Resumen para apurados
- El infectólogo Hugo Pizzi alertó en Catamarca sobre la ameba comecerebros tras la muerte de un niño de 10 años, instando a actuar rápido ante síntomas graves.
- El parásito suele habitar aguas tibias e ingresa por la vía nasal hasta llegar al cerebro. La investigación busca determinar si el menor se contagió en las Termas de Fiambalá.
- El cuadro es excepcional pero de alta letalidad; reconocer a tiempo los síntomas neurológicos resulta vital para iniciar el tratamiento y evitar secuelas mortales.
La muerte de un niño de 10 años en Catamarca, presuntamente vinculada a la llamada ameba “comecerebros”, volvió a poner el foco sobre una infección poco frecuente, pero de consecuencias devastadoras. Mientras se investiga dónde pudo haberse producido el contagio,el infectólogo y epidemiólogo Hugo Pizzi (MN 54.101) explicó a LA GACETA cómo actúa este microorganismo, de qué manera puede ingresar al organismo y cuáles son los síntomas que requieren atención médica inmediata.
“Esto es una cosa excepcional”, remarcó el especialista, quien cuenta con una extensa trayectoria científica y docente y fue distinguido con el premio Maestro de la Medicina Argentina. Sin embargo, advirtió que la rareza de estos cuadros no debe llevar a descartarlos cuando existen síntomas compatibles.
En LG Play, Pizzi explicó que las amebas de vida libre se encuentran en la naturaleza, tanto en la tierra como en determinadas fuentes de agua. Algunas especies pueden desarrollarse en aguas tibias, con temperaturas de entre 25 y 37 grados, y representar un riesgo para las personas en circunstancias específicas.
El especialista recordó que, durante décadas, estos microorganismos fueron estudiados principalmente por su presencia en el ambiente. Recién a partir de la década de 1970 comenzaron a documentarse casos que relacionaban algunas de estas amebas con daños graves en seres humanos.
Una de las vías de ingreso que describió es la nasal. Cuando el agua contaminada entra por la nariz, la ameba puede desplazarse a través de los tejidos y alcanzar el cerebro. “Empieza la ameba a caminar con pseudópodos, falsos pies. Se traslada, pasa un huesito que se llama hueso etmoides, todo criboso, lo pasa porque tiene agujeritos y va al cerebro”, detalló.
También señaló que estos microorganismos pueden provocar lesiones en la córnea y que, en determinadas circunstancias, el contacto con partículas presentes en la tierra puede representar una vía de exposición.
Por qué el diagnóstico temprano es clave
Para Pizzi, uno de los principales desafíos es reconocer a tiempo una infección tan poco habitual. Al comienzo, los síntomas pueden confundirse con los de otras enfermedades, como las meningitis de origen bacteriano o viral.
“Si yo hago el diagnóstico adecuado, presto, rápido, expeditivo, le instalo el tratamiento adecuado, no hay problema. El problema es cuando yo demoro”, advirtió.
El epidemiólogo explicó que, al tratarse de cuadros excepcionales, los profesionales pueden pensar inicialmente en causas más frecuentes. Si la sospecha específica aparece tarde y es necesario esperar estudios especializados, el microorganismo puede avanzar y provocar daños graves.
Por eso, insistió en la importancia de considerar esta posibilidad ante un cuadro clínico compatible y actuar sin demoras. La detección temprana y la instauración del tratamiento adecuado son factores decisivos, aunque la evolución depende de cada caso.
Cuáles son los síntomas de alerta
El especialista enumeró una serie de manifestaciones que pueden aparecer en una meningoencefalitis causada por este tipo de microorganismos. Entre los principales signos de alarma mencionó:
Dolor de cabeza muy intenso.
Rigidez en la nuca.
Fotofobia, es decir, una sensibilidad marcada a la luz.
Vómitos intensos.
Alteraciones de los reflejos.
Somnolencia y pérdida progresiva del conocimiento.
Ante estos síntomas, especialmente si aparecen de forma intensa o progresiva, es fundamental acudir de inmediato a una guardia médica. No se debe esperar a que se presenten todas las manifestaciones para buscar atención.
Pizzi remarcó que el desafío consiste en reconocer un cuadro que, por su baja frecuencia, no suele estar entre las primeras hipótesis diagnósticas, pero que requiere una respuesta rápida cuando existen motivos para sospecharlo.
La investigación sobre el posible contagio en Catamarca
En relación con el caso del niño fallecido, se mencionó la posibilidad de que la exposición se hubiera producido en las termas de Fiambalá, en Catamarca. Sin embargo, Pizzi fue cauto al referirse a esa hipótesis y señaló que no podía determinar dónde había ocurrido el contagio.
El especialista explicó que estos microorganismos pueden encontrarse en aguas tibias y en el suelo, por lo que resulta necesario reconstruir las actividades y los lugares que visitó el niño antes de su muerte para avanzar en la investigación.
Como ejemplo, describió que en los complejos termales las personas suelen permanecer de pie o moverse con precaución, sin necesariamente nadar o sumergir la cabeza. No obstante, aclaró que desconocía las circunstancias concretas del caso.
“Esto es un llamado de atención. Tenemos que estar atentos”, sostuvo.
El epidemiólogo también expresó su pesar por la muerte del niño. “Nadie nos va a sacar esta tristeza tan dramática de la pérdida de una vida de 10 años”, manifestó.














