Resumen para apurados
- Especialistas alertan en Tucumán sobre el aumento de mosquitos del dengue ante mayores lluvias previstas por el fenómeno de El Niño.
- El mosquito Aedes aegypti ha mostrado mayor resistencia al frío en la provincia, mientras que las precipitaciones intensas generan condiciones óptimas para su reproducción.
- Científicos de la UNT proponen utilizar inteligencia artificial para anticipar brotes epidémicos y mitigar los efectos sanitarios del Súper Niño.
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Durante años, el invierno funcionó como una pausa. El frío hacía disminuir la cantidad de mosquitos y, con ellos, el riesgo de que enfermedades como el dengue y la chikungunya circularan con fuerza. Pero esa frontera parece volverse cada vez más difusa. En Tucumán, los registros de los últimos meses encendieron una señal de alerta: por primera vez desde que se realiza un monitoreo sistemático, la actividad del Aedes aegypti no desapareció durante el invierno. Y ahora que comenzó la primavera crece la preocupación debido al aumento de las temperaturas y de las precipitaciones.
En los sensores instalados en distintos puntos de la ciudad durante todo el invierno aparecieron huevos de mosquitos Aedes y se detectó actividad reproductiva de ejemplares adultos. Es decir: el frío no consiguió hacerlo desaparecer. Y eso podría ser una señal de que el comienzo de la temporada de transmisión del virus dengue o chikungunya podría adelantarse.
La posibilidad adquiere especial relevancia en un contexto en el que las temperaturas y las lluvias pueden favorecer la proliferación del Aedes aegypti. El fenómeno del “Súper Niño”, con su influencia sobre las condiciones meteorológicas, suma otro elemento a una ecuación que ya viene cambiando como consecuencia del calentamiento global.
Para entender a fondo
Desde 2024, la Municipalidad de San Miguel de Tucumán realiza un seguimiento semanal del mosquito Aedes en 31 sitios centinela. El objetivo es conocer cómo se mueve la población del mosquito a lo largo del año y detectar cambios que puedan tener importancia epidemiológica.
Este año apareció un dato diferente. Durante el invierno, cuando las bajas temperaturas deberían reducir considerablemente la actividad del mosquito, los sensores de oviposición continuaron registrando huevos, explicó Giselle Rodríguez, docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Naturales de la UNT y Coordinadora de Vectores de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable del municipio capitalino.
La observación no significa que exista necesariamente transmisión de dengue o chikungunya. De hecho, la especialista remarca que actualmente no hay una transmisión sostenida de estas enfermedades. Pero sí significa que uno de los principales condicionantes para que exista circulación viral -la presencia del vector- puede mantenerse durante más tiempo.
Para que haya transmisión tiene que producirse una cadena epidemiológica: debe existir una persona infectada que introduzca el virus, debe haber mosquitos capaces de picarla y luego transmitirlo a otras personas. Pero cuanto más tiempo permanece activo el vector, mayor es la posibilidad de que esa cadena comience antes.
El fenómeno climático agrega otra pieza. Rodríguez explica que el aumento de la temperatura tiene un efecto directo sobre la biología de las enfermedades transmitidas por Aedes aegypti: favorece la replicación de los virus dentro del mosquito. Y la lluvia tiene un papel especialmente importante sobre el vector. Cada precipitación puede multiplicar los lugares donde el mosquito encuentra agua para reproducirse. Una maceta, un balde, una canaleta, una botella, un neumático, un recipiente abandonado en un patio o cualquier objeto capaz de retener agua puede transformarse en un criadero, explica la investigadora.
Por eso, las lluvias y los calores de los últimos días ya encendieron las alarmas. Estas dos condiciones forman una combinación particularmente favorable para que aumente la población del vector.
Además, según los pronósticos, se espera que durante el Súper Niño, las precipitaciones puedan presentar una tendencia a ser más intensas. Por eso, el fenómeno climático es observado con atención por quienes siguen la evolución de las enfermedades transmitidas por mosquitos.
Tropicalización
La Organización Meteorológica Mundial había advertido sobre la intensidad de este episodio de El Niño y sus posibles efectos sobre las temperaturas y las precipitaciones. En Tucumán, esas variables adquieren una importancia sanitaria concreta.
Según Rodríguez, lo que está ocurriendo con el mosquito también debe analizarse en un proceso más amplio: la transformación de las condiciones ambientales. La permanencia del Aedes aegypti durante los meses fríos puede vincularse con una suerte de “tropicalización” asociada al calentamiento global y al cambio climático.
La consecuencia posible es que enfermedades que históricamente tenían una marcada estacionalidad comiencen a extender su período de circulación. El dengue podría dejar de ser percibido como una enfermedad estrictamente de verano y otoño para convertirse progresivamente en una amenaza con capacidad de mantenerse durante buena parte del año.
El escenario epidemiológico, además, puede complejizarse por la circulación simultánea de diferentes arbovirus. El antecedente reciente de chikungunya en la provincia obliga a sostener una vigilancia intensificada, especialmente en regiones donde las condiciones climáticas y ambientales favorecen la presencia del vector, señala la experta.
Tucumán estuvo entre las provincias más afectadas por chikungunya este año. Según los datos de la Dirección de Epidemiología del Siprosa, más del 90% de la carga de la enfermedad en el país se concentró en el NOA. Salta encabezó los registros, con 1.172 casos confirmados hasta el 18 de abril, mientras que Tucumán tuvo alrededor de 561 casos.
Anticipación
La pregunta ya no es solamente cuándo aparecerá el primer caso de dengue o chikungunya. También si es posible detectar con anticipación las condiciones que podrían favorecer estas patologías.
Y en ese sentido, en Tucumán hay algunas propuestas. Una de ellas, desarrollada con inteligencia artificial (IA), busca justamente correr el límite de la prevención: pasar de contar los casos cuando ya ocurrieron a intentar identificar las señales que anuncian un brote.
“Tenemos una posibilidad histórica de usar la IA de forma responsable para dar soluciones”, sostiene Alejandro Urueña, impulsor de Aura, el primer modelo predictivo privado en salud de la provincia, desarrollado por una empresa local que busca anticipar la evolución de enfermedades transmitidas por el Aedes aegypti.
“La propuesta es detectar criaderos antes de que produzcan mosquitos, riesgos antes de que se vuelvan casos, y barrios antes de que se vuelvan brotes”, señala el especialista.
Sin fronteras
Las últimas epidemias de dengue y chikungunya dejaron en claro que los virus no respetan las fronteras administrativas. Y lo que ocurre en una provincia puede anticipar lo que ocurrirá en otra.
“Justamente ahí aparece uno de los datos que Aura considera más importantes para anticipar el comportamiento de la enfermedad. El modelo detectó que uno de los indicadores que mejor permite anticipar cuántos casos podría registrar Tucumán es la introducción del virus desde Salta”, remarca Urueña.
La ventaja temporal, según los datos utilizados para calibrar el sistema, ronda una semana. Cuando aumentan los casos en Salta, Tucumán puede recibir rápidamente el mismo virus porque ambas provincias están conectadas por movimientos de personas y comparten fuentes de introducción viral.
Una semana puede parecer poco tiempo cuando se habla de una epidemia. En prevención, puede ser enorme. Y esos siete días pueden combinarse con otra variable: el tiempo que necesita el ambiente para favorecer la reproducción del mosquito.
La lógica que plantea el modelo es sencilla: si comienzan a aumentar los casos en una provincia cercana, mientras al mismo tiempo se presentan condiciones meteorológicas favorables -temperaturas elevadas y lluvias-, el nivel de alerta debería subir.
El objetivo no es esperar a que aparezcan decenas de enfermos para intervenir. Es actuar cuando todavía existe una ventana.
La apuesta con IA: ganar dos o tres semanas
¿Cómo funciona Aura? Es un prototipo avanzado de inteligencia artificial orientado a anticipar cambios en el riesgo epidemiológico de chikungunya en Tucumán. En lugar de limitarse a contar casos ya ocurridos, combina información epidemiológica con variables temporales, territoriales y, progresivamente, ambientales para detectar señales tempranas.
El modelo puede analizar casos oficiales, temperaturas, lluvias, huevos encontrados en sensores, circulación regional del virus, ubicación territorial de los contagios y antecedentes de brotes. A partir de esos datos, compara distintos modelos de aprendizaje automático y actualiza sus estimaciones cuando incorpora nueva información.
Intervienen distintos algoritmos, según explica Alejandro Urueña, impulsor de Aura. Uno de ellos es la regresión logística, utilizada para estimar la probabilidad de que determinadas condiciones estén asociadas con la aceleración de un brote. Otro es Random Forest, un método que combina múltiples árboles de decisión. Cada árbol analiza distintas relaciones entre las variables y, en conjunto, el sistema construye una estimación de riesgo. También se utiliza una curva logística en forma de S para intentar estimar cómo podría evolucionar la cantidad de casos: cuánto podría crecer un brote y en qué momento podría comenzar a desacelerarse.
El objetivo es ganar tiempo: detectar señales de riesgo entre dos y tres semanas antes de que un brote sea visible. Ese margen podría utilizarse para intervenir sobre los criaderos, reforzar la vigilancia, enviar brigadas a determinadas zonas. Precisamente, uno de los aportes centrales es la dimensión territorial. AURA busca identificar dónde están los sectores que requieren mayor atención. Así, las acciones de prevención podrían focalizarse en los barrios donde coincidan varias señales de alerta.
Aura está diseñado, además, para “avisar de más”. “Una falsa alarma cuesta una jornada de limpieza; un brote no detectado cuesta vidas”, resume Urueña. Aclara que la tecnología no reemplaza a los equipos sanitarios y tampoco puede asegurar si habrá o no un brote. Estima probabilidades y escenarios. Su función es aportar información para decidir dónde mirar primero y cuándo reforzar las intervenciones.












