Recuerdos fotográficos: 1937. La confitería París “cede al soplo de la civilización”

En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.

Recuerdos fotográficos: 1937. La confitería París “cede al soplo de la civilización”

En 1902 Pascual di Niro instaló la Confitería París en la calle Las Heras (hoy San Martín) frente a la plaza Independencia, en el lugar donde hoy se encuentra la Caja Popular de Ahorros.

El comerciante, nacido en Italia en 1868 y llegado a Argentina en 1889, obtuvo rápido prestigio con su local, donde vendía los productos que él elaboraba. Una publicación de 1918 exaltaba “sus masas, sus afamadas pastas que tienen conquistada justa fama entre los más refinados”, o su fiambrería “siempre provista de los mejores productos que, en el género, se importan del extranjero”. Además, “sus célebres pan dulce y turrón, delicias en las fiestas de fin de año”.

En “La confitería París” (LA GACETA, 17/12/1994) Carlos Páez de la Torre (h) cuenta que con motivo de las fiestas del Centenario, en 1916 la confitería editó un folleto que recogía los recuerdos de don Florencio Sal sobre el Tucumán de tiempos de Rosas. Y en 1920 hizo un pequeño álbum de 150 páginas con recuerdos y fotos de la vieja ciudad.

Pero la París no sobrevivió mucho a la muerte de su dueño, ocurrida en 1926. En 1934 fue cerrada; su local fue rematado el 12 de octubre de ese año y el edificio fue demolido en 1937, para dar lugar luego a la construcción de la Caja Popular. El 13 de enero de 1937 LA GACETA publicó una nota evocadora. “El viejo caserón de la Confitería París, por donde desfilaron las generaciones tucumanas de este siglo, cede al soplo de la civilización”, se titula la nota. El periodista destaca que desde comienzos del siglo XX fue “el lugar predilecto de reunión de los jóvenes…. Era lugar obligado de cita del mundo social… ¡Cuántos romances se tejieron en ese escenario que desaparece con la resignación de las cosas viejas”. Tras evocar los “32 años de existencia activa, inquieta, llena de los matices de la vida capitalina en todos sus aspectos”, afirma que allí podían agruparse “el núcleo de damas benéficas para una fiesta de caridad, como se reunían copetudos señores para dar rumbos a la vida institucional de la provincia, de donde salieron el pan para el menesteroso y el plan de labor para el gobernante”.

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