Entre acuerdos, recelos y candidaturas

Entre acuerdos, recelos y candidaturas

La mesa chica del poder oficialista busca contener diferencias internas.

Gabriela Baigorri
Por Gabriela Baigorri 03 Octubre 2026

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Conversaciones, estrategias, inquietudes y algunos reproches. En la reunión se abordaron las tensiones que atraviesan al oficialismo mientras avanza el armado para 2027. La mesa chica del poder oficialista busca contener diferencias internas en una campaña sobre la que también sobrevuelan figuras disidentes y eso quedó retratado en algunas fotos esta semana. En la Casa de Gobierno, Osvaldo Jaldo, Miguel Acevedo y Sergio Mansilla pusieron sobre la mesa varios asuntos que atraviesan al justicialismo en esta etapa de montaje electoral.

Una de las inquietudes que llegó hasta esa conversación tiene que ver con el financiamiento de la campaña, un asunto que preocupa a buena parte de la dirigencia. En los pasillos del poder evalúan que la campaña será larga porque comenzó muy temprano y que eso encarece todo el proceso. Encarar el proselitismo y poner a los referentes en la calle casi siete meses antes del día de la elección es un desafío.

El gobernador Jaldo viene siendo bastante claro al respecto. Baja el mensaje de que la campaña será austera y que la política debe comprender esa situación.

Además de todas las responsabilidades de la gestión, los tres protagonistas de este encuentro -sobre todo Jaldo, como conductor- tienen la tarea de administrar los socios, los territorios y las expectativas individuales. Y todos son asuntos complejos.

Precisamente, otro de los ítems de la cita fueron las peripecias en el ensamble de los acoples: están los que ya comenzaron a organizarse, pero también aquellos representantes que todavía buscan con quién asociarse para encontrar un lugar dentro del esquema. Cada foto de cualquiera de las figuras con algún representante o varios, incluida la intendenta Rossana Chahla, genera ruido y recelos internos.

Las fotos del senador Juan Manzur con Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa tuvieron su momento en el despacho. La imagen del candidato a gobernador con dos de las tres cabezas del peronismo nacional generó ruido (la tercera es Axel Kicillof). Reconocen los contactos políticos y empresariales del ex mandatario, pero consideran que fue a buscar en Buenos Aires lo que, dicen, no consigue en Tucumán: apoyo dirigencial. Los tres analizaron números de encuestas y, de acuerdo con lo que trascendió, estarían tranquilos porque la intención de voto de Manzur que tienen registrada no superaría el 4%. Además, el perfil de sus posibles votantes, según esos estudios de opinión, de todas maneras no se inclinaría por Jaldo.

La imagen de la jefa de la Ciudad con el diputado Carlos Cisneros también generó repercusiones en la mesa. Pero más que la foto, que ya estaba charlada, provocó molestia la declaración respecto de que el sindicalista apoyará electoralmente sólo a ella. Es decir, no trabajará por la fórmula.

A este enojo se sumó que el único voto en contra del Régimen Especializado de Ejecución Penal Juvenil fue el del cisnerista Hugo Ledesma. Tucumán fue la primera provincia en adecuarse a la norma nacional y el sabor amargo para el gobernador fue que la aprobación no resultó unánime. La votación tenía especial relevancia para el mandatario, que viene mostrando un marcado interés por las políticas de seguridad y que, de hecho, habilitó el Instituto Brochero para menores en instalaciones del penal de Benjamín Paz.

Por otro lado, el gobernador pidió a sus compañeros mayor reacción ante las críticas y los hechos que involucren al oficialismo. También frente a algunas acciones de la oposición, más precisamente de La Libertad Avanza (LLA), como la destrucción de una piñata con forma de Legislatura que jóvenes libertarios llevaron adelante durante el último congreso de la juventud.

Algunos referentes consideran que contestar cada situación es levantar o iluminar a los contendientes. Pero esto también deriva en que el mandatario, que tiene alta exposición, sea quien termina saliendo al cruce de todo. Y eso implica un desgaste extra.

La paradoja es que buena parte de estas discusiones ocurre cuando el oficialismo todavía tiene por delante un largo tiempo hasta las urnas. El calendario juega a favor de quienes necesitan tiempo para edificar, pero también puede convertirse en un problema para quien debe sostener durante todo ese período un esquema político amplio, con intereses diversos y dirigentes que ya empezaron a hacer sus propios cálculos.

Jaldo y Acevedo necesitan que el peronismo llegue ordenado al 9 de mayo, pero ese orden no depende únicamente de contener a quienes están adentro. También exige seguir de cerca los movimientos de quienes decidieron jugar por afuera y, sobre todo, evitar que las diferencias internas terminen alimentando esas alternativas.

La meta para la mesa chica será administrar esa ansiedad sin permitir que se convierta en dispersión. Hay recursos que cuidar, acoples que ordenar, dirigentes que contener y gestiones que sostener.

Mientras el oficialismo intenta reordenar su propia casa, del otro lado también comenzaron a moverse algunas piezas en las construcciones que lograron buenas posiciones en las últimas elecciones.

LLA, con el liderazgo del candidato a la gobernación Lisandro Catalán, sigue su camino, anunciando candidatos municipales y ocupando buena parte de la agenda de la discusión política. El resto de la oposición sigue de cerca esos movimientos, con la expectativa puesta en el eventual armado de un frente.

Las vertientes del PRO y del radicalismo que todavía no encontraron lugar dentro de un espacio más amplio empezaron a ordenar sus estructuras y a explorar alternativas de cara a 2027. Benjamín Terraf y José Argañaraz quedaron en estos días a la cabeza de estos partidos, ya normalizados y con ganas de jugar.

El sector del PRO referenciado con Mauricio Macri  empezó a mostrar sus cartas y presentó a Alberto Colombres Garmendia como candidato. El movimiento suma otro nombre propio a una oposición en la que las conversaciones sobre posibles acuerdos conviven con espacios que, al mismo tiempo, buscan instalar sus propias figuras.

Son sectores que compartieron Juntos por el Cambio, que después transitaron caminos diferentes y que ahora vuelven a conversar entre sí y con otras líneas opositoras. Por ahora, todas las charlas son preliminares y mezclan casi todos los colores políticos.

El punto de partida es similar: ninguno quiere quedar relegado mientras hay otros sectores que ya comienzan a ocupar el tablero electoral.

El radicalismo tiene nombres importantes y analiza posibilidades. Trascendió que podría reagruparse bajo el paraguas de Cambia Tucumán, que lleva adelante Mariano Campero. Pero nada está cerrado ni tan encaminado.

El camperismo es clave en esta partida. Está en los intercambios porque cuenta con un candidato a la Casa de Gobierno y con aspirantes a municipios y comunas. Vienen recorriendo la provincia y proponiendo alternativas. Esos lanzamientos son, a la vez, limitantes, porque quienes se sientan a analizar posibles alianzas también tienen pretensiones y necesitan saber con qué eventuales candidaturas podrían integrarse.

La posición de Campero tiene, además, una particularidad. En la Cámara de Diputados integra el bloque de La Libertad Avanza, pero en Tucumán mantiene una mala relación con los referentes libertarios y construye por un carril diferente. Su pertenencia dentro del esquema nacional está vinculada a la línea de Patricia Bullrich, mientras que en la provincia sostiene su propio espacio.

Una posible alianza entre el camperismo y la LLA tucumana está descartada de plano de ambos lados. No hay vuelta atrás en el vínculo. Es de esperar, entonces, que donde esté uno no estará el otro.

Mientras tanto, hay protagonistas de esta escena que vadean entre uno y otro.

¿Y Roberto Sánchez? El ex candidato a gobernador conserva buena imagen y aparece bien posicionado en la mayoría de las encuestas. Está convencido de que competirá por la intendencia de Concepción. Ahí hay un punto de disputa con LLA, que tiene entre sus figuras al actual intendente, Alejandro Molinuevo, que aspira a continuar.

Fuentes cercanas al ex diputado dan cuenta de que no estaría dispuesto a integrarse a LLA si no es en un frente amplio, pese a las diferencias ideológicas. Además, conserva una amistad con Campero y ambos se reunieron en varias oportunidades. De todas maneras, las líneas y las posibilidades siguen abiertas.

Todavía falta  para el 9 de mayo. La campaña empezó mucho antes de lo previsto y obliga a todos a mostrar algunas cartas cuando todavía preferirían conservarlas. Todos hablan de acuerdos, pero también cuidan sus lugares. Todos necesitan sumar, pero nadie quiere ceder demasiado. Y mientras las conversaciones se multiplican, las fotos generan sospechas y los nombres empiezan a ocupar casilleros, queda la certeza de que siete meses pueden ser una eternidad cuando la política ya empezó a comportarse como si la elección fuera mañana.

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