Crímenes múltiples en Tucumán: el triple homicidio de los Castaldo, una cacería humana que terminó en la impunidad
Tres integrantes de una familia fueron asesinados a golpes y degollados en su almacén de Villa Urquiza. La Policía detuvo a cinco sospechosos y fueron condenados a perpetua, pero luego se descubrió que las confesiones habían sido obtenidas mediante torturas. El triple crimen quedó impune.
Resumen para apurados
- Tres miembros de la familia Castaldo fueron asesinados a golpes en su almacén de Villa Urquiza, Tucumán, en un brutal asalto que terminó impune tras anularse las condenas.
- La policía detuvo a cinco sospechosos que recibieron perpetua, pero la Justicia anuló el fallo al confirmarse que confesaron tras sufrir torturas durante la investigación.
- El caso expone graves fallas históricas e irregularidades judiciales y policiales en Tucumán, consolidándose como un símbolo de impunidad y violencia institucional.
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En la historia policial de Tucumán no existen muchos antecedentes de crímenes múltiples. Pero cada uno de ellos dejó una huella difícil de borrar. Todos generaron una conmoción social. Sus autores sembraron el terror, que sólo desaparecía cuando finalmente eran encerrados en los calabozos. Uno los casos que generó conmoción, se registró en 1932. Fue un caso aberrante para la época. El triple homicidio de los Castaldo no sólo provocó la ira de los habitantes de la zona rural del norte de la capital, sino que desató una verdadera cacería humana para dar con los responsables del caso. El apuro por esclarecer el hecho terminó dejándolo impune.
El episodio se desencadenó el 20 de diciembre de 1932 en el almacén El Paraíso, ubicado en el entonces llamado boulevard Los Ejidos, lo que en la actualidad vendría a ser el cruce de las avenidas Francisco de Aguirre y República del Líbano. Desconocidos asesinaron al dueño del local, Ernesto Castaldo, a su esposa, María Bono, y a la hija del matrimonio, Alba. Sus cuerpos, hallados por un parroquiano al día siguiente, evidenciaban que habían sido asesinados con una brutal saña. Los golpearon con una madera que utilizaban para trabar la puerta y, después, las degollaron.
Errores y contexto histórico
A lo largo de la historia, por la falta de información, se publicaron distintas versiones sobre lo ocurrido. Por ejemplo, se publicó erróneamente que habían sido cuatro las víctimas. También se informó que la comunidad italiana se había unido para ayudar a los sobrevivientes del sangriento ataque. Pero nada de eso ocurrió. Toda la familia fue brutalmente asesinada.
Es necesario remarcar el contexto histórico para entender la gravedad del caso. Un almacén no sólo era un lugar donde la gente compraba mercadería, sino que terminaba transformándose en un punto de reunión donde los vecinos se reunían a consumir bebidas y comidas. Sus propietarios terminaban siendo engranajes importantes de la sociedad. El boulevard Los Ejidos era uno de los caminos que unían San Miguel de Tucumán con Tafí Viejo. Era una zona rural, en la que había fincas, tambos y grandes quintas. Era tan despoblada que la elegían para cazar animales que hoy están en vías de extinción o que ya desaparecieron de la región.
Una multitud concurrió a la sala velatoria ubicada a pocos metros de la plaza Independencia. Decenas de italianos y criollos lloraron la muerte de esta familia. Por las noches, ya nadie quería transitar por la zona por temor a los forajidos. Además de la Policía, en la búsqueda de los autores intervinieron Nicolás Spoti (23), hijo de padres piamonteses y prometido de Alba, y Domingo y Ceferino Castaldo, hermano de una de las víctimas.
Comienza la cacería humana
“Las personas que siguen de cerca el desarrollo de las pesquisas que se vienen realizando con el objeto de esclarecer el triple homicidio no ocultan su pesimismo con respecto al resultado final de la investigación, sobre todo si la policía no cambia de método y se selecciona mejor al personal que trabaja en el asunto”, publicó LA GACETA el 25 de diciembre.
Los cronistas de nuestro diario informaban cuál era la estrategia asumida por los miembros de la fuerza. Personal de la División de Investigaciones, cuya base estaba en el sótano de la Casa de Gobierno, había elaborado una lista con los delincuentes más peligrosos de la provincia que se encontraban en libertad y salió a buscarlos uno por uno. Los métodos que utilizaban para esclarecer los hechos eran llamativos. Por ejemplo, los interrogatorios fueron hechos en el almacén El Paraíso.
Pasaban los días y las semanas y los autores seguían sin ser identificados. En los calabozos de las comisarías se amontonaban los sospechosos, pero faltaban las pruebas para incriminarlos. “Sería ocioso buscar las causas que están determinando el fracaso de la investigación, pues son de todos conocidas y residen principalmente en la carencia de empleados capaces de tomar a su cargo una pesquisa de esa magnitud, que requiere la dedicación de un número crecido de policías expertos”, publicó LA GACETA.
Un testimonio clave
El 6 de enero de 1933, María Arévalo, una vecina de los Castaldo, aportó un dato clave: a días de haberse registrado el triple crimen, Segundo Alberto Ramallo le entregó una prenda manchada con sangre. Ella sabía que el 20 de diciembre había estado junto a otros cuatro hombres en El Paraíso. Castaldo anotó en un papel el nombre del trabajador rural con fama de agresivo y pendenciero como uno de los clientes que atendió el día que fue asesinado.
Ramallo fue detenido el 7 de enero. “Uno de los supuestos autores del bárbaro asesinato de Villa Urquiza ha caído; la voz del cielo ha clamado justicia y el principal homicida de los Castaldo, el degollador, se halla en manos de la policía”, publicó LA GACETA.
El sospechoso fue trasladado al lugar donde se cometieron los homicidios. Sin la presencia de un defensor ni de ninguna autoridad judicial, lo interrogaron. Allí, según la versión policial, se quebró y confesó haber sido uno de los autores. También nombró a los hermanos Segundo y Modesto Salica, Ernesto Pérez y Laureano Ceballos. Estos sospechosos fueron detenidos al día siguiente en un operativo que tuvo ribetes cinematográficos. El problema se presentó cuando una turba enfurecida quizo lincharlos. Entre ellos aparecían el prometido de Alba y Ceferino Castaldo, que intentó usar una escopeta para matarlos.
La teoría del triple crimen y el móvil
Con los acusados detenidos, los investigadores elaboraron una detallada teoría del crimen en base a las confesiones de los arrestados. El grupo había acordado una semana antes presentarse en el almacén para robarle una importante suma de dinero a Castaldo.
El 20 de diciembre, al atardecer, se presentaron Segundo Salica, Ramallo y Ceballos para consumir vino y fiambres. Cerca de las 21, en una jardinera tirada por un caballo, arribaron Modesto Salica y Pérez. Pidieron medio litro de vino tinto, un pedazo de queso, otro de mortadela y pan.
Cuando Castaldo les advirtió que debía cerrar, los acusados lo atacaron. Lo golpearon y asesinaron. A Alba, que intentó defenderlo, le ocurrió lo mismo. Después, los delincuentes hicieron lo mismo con María, la esposa del almacenero.
Los policías que intervinieron en el caso dijeron que el quinteto removió toda la casa para buscar $5.000 que, supuestamente, tenían los Castaldo. Los investigadores dijeron que se repartieron no más de $1.500 porque Modesto Salica se quedó con el resto sin que sus cómplices se dieran cuenta. También, siempre de acuerdo con la versión oficial, se llevaron mercadería que le entregaron a un almacenero árabe y a otras personas. Además, los jefes de la fuerza informaron que habían secuestrado las navajas con las que degollaron a las tres víctimas.
El derrotero judicial
En esos tiempos, no existía la figura del fiscal y la investigación era desarrollada por la Policía, sin ningún tipo de control judicial. Una vez que tenían las pruebas, se las presentaban a un juez interviniente que debía analizarlas. No se hacían juicios; en su despacho y con la colaboración de sus empleados, el magistrado definía si condenaba o absolvía a los acusados.
En el caso de los cinco señalados no se conocieron mayores detalles del proceso ni cuáles fueron los planteos realizados por sus defensores. Sí se conoce que al poco tiempo fueron condenados a perpetua y que cumplieran la pena en el penal de Villa Urquiza.
Una década después recuperaron la libertad y fueron absueltos. Al parecer, se demostró que las confesiones de todos los detenidos fueron obtenidas mediante torturas que recibieron en el mismo lugar donde se cometió el triple crimen. Las pruebas que presentaron los policías fueron plantadas y no hubo un solo testimonio que los ubicara en el almacén el día que se cometieron los homicidios. Nunca se confirmó si fueron absueltos por la Corte Suprema de Justicia de la Provincia o si recibieron un indulto del gobernador Miguel Critto. Lo único cierto es que el caso quedó impune.







