09 Octubre 2005 Seguir en 
Paso a paso, las tramitaciones que, en apariencia, son imposibles, cierto día comienzan a concretarse.
Así, después de cuatro largas décadas de conversaciones infructuosas, el lunes pasado la Unión Europea (UE) decidió formalmente iniciar conversaciones para que Turquía (Turkiye) pueda ingresar en ese organismo. Las tramitaciones no serán ni cortas ni fáciles. La apertura de las negociaciones no fue sencilla y constituye un hecho histórico en el que estaba en juego la credibilidad y la supervivencia política del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, de Turquía. Según lo considera el analista Emilio Cárdenas (criterio que comparten otros observadores), el éxito alcanzado puede ser atribuido a la habilidad de la presidencia británica de la UE, que supo sortear los distintos escollos que trataron de impedirla. La propia Condoleeza Rice, desde EEUU, debió convencer a los negociadores de Turquía para que aceptaran los parámetros negociadores definidos por los europeos.
De todas maneras, el camino, que ahora tiene su mojón 1, para poder llegar a su meta podría llegar a demorarse hasta fines de la próxima década.
En este pulseada, por lógica, están quienes hacen fuerza en pro de la adhesión de Turquía y quienes están en contra.
En este último sector se dice que Turquía, con una población de 70 millones, hace suponer que tendría un poder de decisión enorme, por lo que sería receptora de la mayor parte de los fondos de cohesión. Se objeta que su democracia esté tutelada por el ejército, y que su entrada supondría extender las fronteras de la UE a la zona conflictiva que supone Oriente Próximo. Se descree que un país musulmán pueda adaptarse a una sociedad libre como es la europea. También se predice que de entrar Turquía, la UE tendría que considerar en un futuro el ingreso de Marruecos y luego extenderlo a todo el Magreb árabe (Argelia, Libia, Mauritania y Túnez, además de Marruecos), lo que le restaría competitividad a la UE.
Por el contrario, el comisario europeo para la Ampliación, Olli Rehn, considera que la UE será más fuerte con el ingreso de Turquía. "El mejor camino para el ingreso de ese país es que Ankara continúe con las reformas en marcha y realice más progresos en el imperio de la ley y en el respeto de los derechos humanos", dijo Rehn. En consonancia con esa corriente de pensamiento, Turquía ya empezó a transitar ese sendero.
Así, después de cuatro largas décadas de conversaciones infructuosas, el lunes pasado la Unión Europea (UE) decidió formalmente iniciar conversaciones para que Turquía (Turkiye) pueda ingresar en ese organismo. Las tramitaciones no serán ni cortas ni fáciles. La apertura de las negociaciones no fue sencilla y constituye un hecho histórico en el que estaba en juego la credibilidad y la supervivencia política del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, de Turquía. Según lo considera el analista Emilio Cárdenas (criterio que comparten otros observadores), el éxito alcanzado puede ser atribuido a la habilidad de la presidencia británica de la UE, que supo sortear los distintos escollos que trataron de impedirla. La propia Condoleeza Rice, desde EEUU, debió convencer a los negociadores de Turquía para que aceptaran los parámetros negociadores definidos por los europeos.
De todas maneras, el camino, que ahora tiene su mojón 1, para poder llegar a su meta podría llegar a demorarse hasta fines de la próxima década.
En este pulseada, por lógica, están quienes hacen fuerza en pro de la adhesión de Turquía y quienes están en contra.
En este último sector se dice que Turquía, con una población de 70 millones, hace suponer que tendría un poder de decisión enorme, por lo que sería receptora de la mayor parte de los fondos de cohesión. Se objeta que su democracia esté tutelada por el ejército, y que su entrada supondría extender las fronteras de la UE a la zona conflictiva que supone Oriente Próximo. Se descree que un país musulmán pueda adaptarse a una sociedad libre como es la europea. También se predice que de entrar Turquía, la UE tendría que considerar en un futuro el ingreso de Marruecos y luego extenderlo a todo el Magreb árabe (Argelia, Libia, Mauritania y Túnez, además de Marruecos), lo que le restaría competitividad a la UE.
Por el contrario, el comisario europeo para la Ampliación, Olli Rehn, considera que la UE será más fuerte con el ingreso de Turquía. "El mejor camino para el ingreso de ese país es que Ankara continúe con las reformas en marcha y realice más progresos en el imperio de la ley y en el respeto de los derechos humanos", dijo Rehn. En consonancia con esa corriente de pensamiento, Turquía ya empezó a transitar ese sendero.







