Un grupo de suscriptores visitó la planta impresora de LA GACETA

Ojos y oídos bien abiertos para no perder detalles.

CHARLA. La comitiva escucha atentamente la explicación de Claudio Neumann de cómo funciona la máquina.
CHARLA. La comitiva escucha atentamente la explicación de Claudio Neumann de cómo funciona la máquina.

Muy en especial, la curiosidad y la nostalgia predominaron entre los sentimientos que se despertaron en los suscriptores de LA GACETA durante la recorrida que realizaron anoche por la planta impresora. Y no resulta extraño que así sea: en sus 114 años de vida, el diario lleva acumulado un sinnúmero de lectores que, en su enorme mayoría, desconoce el proceso mediante el cual llega a sus manos la edición de papel.

Es el caso de Ana María González (69 años), para quien esa visita le sirvió para resolver una duda de toda la vida: cómo el diario logra transformar la información en un producto tangible. “Siempre me intrigó cómo LA GACETA podía llegar cada día a hacer un producto de gran calidad, todo compaginado. Me parece una labor extraordinaria”, dijo. Y a modo de anécdota recordó que de chica su papá le hacía leer el diario, para seguir los avances de su aprendizaje de Lengua en la escuela.

Ese vínculo entre el diario y la familia se repitió, con matices, en cada uno de los lectores que esta semana recorrieron la planta impresora como parte de las celebraciones de la empresa por el 114° aniversario de LA GACETA.

Ayer, Jorge Sebastián Brú (48 años) esperaba conscientemente el momento de la emoción. Regresaba a ese edificio después de casi cuatro décadas. Su papá había trabajado allí durante una veintena de años, entre 1970 y 1990. Fue acompañado por sus hijos, Julio Sebastián (12) y Jorge Benjamín (7), para que ellos vieran dónde había trabajado su abuelo, a quien no llegaron a conocer, porque falleció hace tres lustros: “Esto tiene un valor sentimental muy grande para mí. Mi infancia es esto, yo venía, y corría por aquí. Entrar aquí me trae su recuerdo. Ya ni bien entré, y vi esa escalera, donde los camiones cargaban los fardos de diarios”.

REGRESO. Jorge Bru volvió con sus hijos al lugar donde trabajó su papá. la gaceta / fotos de diego aráoz REGRESO. Jorge Bru volvió con sus hijos al lugar donde trabajó su papá. la gaceta / fotos de diego aráoz

María Laura Ferracedo (57 años) se declaró fanática de aquellas páginas de humor de LA GACETA, donde leía las tiras de “Lorenzo y Pepita” y “Quintín García”, entre otros. “Tengo un recuerdo muy lejano de cuando publicaron ‘El Eternauta’ por entregas. Y mi mamá conservaba las ediciones históricas del diario, por ejemplo de cuando el hombre llegó a la Luna”, dijo. Y destacó también los suplementos: “Tengo una vida atravesada por las lecturas de LA GACETA. Soy profesora en Letras, así que también soy una gran fanática de la Literaria. Estar aquí me parece súper interesante para mi identidad, para la identidad de los tucumanos”.

Dieron la bienvenida a la comitiva la gerenta de Marketing de LA GACETA, Alejandra Barros, y el gerente de la planta, Héctor Quinteros. Este contó que LA GACETA fue el primer diario en la Argentina en utilizar el sistema offset. “Los talleres de LA GACETA, como los están viendo acá, comenzaron a funcionar a principios de los 70. Ese año empezó el proyecto, y las máquinas ya estuvieron rodando a fines de 1971 o a principios de 1972. Y desde entonces no dejamos de imprimir un solo día”, contó.

PRODUCTO FINAL. La gente se llevó los primeros diarios impresos ayer. PRODUCTO FINAL. La gente se llevó los primeros diarios impresos ayer.

Durante el recorrido, tanto él como personal de cada área fueron explicando qué se hace en cada etapa del proceso. Básicamente, se parte de cuatro colores básicos -cian, magenta, amarillo y negro-, y a partir de la combinación de estas tintas se reproducen imágenes, ilustraciones y demás elementos gráficos. Cada color cuenta con su propia plancha metálica. La tinta pasa de la plancha a un cilindro de caucho y, desde allí, al papel. Además, se utilizan grandes rollos de papel, que avanzan de manera continua mientras los cilindros giran a gran velocidad.

Sobre el cierre del recorrido, González rescató el histórico eslogan del diario como refugio de seguridad informativa en tiempos de redes sociales saturadas de fake news: “Sí, es verdad. Lo dice LA GACETA”.

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