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Que parte del Fondo de Garantía de Sustentabilidad manejado por la Anses se aplique a fomentar el crédito hipotecario no perjudicará a los jubilados y podría tener impacto positivo en la construcción.
El FGS es el remanente de las inversiones de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones luego de que el régimen previsional volviera a ser de reparto. Cuando en 2007 se abrió la opción de abandonar el sistema privado y pasar al estatal el 82 de los afiliados eligió permanecer en capitalización. Entonces, en 2008 el gobierno eliminó las AFJP aunque (o porque) eran preferidas por los trabajadores. El Fondo quedó como reserva para contrarrestar impactos negativos, se supone que eventuales, que la evolución de variables económicas pudiera ocasionar en el sistema previsional, pero también, teniendo prudencia, contribuir al desarrollo de la economía.
A junio de 2026 era de 123,42 billones de pesos (unos 79.232 millones de dólares), valor que incluía 77,7 por ciento de títulos públicos nacionales (el Estado se debe a sí mismo), 14,3 por ciento de acciones (41,3 por ciento de ellas firmas de energía y 38,6 de servicios financieros) y el resto títulos de entes estatales, obligaciones negociables, plazos fijos, fondos comunes de inversión, proyectos productivos o de infraestructura y préstamos a individuos aunque desde 2024 no pueden otorgarse más.
Hasta ahora, va bien. En noviembre de 2023 era de 27,33 billones de pesos y creció 351,59 por ciento cuando el IPC lo hizo 319,19, especialmente por la revalorización de títulos y la “mervaleta”.
De este Fondo el Ministro de Economía de la Nación anunció que colocará 2,2 billones de pesos en bancos para que otorguen créditos hipotecarios. O sea, el 1,7 por ciento. Entonces, los temores por gastar “el dinero de los jubilados” deben atenuarse. Pero además la Anses no prestará para que se gaste en inmuebles, sólo modificará la composición de sus inversiones aumentando los plazos fijos. Ese tipo de colocación sí cambiará mucho, en junio era 1,6 por ciento del total invertido, ahora pasaría al 3,3, pero en el global es muy poco.
Recuérdese que los bancos prestan mientras haya depósitos. En esta oportunidad la Anses depositará más dinero y eso ayudará a que las entidades presten más. Pero corresponden aclaraciones. Una, que el repago a la Anses por capital e intereses no puede depender de las devoluciones del crédito de los clientes hipotecarios. Ocurre con cualquier depósito, lo que cobra el ahorrista surge del funcionamiento y activos en general del banco, no de una línea de negocios en particular. Por lo tanto, la mora hipotecaria, aunque sea baja (está en dos por ciento de los montos), no debería incidir en el FGS. Otra, que el plazo de los depósitos de la Anses será largo, entre uno y cinco años, reduciendo el riesgo de descalce.
Los bancos devuelven y prestan mientras los clientes renueven depósitos y paguen deudas. Cuando los flujos de entrada están calzados con los de salida no aparecen problemas. Pero hay personas que depositan a un mes mientras otras toman créditos a diez años. No se pueden esperar los pagos del deudor para devolverle al ahorrista. Entonces, los retiros por colocaciones a corto plazo dependen más de los depósitos nuevos que de los cobros de deudas. Por eso plazos fijos largos alivian a los bancos.
Ahora bien, no está claro el impacto real. El gobierno dispuso que los depósitos nuevos deben usarse para otorgar créditos hipotecarios bajo ciertas reglas, pero nada dijo sobre agregarlos a la oferta existente. Tal vez haya dos tipos de líneas, una respetando las pautas de la Anses y otra con las estrategias bancarias propias, o todas adopten aquellos parámetros. Pero también es posible, según tasas y otras condiciones, que los bancos se limiten a los montos y pautas acordados con la Anses y abandonen sus políticas hipotecarias actuales; aumentarían los restantes tipos de crédito y los hipotecarios tendrían sólo los montos oficiales.
Por otra parte, según el Informe de Inclusión Financiera del BCRA a diciembre de 2025 (último disponible) había casi 179.500 deudores hipotecarios, con lo que la propuesta actual, que en montos promedio atendería 18.000 personas, implicaría diez por ciento más de acceso crediticio. Además, según el Banco Central el saldo de créditos hipotecarios en pesos a junio de 2026 era de 7,9 billones. En consecuencia, el agregado planificado sería un incremento de 28 por ciento, cifra relevante aunque de impacto a una sola vez. El FGS podría ir renovando plazos fijos a medida que venzan, pero si fueran a diferentes duraciones y si por cada renovación se habilitaran nuevas licitaciones y otorgamientos eso implicaría en adelante montos menores al planificado ahora.
Tras semejantes números quedan algunas preguntas. ¿Se reactivará la construcción? En el corto plazo sí, en lo que no vaya a compra de viviendas terminadas: los bancos deben prestar el dinero antes de 90 días de recibirlo. Ya sostener la actividad dependerá de erradicar las causas de la carencia de financiación suficiente: mala regulación económica, alta inflación, bajos salarios reales y economía informal. ¿Podría con el FGS mejorarse la situación de los jubilados en vez implementar la iniciativa oficial? Tómese un ejercicio anual habitual: a diciembre de 2025 repartir el total hubiera significado 13,4 millones de pesos por pasivo (en realidad mucho menos, porque liquidar los papeles todos juntos derrumbaría los precios) pero agotaría el dinero. En cambio, distribuir el incremento por encima de la inflación (para mantener el valor real del Fondo) hubiera implicado 633.750 pesos por beneficiario (claro que algunos años no habría qué distribuir). ¿Cuál alternativa sería mejor? La respuesta es política.
Sin embargo, no debe olvidarse que el FGS se constituyó esencialmente con los aportes de los afiliados al sistema de capitalización, algunos todavía activos, otros ya jubilados y también los hay fallecidos. Si hubiera que hacer con él algo diferente a lo actual lo justo sería devolverlo a los aportantes originales.










