La zafra 2026 y limitar el fuego

Las lluvias y la humedad ayudaron a mitigar la propagación de los incendios durante la campaña de este año. Sin embargo, el avance de la cosecha y la presencia de rastrojos mantienen el riesgo de focos en el territorio provincial.

La zafra 2026 y limitar el fuego

En lo que va de la zafra azucarera 2026, lo que más sobresale es que el clima con las lluvias que se dieron principalmente en julio y agosto hizo que, teniendo en cuenta los porcentajes de humedad en el aire y los contenidos de humedad en las hojas de los cañaverales, el fuego no haya sido hasta el momento tan extendido como en inviernos anteriores, cuando se dieron escenarios muy secos.

A esto se suma que las heladas no han sido tan fuertes como para que las hojas de los cañaverales estén también secas, lo que agravaría la situación.

Igualmente, las cosechadoras ingresan a los campos, sacan la caña de azúcar y queda en el suelo el rastrojo que en definitiva se reseca y es proclive al fuego.

Es por ello que el fuego que se puede generar en los cañaverales y en campos cosechados pueden seguir dándose. Por ello, se deben tomar todos los recaudos necesarios para evitar focos o minimizarlos.

En ese contexto, es importante continuar con el trabajo mancomunado entre el sector productivo y el estatal para generar conciencia sobre la situación y lograr que las quemazones en cañaverales y campos siga disminuyendo.

En Tucumán, la zafra está a “full” y, a pesar de la “humedad invernal”, hay lotes con follaje seco, y los sectores con rastrojos aumentan y por ende se corre el riesgo de las quemas en diferentes zonas. En el caso del monte natural y pastizales de altura, también están presentes los mismos riesgos, por lo que se debe seguir trabajando para lograr que estos hechos que tanto afectan a la comunidad disminuyan.

La quema de cañaverales en la provincia de Tucumán, como en todas las regiones del mundo, fue una práctica utilizada durante mucho tiempo como método de limpieza de los cañaverales para evitar la tarea de pelar la caña de forma manual. Esta tarea, que resultaba una parte del esquema productivo de la caña de azúcar, con la llegada de las nuevas máquinas cosechadoras integrales, empezó a perder importancia. Estas nuevas máquinas podían hacer todo el trabajo sin necesidad de la quema.

Las quemas con esto disminuyeron, pero no de la manera que uno esperaba: tienen sus variaciones de acuerdo con cómo se presentan los inviernos y las primaveras para que haya más o menores incendios.

Actualmente, aumentó mucho la conciencia ambiental de la sociedad sobre la importancia del medio ambiente. En este sentido, lo que antes era visto como una práctica tradicional, fue convirtiéndose en una acción que había que erradicar y que no se la podía tolerar más, indican diversas publicaciones realizadas por los técnicos de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) y del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), instituciones que también integran la Mesa de Gestión Ambiental (MGA).

Se suma una importante concientización del sector productivo, que mediante estudios científicos generados en Tucumán por estas instituciones de investigación indican sobre los enormes beneficios de no quemar la caña en pie ni los rastrojos de la misma una vez cosechada en verde. Entre esos beneficios importantes se encuentran la economía del agua, la protección del suelo y el reciclado de nutrientes que ocurren cuando se deja la cobertura de rastrojos.

La ley sancionada por la Legislatura provincial en 2004 prohibió la quema de caña de azúcar o cualquier tipo de vegetación en la provincia. A esta norma, pionera entre los países productores de azúcar, se le sumaron posteriormente otras leyes provinciales y nacionales que iban en el mismo sentido, desalentando y multando fuertemente a productores e ingenios por la quema de caña de azúcar.

En este nuevo esquema de producción de caña, donde se presta más atención a los recursos naturales, a la conservación del suelo y el cuidado del medio ambiente, la quema resulta muy perjudicial, tanto desde el punto de vista productivo como ambiental y por supuesto, ante la mirada de una sociedad mucho más preocupada por la calidad del medio ambiente.

La sección de Sensores Remotos y SIG de la Eeaoc, muestran una tendencia clara de que la quema viene disminuyendo cada año. Esta tendencia, si bien es clara, se encuentra muy influenciada por las condiciones climáticas de 2026. En años con otoños secos y ocurrencia de heladas severas, la quema puede aumentar considerablemente. Sabemos que con heladas fuertes e intensas las quemas aumentan demasiado y es algo a tenerlo en cuenta.

Se encuentra totalmente demostrado que la quema es muy perjudicial para la actividad y la producción de caña de azúcar, tal es así que los productores certifican sus campos con protocolos de prevención de quema denominado “localg.a.p. Caña de azúcar sin uso del fuego”.

Para lograr esta certificación, los interesados deben cumplir una serie de requisitos que apuntan a prevenir el inicio y la propagación de incendios en los campos de caña.

Esta certificación es voluntaria, no se paga un diferencial a los campos certificados ni es una exigencia.

En Tucumán, la caña de azúcar es el cultivo con mayor superficie certificada en Buenas Prácticas Agrícolas. De todos modos, todavía los focos de incendios siguen apareciendo y el trabajo por lograr disminuirla no debe ceder.

Sin duda, el trabajo de todos debe afianzarse y lograr que el fuego o genere dolores de cabeza a toda la población.

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