Algunas obras necesitan viajar para ser descubiertas, mientras que otras, aunque permanecen cerca durante años, esperan el momento adecuado para volver a ser miradas. El Museo de Arte Sacro de Tucumán se prepara para sacar a la luz una parte de ese patrimonio menos conocido cuando, desde el 29 de septiembre, sus salas reciban una muestra dedicada a la obra de Ballester Peña, un artista con trayectoria internacional y una relación estrecha con la provincia.
“Vamos a mostrar un tesoro oculto que tenía Tucumán y que ahora va a ser visto por todos”, definieron Mayi Arias de Frías Silva y Raúl Ajmat, autoridades de la institución.
Ballester Peña es un artista con obras en ciudades como Buenos Aires, Roma y Milán, pero su vínculo con Tucumán es menos conocido por el público. La muestra busca, justamente, acercar esa producción a los tucumanos y recuperar una parte de esa relación.
La exposición se incorporará temporalmente a un espacio cuya propia colección permite recorrer distintos momentos de la historia de la provincia a través del arte religioso. El Museo de Arte Sacro, ubicado en Congreso 53, conserva piezas que forman parte del acervo artístico y patrimonial tucumano.
“No es propiamente solo del museo, sino de todos los tucumanos”, remarcaron sus autoridades.
Antes de llegar a la obra contemporánea de Ballester Peña, el visitante puede encontrarse con objetos que llevan varios siglos de historia. Entre ellos están algunas de las piezas vinculadas con la fundación de San Miguel de Tucumán en Ibatín, en 1565, como imágenes religiosas, los santos vicepatronos y el arcón en el que fueron trasladados.
La colección también conserva obras del período virreinal, entre ellas una imagen de Nuestra Señora del Rosario de Pomata, de 1669, además de pinturas, esculturas e imágenes religiosas.
Una de las características del museo es que buena parte de ese patrimonio llegó a través de donaciones de familias tucumanas. Son objetos que durante generaciones fueron conservados en ámbitos privados y que finalmente pasaron a formar parte de una colección abierta al público. “En otras épocas, el culto muchas veces se realizaba en forma privada en las casas, además de lo que sucedía en los templos. El museo se ha hecho de mucho de su patrimonio gracias a la generosidad de los tucumanos”, explicaron.
Industria azucarera
Entre esas piezas también aparecen las huellas de la industria azucarera. El museo conserva, por ejemplo, un sagrario realizado en la región de la Chiquitanía, en el antiguo Alto Perú, tallado en madera y decorado con escenas vinculadas con la Pasión de Jesucristo. También se pueden encontrar pertenencias del beato Fray Mamerto Esquiú, objetos vinculados con distintos obispos que tuvieron un papel en la historia de la provincia, bulas papales y hasta un reclinatorio utilizado por Juan Pablo II durante su visita a Tucumán en 1987.
Y en ese entramado se inscribe ahora la obra de Ballester Peña. A partir del 29 de septiembre, una producción que permanecía relativamente desconocida para buena parte de los tucumanos podrá ser contemplada en un lugar dedicado precisamente a conservar y poner en circulación el patrimonio artístico.











