Si uno va y le dice a las facciones que hoy están en conflicto lo que pasa con el dúo de gobierno de Tucumán seguramente se rasgarán las vestiduras. Tucumán tiene una llave para demostrar que se puede vivir en paz y ocupar los mismos espacios. Es un ejemplo de integración a nivel mundial, más allá de que Alperovich y Juri se peleen por cuestiones políticas”, concluyó Bujazha.
“Me siento absolutamente al lado de ellos (la comunidad libanesa de Tucumán) con lo que pasa en el Líbano. El mundo conoció toda la capacidad y el trabajo de los fenicios, que eran grandes navegadores. Eran y son grandes trabajadores y el mote de Suiza del Medio Oriente para ese país es cierto. Ojalá se encuentre la forma que el Líbano sea absolutamente dueño de su destino, que no necesite de fuerzas ajenas; que pueda remarcar su territorio y defender su gente. El deseo es que encuentren el hilo conductor para toda la zona”, especificó.
“La zona fue prácticamente el centro del mundo. Cuando se habla de la creación, se habla de ese lugar. No es cualquier cosa. Es un lugar de ebullición permanente. No sé por qué, además es volcánica. Estuve en Jerusalén y allí inmediatamente uno se llena de un espíritu distinto. No sé por qué, a su vez, es históricamente una zona convulsionada. Creo que podemos hacer mucho hacia la convivencia. Tengo esperanza de que en nuestros días podamos ver que aparezcan los verdaderos estadistas que trabajen por desarrollar la región. El mensaje es utilizar la tecnología, la educación para empezar a hacer”, finalizó.
Por Indalecio Sánchez, redacción de LA GACETA
Distantes, respetuosos, preocupados, comprometidos, angustiados. Son 12.554 los kilómetros que separan a Tucumán de Beirut. Pero ellos dejaron ver que sienten como propia a esa guerra. Pedro Bujazha y Jaime Salamon ni siquiera levantaron el tono de voz durante el diálogo al que los convocó LA GACETA, como representantes de las colectividades libanesa y judía de la provincia, respectivamente. Pero sus rostros, siempre, mostraron que comparten el dolor de los que están en conflicto en Medio Oriente. Esa misma guerra es la que sufren.
El inicio del debate fue tenso. Copado por la formalidad y el evidente deseo de ambos de no lesionar la relación armónica entre ambas colectividades. La conversación estuvo cargada de gestos -sutiles- sobre las posiciones (duras por cierto) sobre los motivos y la justificación del conflicto. Bujazha reivindicó, siempre con prudencia y respeto, el espíritu pacifista de la nación de sus ancestros. Salamon, con las mismas precauciones, justificó la postura ofensiva de Israel. Como si la vida de ambos hubiera transcurrido en Medio Oriente y no en Tucumán, hablaron con precisión sobre la zona en conflicto. Y hasta guardaron la distancia y las formas que los propios diplomáticos de Beirut y de Tel Aviv seguramente tendrían si un encuentro similar se produjera en la franja en guerra.
Pero ellos hablaron de paz, de diálogo, de sueños, de anhelos. Fueron 78 minutos de ejemplos: de hombría, de racionalidad y de defensa de la vida por sobre las pasiones.
Como si el humo del combate hubiera cruzado el continente, la tensión en la sala que albergó a los invitados no se disipó ni siquiera cuando terminó la entrevista. Es que sus pueblos están en guerra. Pero Bujazha y Salamon se conocieron. Se ofrecieron respeto, acercaron posturas, marcaron diferencias y fijaron como objetivo común la paz. Con el grabador apagado y con un punto final en la entrevista, dos gestos ratificaron ese objetivo: Bujazha compartió con Salamon la carta al director que su asociación presentó para que sea publicada en LA GACETA (“Léala, por favor, no quisiéramos que pueda tener algún término que sea considerado ofensivo”, le dijo) y Salamon consultó cuándo era el día de celebración de la independencia de el Líbano para compartir con la colectividad de Tucumán los festejos (“era una deuda personal tomar contacto con ustedes y prometo asistir ese día”, le comentó el líder judío a Bujazha). Ejemplos, a miles de kilómetros, que ojalá sirvan para la misma guerra.
“Es muy difícil para todos hacer a un lado las pasiones por los familiares que tenemos en el Líbano (la mayoría de los integrantes de la Casa Libanesa tenemos parientes allí). Los conocemos, estuvimos con ellos. Tenemos un sentimiento de impotencia por no poder ayudarlos en este conflicto, más allá del apoyo moral que se le puede dar a la familia hablando con ellos, por teléfono, en forma permanente. Fuimos unánimes en el sentido de rechazar el uso de la violencia. No estamos hablando ni de un bando ni del otro, porque ambos tienen su dolor. El hecho que corra sangre a causa de la muerte de una sola persona, ya es detestable para nosotros”, afirmó Bujazha al comienzo de la charla.
Salamon tomó la posta: “coincidimos en el contexto de lo planteado (por Bujazha), en lo que se refiere al respeto por la vida y a la búsqueda del diálogo. Pero el problema es que a veces no se consigue con quién hablar. Los tratados de paz se hacen con enemigos. Los amigos no necesitan hacer tratados de paz. El problema ahora no es con el Líbano, pero desgraciadamente no tiene fuerza para poder custodiar el lado sur de su país. Ojalá se sentaran de una vez por todas a definir el tema, porque me molesta, me conmueve, ver a la gente que no tiene nada que ver muriendo y sufriendo. Antes de esto, pasaron muchos años de convivencia y de muy buena relación con el Líbano. Los actos terroristas no eran incumbencia de ellos. Hay que sentarse a hablar, pero primero hay que aceptar: de qué se puede dialogar (con los terroristas) si no aceptás mi existencia”.
En el diálogo, que se dio por turnos, y en forma alternada entre ambos protagonistas, Bujazha convocó al Gobierno de Tucumán a que interceda ante la Nación para que exija a la ONU que se involucre en el conflicto y solicite un cese del fuego. “Los argentinos, con la guerra de Malvinas y otros conflictos, aprendimos que el camino debe ser el diálogo”, especificó. Salamon justificó la acción de Israel en el peligro que significa para ese Estado la existencia de misiles que amenazan a su población y la acción de los vecinos -no del Líbano- que, dijo, intentan destruirlos. “Se habla de excesos: la guerra siempre es un exceso, es una desproporcionada reacción. Y respecto de eso también es difícil determinar qué es proporcional, si de repente yo sé que tienen 13.000 misiles y que están ahí. En estos momentos, lo que se debe hacer es sacarlos de allí y decirles a los hermanos libaneses que cuiden las fronteras”, sostuvo.
No se conocían
Más allá de las diferencias marcadas por los líderes de las comunidades libanesa y judía de Tucumán respecto del porqué a la resolución y a la justificación -o no- del conflicto bélico en Medio Oriente, ambos convocaron a la paz. “Yo a ellos dos nos los conocía antes de haber venido a LA GACETA (por Bujazha y Saleme), pero creo que es el espíritu de congoja el que domina a las dos comunidades. Desde aquí no podemos modificar la política en la zona de conflicto. En Tucumán no estamos acostumbrados a esos hechos. Tenemos otra formación ideológica de la vida. Somos pacifistas por excelencia. Con mucho gusto estoy dispuesto a participar en conjunto de una marcha por la paz, sin expresar quién tiene la culpa de la guerra”, propuso Salamon. “Nosotros pensamos en realizar alguna manifestación pública de ese tipo. Pero el problema que vemos es que hay algunos grupos que son difíciles de controlar. Hacerlo ahora, en medio del conflicto, es complicado. Pero le prometo que haremos algún tipo de acto cuando estén más calmas las aguas. Si se sale de las manos podemos dañar la relación”, contestó Bujazha.
La charla en LA GACETA se fue apagando tras 60 minutos de debate. Los cuatro hombres sentados alrededor de la mesa rectangular dialogaron. Todos son tucumanos. Contaron que en la provincia muchos de ambos bandos comparten negocios y que tienen grandes amigos en ambas comunidades, hoy en conflicto en otro continente. De alguna manera, ellos lucharon por la paz.
Una muestra de que es posible vivir en paz
El titular de la Asociación Libanesa, Pedro Bujazha, explicitó el profundo dolor y el compromiso que siente para con los pobladores de el Líbano. “En mi caso, y en el de muchos de los argentinos de ascendencia libanesa, hay un compromiso por tradición familiar con lo que está sucediendo. Cuando visité en 2000 el Líbano, lo que más me dolió fue que una prima me preguntó dónde estábamos nosotros cuando ellos estaban en guerra. Me dijo que nos necesitaban, que para ellos era importante saber que tenían familia en otro lugar del mundo que les sirva de contención, de lugar de refugio para sacar del país a sus hijos pequeños; o al menos como reaseguro de que el apellido, la descendencia, no iba a desaparecer. Por eso, ahora, día por medio, llamo por teléfono para preguntarles cómo están y qué necesitan. Les pido a todos los familiares libaneses tucumanos que tengan teléfono o dirección de la gente en el Líbano que los llamen. Les expresen el deseo de que salgan las cosas bien; ellos necesitan esa contención. Eso es lo que podemos hacer desde Tucumán”, explicó.“Tucumán es un ejemplo de convivencia. Una muestra son nuestros gobernantes: tenemos un gobernador (José Alperovich) que profesa la religión judía y el vicegobernador (Fernando Juri) es, justamente, libanés. Si uno va y le dice a las facciones que hoy están en conflicto lo que pasa con el dúo de gobierno de Tucumán seguramente se rasgarán las vestiduras. Tucumán tiene una llave para demostrar que se puede vivir en paz y ocupar los mismos espacios. Es un ejemplo de integración a nivel mundial, más allá de que Alperovich y Juri se peleen por cuestiones políticas”, concluyó Bujazha.
Un sueño personal de integración cultural
“Es un sueño personal. Incluso se lo propuse a la Iglesia Católica, que nunca me contestó, de hacer una campaña al estilo Cáritas entre los musulmanes, los judíos y los cristianos, para salir de manera conjunta a hacer cosas. No tiene que ver esto con el conflicto con el Líbano en particular. Pero sí es una forma de salir y mostrar que tenemos y compartimos valores”, afirmó el presidente del Consejo Federal de la DAIA, Jaime Salamon, al expresar el sentimiento que despierta en su persona el conflicto en Medio Oriente.“Me siento absolutamente al lado de ellos (la comunidad libanesa de Tucumán) con lo que pasa en el Líbano. El mundo conoció toda la capacidad y el trabajo de los fenicios, que eran grandes navegadores. Eran y son grandes trabajadores y el mote de Suiza del Medio Oriente para ese país es cierto. Ojalá se encuentre la forma que el Líbano sea absolutamente dueño de su destino, que no necesite de fuerzas ajenas; que pueda remarcar su territorio y defender su gente. El deseo es que encuentren el hilo conductor para toda la zona”, especificó.
“La zona fue prácticamente el centro del mundo. Cuando se habla de la creación, se habla de ese lugar. No es cualquier cosa. Es un lugar de ebullición permanente. No sé por qué, además es volcánica. Estuve en Jerusalén y allí inmediatamente uno se llena de un espíritu distinto. No sé por qué, a su vez, es históricamente una zona convulsionada. Creo que podemos hacer mucho hacia la convivencia. Tengo esperanza de que en nuestros días podamos ver que aparezcan los verdaderos estadistas que trabajen por desarrollar la región. El mensaje es utilizar la tecnología, la educación para empezar a hacer”, finalizó.
ANALISIS
12.554 kilómetros, la misma guerra y 78 minutos de ejemplos
12.554 kilómetros, la misma guerra y 78 minutos de ejemplos
Por Indalecio Sánchez, redacción de LA GACETADistantes, respetuosos, preocupados, comprometidos, angustiados. Son 12.554 los kilómetros que separan a Tucumán de Beirut. Pero ellos dejaron ver que sienten como propia a esa guerra. Pedro Bujazha y Jaime Salamon ni siquiera levantaron el tono de voz durante el diálogo al que los convocó LA GACETA, como representantes de las colectividades libanesa y judía de la provincia, respectivamente. Pero sus rostros, siempre, mostraron que comparten el dolor de los que están en conflicto en Medio Oriente. Esa misma guerra es la que sufren.
El inicio del debate fue tenso. Copado por la formalidad y el evidente deseo de ambos de no lesionar la relación armónica entre ambas colectividades. La conversación estuvo cargada de gestos -sutiles- sobre las posiciones (duras por cierto) sobre los motivos y la justificación del conflicto. Bujazha reivindicó, siempre con prudencia y respeto, el espíritu pacifista de la nación de sus ancestros. Salamon, con las mismas precauciones, justificó la postura ofensiva de Israel. Como si la vida de ambos hubiera transcurrido en Medio Oriente y no en Tucumán, hablaron con precisión sobre la zona en conflicto. Y hasta guardaron la distancia y las formas que los propios diplomáticos de Beirut y de Tel Aviv seguramente tendrían si un encuentro similar se produjera en la franja en guerra.
Pero ellos hablaron de paz, de diálogo, de sueños, de anhelos. Fueron 78 minutos de ejemplos: de hombría, de racionalidad y de defensa de la vida por sobre las pasiones.
Como si el humo del combate hubiera cruzado el continente, la tensión en la sala que albergó a los invitados no se disipó ni siquiera cuando terminó la entrevista. Es que sus pueblos están en guerra. Pero Bujazha y Salamon se conocieron. Se ofrecieron respeto, acercaron posturas, marcaron diferencias y fijaron como objetivo común la paz. Con el grabador apagado y con un punto final en la entrevista, dos gestos ratificaron ese objetivo: Bujazha compartió con Salamon la carta al director que su asociación presentó para que sea publicada en LA GACETA (“Léala, por favor, no quisiéramos que pueda tener algún término que sea considerado ofensivo”, le dijo) y Salamon consultó cuándo era el día de celebración de la independencia de el Líbano para compartir con la colectividad de Tucumán los festejos (“era una deuda personal tomar contacto con ustedes y prometo asistir ese día”, le comentó el líder judío a Bujazha). Ejemplos, a miles de kilómetros, que ojalá sirvan para la misma guerra.
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