Milei, Macri, el PJ y las brujas de la política en medio de casualidades que nunca son inocentes

Por Hugo E. Grimaldi - Para LA GACETA.

Milei, Macri, el PJ y las brujas de la política en medio de casualidades que nunca son inocentes
Hace 2 Hs

Dicen que “las brujas no existen, pero que las hay, las hay”. Algo parecido ocurre con las casualidades políticas: nadie cree demasiado en ellas, pero aparecen igual. Que el mismo miércoles hayan hablado por teléfono Mauricio Macri con Karina Milei y, en paralelo, el peronismo de todos los pelajes se haya reunido para tantear el terreno electoral, difícilmente sea inocente. Más bien habla de información compartida, de señales que cada vereda percibe y que los empujan a moverse al mismo tiempo. ¿Coincidencia? Mejor llamarlo eco.

Del lado del oficialismo, que busca ampliar su cobertura electoral con socios afines, lo sucedido no fue un gesto de cortesía: fue cálculo. La foto del acercamiento recién llegó el jueves, después de una charla telefónica cargada de reproches de Mauricio Macri a Karina Milei, para que los reproches llegaran a su hermano. El resultado práctico fue que, al día siguiente, en una reunión en la Casa Rosada comandada por Diego Santilli –pieza de confianza de ambas partes- se habilitó una Mesa Política Conjunta entre el PRO y La Libertad Avanza.

Juan Perón decía que “un camello es un caballo diseñado por una Comisión” y ese gesto no apunta (por ahora) tanto a lo electoral como a blindar la agenda legislativa y mostrar coordinación, aunque por detrás de la cordialidad persiste la desconfianza. El PRO reclama reconocimiento por haber facilitado la llegada de Javier Milei a la Presidencia y por acompañar leyes clave, mientras cuida su propio territorio. Los libertarios, en cambio, exigen respaldo pleno antes de hablar de pactos electorales. Más que un acuerdo, fue un tanteo con reservas: nadie firma nada, todos sospechan de todos.

Del otro lado, la cumbre peronista fue una foto conjunta que intentó transmitir orden, pero que dejó más desconfianza aún porque las heridas de la interna siguen abiertas. Gobernadores, Sergio Massa, Axel Kicillof y Máximo Kirchner, todos juntos y todos recelosos a la vez. Se habló como factor común de coincidencia de la defensa irrestricta de las PASO, ya que todos saben que puede ser la llave para dirimir una interna que se dará a sangre y fuego.

La desconfianza flotó en el ambiente: nadie se fía y todos se miran de reojo. La tan mentada y casi imposible unidad que se declama, no se practica. Otra frase de Perón viene a la memoria para caracterizar el momento: “el que gana conduce y el que pierde acompaña”. Por ahora, se está muy lejos de esa instancia y al día de hoy, algunas de las partes ya evalúan unirse a otros peronistas descontentos con la elite que llevó al viejo PJ a esta instancia de licuación, para intentar encauzar la “ancha avenida del medio”. Esa consigna, que Massa usó hace una década, hoy podría servirle a algún outsider (Jorge Brito, Daniel Hadad u otro) que repita el fenómeno de irrupción política de Milei.

Ese miércoles, los dos polos mayores se movieron al mismo tiempo, cada uno con sus propios recelos y cuentas pendientes. Fueron apenas dos jugadas en un tablero que no se detiene. Lo ocurrido no puede leerse como algo aislado, sino que es parte de un tablero mucho más amplio, donde las reuniones políticas y las movidas financieras se retroalimentan y marcan el pulso.

En la Argentina, la sincronía política se enlaza naturalmente con otra dimensión del poder: la economía. Allí, Milei juega en su terreno como teórico y arquitecto del sustento fiscal y monetario del Programa, mientras que Luis Caputo aparece como el gran operador, midiendo cada paso entre Washington y Buenos Aires, entre la deuda y el ajuste, entre la confianza que busca sembrar afuera y los resquemores que cosecha adentro. Más que en un teléfono o en una cumbre partidaria, la estrategia del ala económica se define en los números que sostienen —o pueden desmoronar— la gobernabilidad.

El ministro busca sostener la confianza externa con señales hacia el FMI y los acreedores, mientras administra un ajuste interno que erosiona apoyos y genera tensiones con gobernadores y aliados. Cada reunión política se lee también en clave financiera: blindar la agenda legislativa es blindar el programa económico y la foto de unidad peronista se interpreta también como una presión sobre el oficialismo para negociar recursos.

Durante la semana, Caputo multiplicó su presencia en distintos escenarios: prometió inversiones millonarias en Córdoba bajo el RIGI, dio entrevistas mediáticas para sostener la confianza y habló en el BCRA sobre créditos en dólares, un tema que remite a la “pesificación asimétrica” de 2002. Dos exfuncionarios del PRO, Hernán Lacunza y Guido Sandleris, le advirtieron sobre el riesgo de un nuevo descalce de monedas —deudas en dólares contra ingresos en pesos— que, ante una eventual devaluación, podría derivar en una ola de deudores incapaces de pagar y obligar al Estado a intervenir otra vez para evitar que un problema empresario se transforme en bancario.

Más allá de este punto que incomoda al mercado, se registran señales objetivas de tensión que afectan al ministro: contradicciones sobre el cepo cambiario —que se mantiene “por precaución” pese a que asegura que “lo más difícil ya se hizo”—, exabruptos verbales como el episodio de los “tarados” que luego debió aclarar y una estrategia fiscal sostenida más por partidas específicas no ejecutadas, pagos demorados y fondos reasignados que por un superávit genuino. Ese mecanismo, conocido por gobernadores y operadores financieros, alimenta la percepción de fragilidad y empuja tanto al dólar como al riesgo-país.

El tablero no se limita a Milei, Macri, Kicillof, Caputo o los gobernadores, también la semana fue áspera para otros dos ministros, el de Desregulación, Federico Sturzenegger y el de Justicia, Carlos Mahiques. El primero parecía destinado a ser triturado por las leyes inoportunas que envía al Congreso, pero en la Mesa Política –quizás por intervención del Presidente- no recibió el golpe esperado. Karina Milei y Santilli lo conformaron con el tratamiento de algunos proyectos de su autoría y lo dejaron seguir. Un simple “chas-chas”, pero sin sanción definitiva. Desde ahora, se verá si el Congreso —ese terreno donde las convicciones técnicas chocan con la praxis política— accede a avanzar con alguna de sus iniciativas, al evaluar entre lo ideal y lo posible y si queda espacio real para otros proyectos de su autoría.

El otro ministro carga con el sayo de sus viejas relaciones con la AFA, ahora sumadas al poder que ejerce sobre el Poder Judicial, que maneja con la vara de premios y castigos, nombramientos, traslados y manipulaciones. Desde que llegó al ministerio, su accionar le cambió la vida a “Chiqui” Tapia y al tesorero Toviggino, tras la resistencia furiosa que ambos opusieron a Milei cuando habló de las SAD. Ni ellos, ni los dirigentes, ni Gianni Infantino —hoy en desgracia— podían permitir que otro se llevara el negocio y Mahiques se ocupó de ayudar y, probablemente, de convencer al Presidente.

Ayer, tras el paso de 14 jueces por la causa de la mansión de Villa Rosa —con caballerizas, galpones para autos de colección y helipuerto— adquirida por un monotributista y su madre jubilada que administran una empresa sospechada de ser fachada de lavado para la AFA, el expediente terminó en manos de un juez “amigo” radicado en Campana, por orden de dos magistrados que buscan ascender. Misterios de la larga mano de la Justicia que desacreditan al Gobierno todo, porque muchos suponen que se trata de una defección del propio Presidente.

Dicen que las casualidades tampoco existen, pero en política siempre aparecen disfrazadas de coincidencias. Lo que parece azar es, en realidad, cálculo: señales que se cruzan, intereses que se miden y desconfianzas que se acumulan. En general, la política no se explica ni por brujas ni por milagros, sino por la lógica implacable del poder, ya que quien no puede ver a tiempo las coincidencias termina siendo arrastrado por ellas.

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