Resumen para apurados
- La orquesta infantojuvenil Rolando "Chivo" Valladares brindó este viernes un concierto en el centro de Tucumán para celebrar sus 18 años dentro del mes de la ciudad.
- Creada bajo el plan Andrés Chazarreta en el centro Mate Cocido, la banda reúne a 50 jóvenes e integra instrumentos autóctonos con un fin inclusivo y comunitario.
- Pese a las dificultades para costear sueldos docentes, el espacio busca fortalecer el respaldo estatal para consolidar el acceso democrático al arte e incorporar nuevos miembros.
Este viernes por la tarde, la calle Muñecas se llenó de sonidos latinoamericanos. La orquesta infantojuvenil de música popular latinoamericana Rolando "Chivo" Valladares se presentó frente a la librería El Griego, en el marco de las actividades por el mes de la ciudad, y celebró así sus 18 años de vida.
Instrumentos latinoamericanos
Lo particular de la propuesta está en los instrumentos. "Lo tradicional es copiar el modelo europeo, con la planta de instrumentos europeos, y ahí tocar música latinoamericana. Esta apuesta fue poner en valor los instrumentos característicos de la música popular de Latinoamérica", explicó su director, Rony López, de 53 años. Por eso, cuando la orquesta arrancó, recibió sikus, quenas, charangos, guitarras y bandola venezolana, que siguen siendo la base de su sonido.
Según el maestro, se trata de una experiencia inédita en Latinoamérica: un programa de orquestas integradas por instrumentos puramente latinoamericanos.
Hoy la orquesta tiene unos 50 integrantes estables, de entre siete y 21 años, y en total ya pasaron por ella más de 1.000 chicos. Además, es un espacio inclusivo que recibe a niños y jóvenes con discapacidad. "Trabajamos con todo tipo de chicos. La verdad es que la orquesta es una gran familia", resumió el director.
Pero el objetivo va más allá de los ensayos y las presentaciones. "La música está al alcance de todas las personas. Es un arte igualitario, democrático, o que debe ser democrático. Nuestro objetivo es contribuir a democratizar el acceso a la música y al arte. Cualquier persona puede hacer arte, puede hacer música", sostuvo el representante. Y agregó que para sumarse simplemente basta con desearlo: la inscripción está abierta durante todo el año.
La presentación en el centro sirvió también para eso. Según contaron los integrantes, varios chicos y adolescentes que se detuvieron a escucharlos se acercaron después a preguntar cómo inscribirse.
"Otro Hogar"
Verónica Ruiz tiene 21 años y hace seis que forma parte de la orquesta. Empezó justo al salir de la pandemia. "Se volvió otro hogar, por decirlo así, y una fuente de aprendizaje tremenda. Aprendemos a formar las relaciones entre compañeros. Es una parte muy importante de mi vida a nivel personal", contó.
Hoy estudia para ser profesora de música y toca el violín y la viola. "La música para mí es todo. Me levanto con música; si estoy aburrida, me pongo a tocar el violín", dijo.
Así describe un ensayo típico: "Llegamos, merendamos, porque siempre merendamos, nos reímos, molestamos un montón, llega Rony y empezamos". Reconoce que el arranque suele ser caótico, porque la mayoría de los integrantes son muy chicos, pero asegura que los ensayos son dinámicos y que siempre hay algo para mejorar.
Su mensaje para quienes duden en sumarse es directo: "Que se acerquen a la orquesta, no se van a arrepentir. Es un lugar muy lindo, y más si son tímidos: acá siempre son bienvenidos".
La mirada de las familias
Gabriela Rojas, de 39 años, tiene dos hijos en la orquesta: uno de 16, que toca la guitarra, y otro de nueve, que hace percusión con el bombo y el cajón. Los dos empezaron a los seis años.
"Yo creo que la música y el deporte van a salvar al mundo. A mis hijos no les gusta mucho el deporte, entonces optaron por la música, y ahí los acompañamos", explicó.
Para ella, la orquesta es mucho más que un lugar para aprender un instrumento. "Es como un lugar propio de ellos. Más allá de hacer música, la pasan bien entre amigos, entre chicos de la misma edad, juegan, comparten meriendas, hacen un montón de actividades juntos", describió.
La rutina exige compromiso: dos veces por semana, cada grupo ensaya con su instrumento, y los sábados se reúne la orquesta completa. "Me da mucho orgullo verlos dedicar parte de su tiempo a los ensayos. Es lindo saber que tu hijo de 16 años, un sábado, está con un montón de chicos de su edad tocando música. Eso me llena de orgullo, la verdad", confesó.
18 años de música
La orquesta funciona desde sus comienzos en el Centro de Trabajo Popular Mate Cocido, una organización barrial que ya cumple 29 años y que reúne actores, una radio y una biblioteca popular.
Nació como parte del programa nacional Andrés Chazarreta, impulsado por el entonces Ministerio de Cultura de la Nación, que llegó a tener 50 orquestas en todo el país. Según López, el programa se desarticuló, pero la orquesta tucumana, como muchas otras, siguió funcionando.
Sostenerla no es sencillo. Hasta hace algunos años contaba con un convenio con el área de Cultura, que luego no pudo mantenerse. Actualmente recibe un aporte de la Legislatura y la colaboración de la Universidad, aunque el director advirtió que no alcanza para cubrir gastos como los sueldos de los docentes. La orquesta no tiene una política de donaciones de dinero, pero sí recibe instrumentos.
Por eso, el pedido del director apunta más lejos: que se reconozcan las políticas de inclusión y de trabajo comunitario, como la de esta orquesta y muchas otras. "Es muy importante pensar que eso hay que fortalecerlo desde las políticas del Estado", concluyó. (Producción periodística: Valentina Aranda Zóttola)












