"De los años 70 se ha contado mucho, pero se ha contado poco"

Delincuente común, integrante de la Triple A y colaborador de la SIDE, Aníbal Gordon terminó convertido en el único civil que estuvo al frente de un centro clandestino de detención. Marcelo Larraquy reconstruye en su nuevo libro el recorrido de un personaje que permite iluminar una de las zonas más oscuras y menos conocidas de los años 70. En esta entrevista habla de la violencia que crecía silenciosamente en aquellos años y analiza cómo la ficción puede contar aquello que la historia todavía no terminó de revelar.

MARCELO LARRAQUY. A través del personaje de su novela, Aníbal Gordon, expresa una trama no relatada de los sucesos de los años 70.
MARCELO LARRAQUY. A través del personaje de su novela, Aníbal Gordon, expresa una trama no relatada de los sucesos de los años 70.

Gordon. Aníbal Gordon. “Un asaltante de bancos muy importante”, un delincuente común, integrante de la Triple A, colaborador inorgánico de la SIDE, único civil que tuvo a cargo un centro de detención clandestino. Todo eso fue Gordon y además, es el protagonista de la novela que lleva su apellido, último trabajo del historiador y escritor Marcelo Larraquy.

“Estamos ante un asaltante de bancos muy importante, un delincuente pesado pero con una fachada familiar tanto en San Isidro como en Colón, provincia de Buenos Aires, agencias de autos, todo. Hasta que esta fachada se cae por algunas detenciones de los de su banda y él mismo en el barrio de Once en un asalto a una joyería y después saltan todos los asaltos por los que estaba siendo buscado en cadena en uno de estos había una causa en el tribunal antisubversivo contra él por la detección de una granada en una camioneta que estaba a nombre de su esposa y esto es el quiebre de la historia. Esto es octubre del ‘71 en el barrio de Belgrano una madrugada cuando aparece un auto chocado, tiene el conductor con una granada y esto lo toma el tribunal antisubversivo y va al pabellón de presos políticos. Y ahí es donde se produce como el quiebre de la historia donde el Gordon delincuente pasa a actuar en una esfera nueva que es su vinculación con todos aquellos detenidos en la dictadura de Lanusse.

-Y estar en el pabellón con los presos políticos de alguna manera lo va a terminar beneficiando.

-Se va a beneficiar en el sentido de que él no tiene el indulto, pero los propios presos reclaman que salga. Era un grupo muy chico el que estaba en Caseros. Primero estuvo en Devoto, después en Caseros. Eran dieciséis. De hecho, en Caseros salen un día después, el 26 de mayo del ’73, y se demora la salida justamente por este tema, con la idea de que tienen que salir todos. Ese era un momento de mucha efervescencia política, mucha presión, entonces los propios diputados que estaban a cargo de las listas y de los chequeos de los indultos firman que salga Gordon también. Sale ya como bañado en la política de la época, como un preso político que es liberado y que mientras tanto le llueven los pedidos de detención. Al poco tiempo al jefe penitenciario le preguntan si todavía tienen a Gordon, y Gordon ya salió.

-Lo interesante en la construcción de la novela también es que Gordon es Gordon. El apellido por sí solo parece ser suficiente.

-Al principio está prófugo, entonces se guarda bastante. Después la SIDE le da un documento como Capitán Gordon. La singularidad de pasar a ser un capitán del Ejército que tenga el mismo nombre de él para olvidar completamente al delincuente. Entonces con la apoyatura de la inteligencia del Estado ya nadie lo puede detener porque le dan una documentación que es el mismo nombre, pero con distinta numeración y fecha de nacimiento. Y el peso mismo que tiene una credencial de la SIDE.

-Es un civil que va a terminar al frente de Centros Clandestinos de Detención.

-El libro se apoya en esa zona gris, resbaladiza, de los servicios de inteligencia, la delincuencia, la Triple A. Gordon se da cuenta de que él está haciendo lo mismo que hacen los otros desde la delincuencia, pero que lo puede aplicar también en la política de la época. Este libro tiene mucho de situaciones comunes. No es un libro de grandes acontecimientos, sino uno en el que el narrador se para en la época y es como si estuviera escrito a medida que transcurren los días, incluso con el vocabulario de aquella época. Quise mostrar una cámara de Súper 8, que registraba los acontecimientos con poca participación del narrador porque los hechos van creando submundo, un sonido áspero de lo que estaba sucediendo en esta Argentina del ‘73 en adelante, que poco a poco se va haciendo visible.

-¿Qué tienen los 70, que uno tiene la sensación de que se ha contado mucho pero que aún falta muchísimo por contar?

-Claro, se ha contado mucho, pero se ha contado poco. Eso es de alguna manera lo que tiene de interesante, que uno puede encontrar cosas no contadas u olvidadas. Gordon a priori yo creo que es casi un personaje desconocido para las nuevas generaciones, pasó como un flash de alguna manera con aquel secuestro de Kelly, donde le dieron una singularidad como un civil que estaba en medio de militares, no se sabía cómo ni quién era, y quedó eso de la banda de Aníbal Gordon. A mí me interesó poner de relieve todo aquello oculto del personaje, porque nunca se había contado esta historia que cuento de la delincuencia a ser el único civil jefe de un centro de detención clandestino. Lo detienen o se entrega en febrero del 84, muere en prisión, desaparece del escenario y es un momento donde empiezan a aparecer los represores: Astiz, ni siquiera Etchecolaz de la provincia de Buenos Aires, pero sí Camps, Massera, grandes nombres. Pero acá teníamos un civil que estaba a esa altura, porque es singular que ni siquiera se investiga Orletti, el taller mecánico que controla Gordon, ni siquiera aparece en los juicios de los años 80. El libro cuenta también de una casa que Gordon usurpa para crear el primer campo de concentración antes del golpe militar, que es en la calle Bacacay en Floresta y esto lo descubrió la Justicia hace cuatro o cinco años. Este es el último campo de concentración que se descubre. ¿Por qué? Porque había mucha gente que decía yo creo que estuve en Orletti y bajo el secuestro de un jefe que entiendo que era Gordon. La novela cuenta ese terror cotidiano de un campo de concentración, que está al lado de un colegio, donde se tortura, se secuestra y se mata en medio de un barrio con el sonido de un recreo. La novela recoge ese terror cotidiano donde no pasa nada porque es una calle de un barrio, pero a la vez pasan muchísimas cosas visibles o que otros preferían no ver o no podían decir que estaban viendo.

-Hablamos de lo escrito sobre los ’70, y en muchos textos es difícil encontrar la densidad de aquellos años. Respiración Artificial de Piglia lo plasma a la perfección y en Gordon. El Aniquilador, también se puede encontrar.

-Leí Respiración Artificial de Piglia en la adolescencia y me marcó. Creo que me hizo ser historiador ese libro, porque empecé la carrera de Historia en los ‘80 con esas lecturas de ficción. Es una obra maestra de la historia, de la literatura y también de ritmo y de la búsqueda del enigma, cuando él va a buscar a Marcelo a Entre Ríos y se encuentra con alguien que parece Gombrowicz, porque no está dicho así, el ajedrecista. Salvando las distancias también llevo el enigma en distintas situaciones. Hay piolines que van tirando de la historia, en tramas y subtramas y personajes.

-Al recorrer la novela, el lector va teniendo todos los elementos a mano, pero no necesariamente de manera explícita.

-Te vas enterando de las cosas a medida que van pasando. Algunas cosas vienen como dadas, y no sabés bien cómo juega cada personaje, te vas enterando. De hecho, en la primera parte algunos personajes están apenas mostrados, y en la segunda aparecen en todo su esplendor. Eso tiene que ver con la dosificación narrativa; no podés tirar todos los personajes de entrada porque se enciman en las páginas. Son las herramientas literarias que te permite la ficción pero siempre teniendo la documentación como retaguardia, todo el backup que yo tengo a través de otros libros. Este es mi décimo cuarto libro de los ’70 y muchos de los diálogos son historias que he escuchado y que circularon en mi cabeza al momento de escribir. Tengo varias biografías de los 70 publicadas; en este caso es una novela porque me parecía que el personaje permitía expresar una trama no relatada de lo que era pasar de la delincuencia común a la represión ilegal tanto en los años 73-76 como en la dictadura militar. Era un personaje nuevo para mí porque no venía desde la política.

PERFIL

Marcelo Larraquy es historiador, escritor y guionista. Trabajó en Clarín y Noticias. Ganó el Premio Konex a la investigación periodística en 2007 y 2017. Publicó los libros Argentina. Un siglo de violencia política, que reúne y amplía la trilogía Marcados a fuego, De Perón a Montoneros y Los 70. Son también suyos Código Francisco y Recen por él. Es coautor del bestseller Galimberti. De Perón a Susana, de Montoneros a la CIA, y autor de López Rega, Fuimos soldados, Primavera sangrienta, Los días salvajes, La guerra invisible, El último secreto de Malvinas y Gordon.

Por Flavio Mogetta - PARA LA GACETA

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