Recuerdos fotográficos: Pablo Rojas Paz, el yutero que tuvo que escribir “la maestra es buena y nos quiere”
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.
Una mañana de 1904 el niño Pablo Rojas Paz (de ocho años) decidió no ir a la escuela Belgrano. No había estudiado la tabla de multiplicar y la señorita Escobar le iba a tomar la lección. El futuro escritor se hizo la yuta y se fue a la plaza Independencia. Así lo cuenta en su libro “El patio de la noche”.
En la plaza estaba Lola Mora ajustando la colocación de la estatua de la Libertad. Ella le preguntó quién era y por qué no estaba en la escuela. -“Me llamo Pablo y no sé la tabla de multiplicar”, contestó. Lola lo hizo sentar, le ofreció caramelos y le dijo: “vamos a estudiarla”. Cuando la aprendió, le preguntó: “¿Y cómo dices que no sabes la tabla de multiplicar?”. -”Es que frente a la señorita Escobar me olvido de todo”. Lola le recomendó que fuera a la escuela y que se olvidara de miedos. Y en el acto se enojó con los obreros, que estaban colocando mal un bloque de la estatua y los retó. Pablo decidió irse. Cuando el niño se estaba retirando oyó una carcajada de un hombre, que le dijo: “¿a quién se le ocurre hacerse la yuta en la plaza?”. Era el padre Colombres, amigo de su familia, que le dio un consejo: “vete hacia las quintas, a robar naranjas o a hacer saltar el puntal de un vagón de caña. Nunca vengas a la plaza con libros”.
Pablo caminó hacia la Catedral, se encontró con otros yuteros y se fueron al Bajo. Allí uno de los chicos, de apellido Levasco, se cayó de un árbol, se luxó la rodilla y se terminó la aventura para todos. Pablo fue sancionado con una penitencia -luego conmutada- de escribir 1.000 veces por día, durante una semana: “La maestra es buena y nos quiere”.
Más información en: “Un ‘yutero’ de 1904”, Carlos Páez de la Torre (h), LA GACETA, 25/11/2000.











