En el Museo de Arte Sacro conviven la historia y la religión

Fusión de la cultura europea con la indígena. Unos 300 documentos y piezas en exhibición.

25 Jul 2018
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MOBILIARIO Y PINTURAS. El Museo de Arte Sacro pertenece a la arquidiócesis de Tucumán desde este siglo. LA GACETA / FOTO DE OSVALDO RIPOLL.

El Museo de Arte Sacro es un testimonio de la fusión de la cultura europea con la americana indígena, expresión que evidencia el mestizaje imperante desde la época virreinal. La institución, que pertenece a la arquidiócesis, cumple 50 años y cuenta con poco más de 300 piezas, la mayoría de las cuales está exhibida en sus salas. Por ello, es notable el valor del arte religioso en exposición en su sede de Congreso 53, en plena peatonal.

En el texto que sirve también como catálogo, “El Museo de Arte Sacro de Tucumán. Su patrimonio”, de Sara Peña de Bascary (escrito con la colaboración de Carmen María Ocaranza Zavalía) se ponen de relieve pinturas coloniales, mobiliario, esculturas y ornamentos litúrgicos, instrumentos musicales, piezas de platería y documentación de época, como por ejemplo, la bula papal de Pío IX que designa obispo de Salta a José Eusebio Colombres, y un cuaderno manuscrito de fray Mamerto Esquiú.

Tanto un arpa italiana de madera dorada a la hoja como un armonio alemán del siglo XIX se pueden apreciar en las distintas salas. También hay un arcón originario de Ibatín del siglo XVII, y pinturas y dibujos de Juan Bautista Gatti, Isaías Nougués y Aurelio Salas. En particular, es relevante el mural “La Pasión”, realizado por Nougués en 2011.

La obra más antigua es “Nuestra Señora del Rosario de Pomata”, fechada en 1669. También hay óleos de Ignacio Baz, considerado el primer pintor tucumano. Otro de los objetos que pueden verse es un reclinatorio que fue utilizado por el papa san Juan Pablo II durante su visita a esta ciudad en 1987, una de las piezas favoritas de los visitantes.

Gran parte de uno de los espacios posee capas bordadas en oro y zapatos de obispos, así como imágenes de la Virgen de la época jesuítica y altares. Hay ejemplares antiguos de textiles realizados con la técnica de randa y esculturas de origen altoperuano con distintos motivos.

El origen

Creado como museo de la Catedral en julio de 1968, inauguró su nueva sede en 2001 y pasó a pertenecer al arzobispado de esta provincia. En el Bicentenario (con un subsidio especial del Gobierno) se renovaron algunas de las cinco salas y se acondicionó un salón para exposiciones transitorias y otras actividades culturales.

“El motivo de la creación del museo fue preservar, conservar y darle un lugar al patrimonio artístico religioso que tras el Concilio Vaticano II se dejó de usar en la liturgia. Piezas que hoy en día son desconocidas incluso para los mismos católicos practicantes. Esos objetos procedían principalmente del obispado y de la Catedral, pero también de particulares”, le contó a LA GACETA Carmen Ocaranza, secretaria de la institución.

El Museo se compone de un Consejo de Administración y de una Fundación de Amigos; en ambos casos sus miembros son ad honorem. A pesar de su importancia no cuenta con un ingreso fijo: “siempre tenemos que elegir entre comprar un foco o artículos de limpieza”, confió la secretaria de un sitio que tiene solamente cuatro empleados.

“El Museo es un lugar de tranquilidad, lejos del frenesí del centro tucumano. El que no comulga con la religión puede apreciar el arte en sus distintas técnicas y expresiones y también conocer acerca de nuestras raíces y nuestra sociedad; y el que sí lo hace puede descubrir un patrimonio oculto que nos remite a otra liturgia y símbolos olvidados”, describió Ocaranza.

El viernes a las 21 se realizará un recital folclórico del grupo Los Viejos Arrieros (Santiago Cornet, Sebastián Area, Guido Torres, Silvio Tótaro y Nono Ocaranza), para celebrar el medio siglo de la entidad.

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