¿Qué está pasando?
La acumulación de crisis políticas, económicas, culturales y personales alimenta una sensación generalizada de incertidumbre y desasosiego. Aunque no podamos cambiar el rumbo del mundo, sí podemos modificar nuestra manera de enfrentarlo. Recuperar la serenidad, cultivar la amistad y cuidar a quienes nos rodean son algunas de las respuestas posibles frente a las turbulencias de nuestro tiempo.
Por Jaime Nubiola
Para LA GACETA - BARCELONA
En estas semanas de elecciones en España y en tantos otros países compruebo una y otra vez la sensación generalizada de desasosiego e incertidumbre ante el futuro. Muchas personas ven venir una conflagración mundial, un progresivo empobrecimiento de la mayoría y un brutal enriquecimiento de unos pocos, un descarrilamiento cultural y tantas otras desgracias, por no hablar de la crisis climática, del agobio de los impuestos o de los riesgos crecientes causados por la IA.
Una crisis, muchas crisis
Hace unos meses, un brillante antiguo alumno, Ignacio Redondo, me describía en una conversación la situación actual como una policrisis, esto es, como una acumulación de diversas crisis en el ámbito internacional, local e incluso doméstico. Con la expresión “policrisis”, acuñada por Edgar Morin, quiere destacarse que no se trata solo de una acumulación de problemas, sino de que estos, además, son interdependientes.
Recientemente he conocido el dato de que el 27% de los adultos de Cataluña -donde yo vivo- tiene problemas de salud mental, de depresión o de ansiedad. Se trata del resultado de una encuesta publicada por Idescat, el Instituto de Estadística de Cataluña. Dicho en lenguaje de la calle, hoy en día hay mucha gente que lo está pasando muy mal.
Tiene sentido que nos planteemos qué podemos hacer para aliviar esta situación. Muchos de nosotros no podemos hacer nada para devolver la paz a Ucrania o para resolver las dificultades de la acogida de inmigrantes en Europa, por poner dos ejemplos, pero sí que podemos hacer algo -o incluso bastante- para mejorar nuestra salud mental, esto es, para disminuir la depresión -exceso de pasado-, moderar la ansiedad -exceso de futuro-, y eliminar el estrés -exceso de presente-. Con esto lo que quiero decir, acogiéndome a una enseñanza de uno de los fundadores de la psicología moderna, William James, es que aunque no podamos cambiar el mundo, sí que podemos de ordinario cambiar nuestras actitudes, esto es, nuestra manera de relacionarnos con los demás, de vivir nuestro trabajo y nuestras demás obligaciones, para intentar recuperar la serenidad interior en medio de tantas turbulencias.
A quienes me preguntan cómo lograr esta paz interior les recomiendo, en primer lugar, desconectar o, al menos, tomar distancia de los medios de comunicación digitales y en papel que a menudo intoxican el espíritu; por supuesto, también de los informativos que ofrecen las cadenas de televisión. Invocando el verso de T. S. Eliot, me gusta repetir que “los seres humanos no pueden soportar demasiada realidad”. Esta desconexión hace posible una apertura espiritual a la oración, la lectura, la música, el contacto con la naturaleza, el ejercicio físico o cualquier otra actividad creativa que se adapte al gusto personal de cada uno y que contribuya a transformar la agitación interior en gozo y serenidad.
Mi segunda recomendación es el cultivo de la amistad y el cuidado amable de las personas que nos rodean. Esta actitud de cuidar a los demás se alimenta de la sonrisa, de la atención, de la escucha afectuosa y de tantos detalles de servicio y agradecimiento que alegran el día a día de nuestro entorno familiar o social. Se trata, en resumen, de vivir en el presente, en el aquí y ahora, dejando a un lado el pasado -quizá doloroso- y el futuro -tantas veces imprevisible-, para poder prestar nuestra atención a las personas que están a nuestro lado.
Peligro y oportunidad
Hace años una alumna china me regaló una lámina en la que aparecían los dos caracteres con los que en mandarín se expresa la palabra crisis (wēijī). Al parecer, se trata de una conjunción de los caracteres que se emplean para “peligro” y “oportunidad” o quizá más bien, “momento decisivo”. Pregunto a ChatGPT la traducción al chino de “policrisis” y me ofrece cuatro caracteres (duōchóng wēijī), que vienen a traducirse como “crisis múltiple”.
La policrisis, la acumulación de diversas crisis interdependientes a escala mundial, local y personal, puede ser la oportunidad de un nuevo renacimiento de la sociedad, de un verdadero despertar en favor del bien y la fraternidad humana para construir la civilización del amor de la que han hablado los últimos papas.
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Jaime Nubiola - Profesor emérito de Filosofía de la Universidad de Navarra (jnubiola@unav.es).







