Resumen para apurados
- Un estudio reveló en Argentina que casi la mitad del precio de un televisor de un millón de pesos corresponde a impuestos que gravan el consumo.
- Los consumidores afrontan unos 20 tributos invisibles al adquirir bienes durables, lo que encarece de forma sostenida el costo final en el mercado local.
- La alta presión tributaria reabre el debate sobre la competitividad de los precios y posibles reformas impositivas para abaratar la tecnología.
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Te acabás de comprar un televisor que te costó un $ 1 millón. De ese valor total, prácticamente la mitad no corresponde a la pantalla, la tecnología ni el ensamblado: son impuestos acumulados a lo largo de toda la cadena. La carga fiscal comenzó en la planta de ensamble en Río Grande, Tierra del Fuego, con tributos nacionales como el Impuesto Interno a los Productos Electrónicos. Continuó con el costo logístico de transporte cargado con el Impuesto a los Combustibles Líquidos y el Impuesto al Cheque por las transacciones bancarias entre mayoristas. Sumó el Impuesto sobre los Ingresos Brutos cuando el cargamento ingresó a la provincia, y terminó de completarse en el mostrador del comercio de San Miguel de Tucumán o Yerba Buena, donde se añaden el Impuesto al Valor Agregado (IVA) nacional del 21% y la Tasa de Seguridad e Higiene municipal (o TEM). Cuando el ticket final se imprime, el comprador no solo adquiere un bien de consumo, sino que se hace cargo de la maraña de impuestos invisibles distribuida entre la Nación, la Provincia y el Municipio.
Esta dinámica cotidiana cobra dimensión cuantitativa en el último “Vademécum tributario argentino de personas humanas 2026”, elaborado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf). El informe analiza la cantidad de gravámenes que puede llegar a pagar una persona en el lapso de un año según su patrimonio y patrones de gasto. De acuerdo con el estudio, un ciudadano con un perfil de consumo básico (alimentación, conectividad, servicios públicos esenciales y tarjeta de crédito) enfrenta anualmente un piso de 20 tributos distintos vinculados al consumo. Si a ese hogar se le suman la propiedad de una vivienda y un vehículo, la cifra escala a 33 tributos. Y en el caso de los perfiles de mayores ingresos y patrimonio, que incorporan consumos como viajes o el recambio de un vehículo 0 km, la cantidad alcanza al menos 41 tributos directos e indirectos por consumo y tenencia de bienes.
También por ingresos
Al añadir la forma de generación de ingresos, el entramado se amplía. Un trabajador en relación de dependencia que supera el mínimo no imponible de Ganancias o un profesional independiente llega a pagar al menos 43 gravámenes al año si no fuma, y hasta 46 si consume tabaco. El informe destaca que en 2026 se registró una baja marginal de tres tributos respecto de 2025 (cuando el máximo alcanzaba 46 y 49, respectivamente), producto de la derogación por la Ley 27.802 de los impuestos internos nacionales que pesaban sobre la telefonía celular, los seguros y los automotores.
Sin embargo, el Iaraf advierte sobre una marcada concentración y superposición en la estructura recaudatoria. Aunque existen decenas de hechos imponibles, apenas cuatro gravámenes concentran la mayor presencia en la vida diaria de los contribuyentes: el IVA se paga en el 100% de los bienes y servicios relevados, mientras que Ingresos Brutos (provincial), la Tasa de Seguridad e Higiene (municipal) y el Impuesto al Cheque (nacional) gravan entre el 90% y el 95% de los consumos cotidianos. De hecho, solo la conjunción de IVA, Ingresos Brutos y la tasa municipal de inspección explica alrededor del 40% de la recaudación tributaria consolidada de la Argentina, evidenciando una arquitectura fiscal donde los tres niveles de gobierno se superponen sobre las mismas bases imponibles.
Ingresos Brutos
En ese marco federal, el escenario de la provincia de Tucumán adquiere particular relevancia. Diferentes informes del sector productivo y análisis tributarios provinciales ubican de manera recurrente a Tucumán entre las jurisdicciones con mayor presión impositiva del país. El pilar de esta estructura descansa en la Dirección General de Rentas (DGR), donde el Impuesto sobre los Ingresos Brutos constituye la principal fuente de recursos propios.
A nivel local, el régimen tucumano presenta dos características centrales: una alícuota general de Ingresos Brutos de las más elevadas del norte argentino, sumada a tributos específicos que encarecen la actividad formal, como el Impuesto para la Salud Pública, gravamen que recae directamente sobre la nómina salarial y que no existe con esa modalidad en la mayoría de las demás provincias.
A ello se añade la complejidad del nivel municipal en la provincia. En distritos urbanos centrales como San Miguel de Tucumán, la Tasa de Inspección y Servicios de Higiene adopta la figura del TEM, cuya base de cálculo toma la facturación bruta del contribuyente, actuando en los hechos como una réplica local de Ingresos Brutos. Este esquema de doble o triple imposición en cascada, donde el impuesto provincial y la tasa municipal gravan la misma venta sin permitir deducciones de etapas previas, genera que los costos impositivos se trasladen de eslabón a eslabón hasta impactar de lleno en el precio de góndola que paga el consumidor final.
El estudio de Iaraf concluye que, si bien una persona física puede tributar más de 40 conceptos a lo largo de un año, apenas 10 tributos explican el 94% de la recaudación total consolidada del país. Esto significa que existen más de una treintena de tasas, sellados, derechos y fondos fiduciarios cuya recaudación neta es marginal, pero cuya vigencia multiplica la burocracia, dificulta el cumplimiento y encarece la administración de empresas y ciudadanos. En provincias con un régimen tributario rígido como el tucumano, simplificar este esquema y transparentar el costo fiscal que viaja dentro de cada ticket de compra continúa siendo uno de los debates económicos pendientes.







