Cuando la IA se convierte en confidente

Por Redacción LA GACETA 30 Agosto 2026

El miércoles de la semana pasada, LA GACETA publicó una nota titulada “ChatGPT no es tu psicólogo: cinco riesgos de contarle tus problemas personales a la inteligencia artificial”. A partir de esa publicación, cientos de lectores comenzaron a contar en las redes sociales para qué usan estas herramientas y, en particular, por qué algunos recurren a ellas para hablar de cuestiones personales.

En Instagram, la publicación tuvo casi 680.000 visualizaciones, alcanzó a unas 359.000 cuentas y generó 13.200 interacciones. En Facebook recibió 1.100 reacciones, fue compartida 730 veces y acumuló 1.300 comentarios. Buena parte de la conversación giró alrededor de experiencias personales con la inteligencia artificial y con la atención psicológica.

“Me ayuda muchísimo cuando estoy sobrepensando, tengo un bajón o un bloqueo, sin molestar a nadie. Si siento que caigo más y estoy peor obvio que iré a la psico”, escribió @barrduran. @tibisay.p.d86 contó: “Yo ya le conté todo, hablamos y me gustó. Y de verdad me sentí mejor que si fuera un ser humano. Me gusta más la IA”. @bau.medinaa apuntó al costo de la atención: “Bueno, bajen los precios de las sesiones y dejo el ChatGPT”. Y @marisa_noelia1984 escribió: “Por lo menos me contesta... no está estático ahí solo haciendo caras y esperando a reloj que terminen los 45 minutos. Para darme otro turno. Pago obviamente”.

Los motivos que aparecen en esos comentarios son diversos. Una inteligencia artificial está disponible a cualquier hora, responde en segundos y puede utilizarse desde un teléfono. También aparece la sensación de poder contar algo sin ser juzgado y, en otros casos, una cuestión que excede a la tecnología: el costo y el acceso a la atención psicológica.

Las organizaciones profesionales vienen siguiendo el fenómeno. La American Psychological Association sostiene que los chatbots de uso general no deben sustituir la atención de profesionales y advierte sobre respuestas incorrectas, problemas de privacidad, dependencia y dificultades para reconocer situaciones de riesgo. En la Argentina, el Colegio de Psicólogas y Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires señaló que la escucha, la evaluación del contexto y la contención emocional que forman parte de una intervención clínica no pueden ser reemplazadas por mecanismos automatizados.

Decir que una inteligencia artificial no reemplaza a un psicólogo resuelve solo una parte del asunto. Los comentarios de los lectores ponen sobre la mesa otras cuestiones: el precio de una sesión, la posibilidad de obtener una respuesta en cualquier momento y el hecho de que algunas personas dicen sentirse más cómodas contando determinados problemas a una máquina que a otro ser humano.

La expansión de estas herramientas obliga a discutir sus límites y los recaudos necesarios para utilizarlas, pero también a mirar lo que sucede fuera de la pantalla. Si cada vez más personas recurren a una inteligencia artificial para hablar de aquello que les preocupa, vale preguntarse por qué algunas conversaciones personales están trasladándose a estos sistemas y qué encuentran allí quienes deciden mantenerlas con una máquina en lugar de hacerlo con otra persona.

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