Recuerdos fotográficos: 1958. Los restos de Pablo Rojas Paz descansan en una curva del camino a San Javier

En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.

Recuerdos fotográficos: 1958. Los restos de Pablo Rojas Paz descansan en una curva del camino a San Javier
Por Roberto Delgado y Jorge Olmos Sgrosso 07 Septiembre 2026

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Los árboles de la montaña crecen “con voz de silenio y de espera. Aquellos granadillos, nogales, pacarás, aguaribay, alerces, orco cebil, los tarcos de flores azules, el pata de vaca con sus diminutas orquídeas, se cubren de un manto verdinegro de vegetación, no están solos nunca”, escribió Pablo Rojas Paz en el libro “Lo pánico y lo cósmico”, donde escribe cómo “el alma del bosque y de la montaña” se habían disuelto en su sangre.

Recuerdos fotográficos: 1958. Los restos de Pablo Rojas Paz descansan en una curva del camino a San Javier

El tucumano que había conocido de niño a la generación del Centenario, que se fue joven a Buenos Aires donde se consolidó como escritor y periodista, falleció a los 60 años, el 1 de octubre de 1956. Había pedido que sus restos descansaran en San Javier, cuyas sendas había recorrido de niño. Describe el cerro en la novela “Mármoles bajo la lluvia”: “Era un balcón hacia el espacio que brindaba dos perspectivas diferentes. Por un lado estaba la amplia vastedad de la colinas de oriente tapizada por el verde firme de los cañaverales; más abajo, los anchos tablones de los naranjales de oro y el tachón rojo de las estrellas federales. Y oro, rojo y verde maduraban a la espléndida luz del mediodía”.

El 1 de octubre de 1958, en un acto con autoridades gubernamentales y de la Sociedad Argentina de Escritores, en el que estuvieron su viuda, Sara Tornú, y su hijo Enrique Pablo, fue instalado un sencillo monumento en una curva cerca de la Primera Confitería. Un lugar donde él había sentido la “infinita orquestación de la selva... que parecía el interminable ensayar de la orquesta antes de la llegada del director”.

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