05 Marzo 2006 Seguir en 
En Tucumán, alrededor de 30.000 asalariados (10.000 del Estado y 20.000 del sector privado, sin contar a los jubilados que cobran haberes altos) son contribuyentes del Impuesto a las Ganancias, y sufren por la pérdida de su poder adquistivo en manos de este gravamen. La principal excepción, sin embargo, recae sobre los jueces que no tributan amparados por una legislación especial.
A partir de la crisis económica de 2001-2002, se incrementó la presión tributaria de Ganancias, en especial por no haberse modificado la escala de los montos deducibles ni la escala del impuesto, según destaca Carlos Yaztkaier, miembro de la subcomisión de Impuestos del Colegio de Graduados en Ciencias Económicas. "El monto no imponible no cubre las necesidades básicas de los trabajadores, con el agravante de que hay una desigualdad entre un trabajador en relación de dependencia y un trabajador autónomo (por ejemplo, profesionales) quienes además de su trabajo necesitan de una infraestructura para el cumplimiento de sus funciones", remarca Yaztkaier. El aumento del mínimo no imponible del impuesto sigue siendo analizado por el Gobierno nacional, sin que hasta ahora hayan quedado claras la forma y la oportunidad en que se instrumentará.
Hay especialistas que están convencidos que, bien implementado, el Impuesto a las Ganancias es uno de los tributos más justos. "Pero depende de cómo esté escalonado", advierte el economista Víctor Iajya, y agrega: "si uno tiene una tasa fija y un mínimo no imponible equitativos, automáticamente el Gobierno le estará cobrando a quien más tiene". El tributarista José Mario Laks recuerda que, producto de una suba salarial por debajo de los índices de inflación, resultaron alcanzadas por este tributo personas que no conocían el Impuesto a las Ganancias más que de nombre. "Ocurrió que los salarios superaron el ?mínimo no imponible? para este impuesto", apunta.
Claudio Lozano, economista y diputado nacional por la Central deTrabajadores Argentinos (CTA), propone que se suba el mínimo no imponible, tomando como base la recuperación de la relación que existía entre el mínimo no imponible y la canasta familiar en 1998. "Actualmente la economía ya recuperó los niveles que tenía ese año", sostiene, y destaca que en 1998, la canasta familiar equivalía a $ 1.212, según el Indec, y el mínimo no imponible era $ 2.300, es decir 1,78 veces mayor que la canasta. "Ahora, la canasta familiar, según el Indec, es de $ 2.200 y el mínimo no imponible es de $ 2.230, es decir que la relación es casi de 1 a 1", subraya. Deja en claro que si se hace igual relación que ocho años atrás, el mínimo no imponible tendría que llegar a cerca de $ 4.000.
Fracisco José Fernández, profesor titular de Teoría y Técnica Impositiva 1, de la UNT, opina que sería necesario modificar la ley del impuesto a las Ganancias, para posibilitar a la AFIP que elabore las tablas con la variación de los coeficientes que se deben aplicar.
Mientras el debate sigue abierto en estos días, queda claro que los reclamos salariales encuentran también un tope en la voracidad fiscal.
A partir de la crisis económica de 2001-2002, se incrementó la presión tributaria de Ganancias, en especial por no haberse modificado la escala de los montos deducibles ni la escala del impuesto, según destaca Carlos Yaztkaier, miembro de la subcomisión de Impuestos del Colegio de Graduados en Ciencias Económicas. "El monto no imponible no cubre las necesidades básicas de los trabajadores, con el agravante de que hay una desigualdad entre un trabajador en relación de dependencia y un trabajador autónomo (por ejemplo, profesionales) quienes además de su trabajo necesitan de una infraestructura para el cumplimiento de sus funciones", remarca Yaztkaier. El aumento del mínimo no imponible del impuesto sigue siendo analizado por el Gobierno nacional, sin que hasta ahora hayan quedado claras la forma y la oportunidad en que se instrumentará.
Hay especialistas que están convencidos que, bien implementado, el Impuesto a las Ganancias es uno de los tributos más justos. "Pero depende de cómo esté escalonado", advierte el economista Víctor Iajya, y agrega: "si uno tiene una tasa fija y un mínimo no imponible equitativos, automáticamente el Gobierno le estará cobrando a quien más tiene". El tributarista José Mario Laks recuerda que, producto de una suba salarial por debajo de los índices de inflación, resultaron alcanzadas por este tributo personas que no conocían el Impuesto a las Ganancias más que de nombre. "Ocurrió que los salarios superaron el ?mínimo no imponible? para este impuesto", apunta.
Claudio Lozano, economista y diputado nacional por la Central deTrabajadores Argentinos (CTA), propone que se suba el mínimo no imponible, tomando como base la recuperación de la relación que existía entre el mínimo no imponible y la canasta familiar en 1998. "Actualmente la economía ya recuperó los niveles que tenía ese año", sostiene, y destaca que en 1998, la canasta familiar equivalía a $ 1.212, según el Indec, y el mínimo no imponible era $ 2.300, es decir 1,78 veces mayor que la canasta. "Ahora, la canasta familiar, según el Indec, es de $ 2.200 y el mínimo no imponible es de $ 2.230, es decir que la relación es casi de 1 a 1", subraya. Deja en claro que si se hace igual relación que ocho años atrás, el mínimo no imponible tendría que llegar a cerca de $ 4.000.
Fracisco José Fernández, profesor titular de Teoría y Técnica Impositiva 1, de la UNT, opina que sería necesario modificar la ley del impuesto a las Ganancias, para posibilitar a la AFIP que elabore las tablas con la variación de los coeficientes que se deben aplicar.
Mientras el debate sigue abierto en estos días, queda claro que los reclamos salariales encuentran también un tope en la voracidad fiscal.








