Hay familias atravesadas por la música. Gustavo Pláate vivió la pasión por el arte en su casa, heredada de su padre Alfredo, y la transfirió a sus hijas Lissel, Ruth y Camila, quienes ahora toman el testigo.
Gustavo Pláate falleció el viernes a los 61 años, tras una larga enfermedad que minó su cuerpo. Comenzó en los escenarios cuando tenía apenas 10 años y nunca más se bajó de ellos. En las cinco décadas dedicadas a los sonidos, fue un destacado y reconocido violonchelista, pianista, docente, compositor, arreglador y director, y uno de los pioneros en aplicar la tecnología y la computación en sus creaciones.
Se formó en el Conservatorio Provincial de Música de Tucumán (ingresó en 1975) con Enrico Grazzioli y se especializó en Portugal con Márcio Carneiro a comienzos de los 90. Lo académico (fue parte de Pianistas del Tucumán y del Grupo de Cámara del Tucumán), el jazz, el tango, el rock (integró el grupo El Arca en los 80) y la experimentación electrónica convivían en sus obras y presentaciones. Estuvo en las Orquestas Juvenil y Sinfónica de la UNT y de la Estable y la Banda Sinfónica de la Provincia, y fue premiado como chelista en Mar del Plata, Barcelona, Viña del Mar y Costa do Estoril; y enseñó en el Instituto Superior de Música de la UNT y en forma privada.
Su partida física deja un espacio imposible de cubrir y sumió en el dolor a la comunidad artística provincial y regional.











